miércoles, 30 de julio de 2014

El futuro no se come


Para Octavio, oriundo de Santiago de Cuba, a 900 kilómetros al este de La Habana, desde hace seis años residiendo ilegalmente en La Habana, su misión principal es darle de comer a la familia. Después, lo demás.

“Mi hijo mayor y yo hacemos de todo. Lo mismo pedaleamos 12 horas un bicitaxi, vendemos viandas, recolectamos latas vacías, chapeamos patios que recogemos dinero para un banco de ‘bolita’ (lotería clandestina)", cuenta.

Pero ni así Octavio puede garantizar dos comidas diarias. "La segura es una por la noche. Dos semanas al mes podemos cenar cuatro platos: arroz blanco, frijoles negros, carne de puerco o pollo, aguacate o ensalada de tomate, col y pepino. El resto del mes, congrí, huevo frito o tortilla y yuca o boniato hervido. El almuerzo suele ser un pan con croqueta y, a veces, una pizza. Si alguien se enferma, se le prepara sopa o caldosa. El desayuno para todos es café, a capella”, confiesa.

Octavio, su mujer y sus tres hijos, en dos días levantaron una chabola con paredes de tablas y techo de aluminio, en uno de los más de 40 barrios-miseria que rodean la capital.

En las 'favelas' se vive como animales. La gente defeca en la vegetación y las chozas no tienen agua potable. De manera ilegal, las familias se conectan a redes eléctricas aledañas. Además del insoportable hedor por un basural cercano y de inmensas ratas, el sitio es una bomba de relojería: en cualquier momento estallan enfermedades contagiosas y mortales como el cólera.

Casi todos los habitantes quemaron sus naves. Vendieron lo poco que tenían para invertir su futuro en La Habana. “La mayoría ya no tenemos casas en nuestras provincias de origen. Al estar por la izquierda, no tenemos libreta (cartilla de racionamiento), por lo que debemos forrajear la comida”, dice Silvio, quien hace un par de años vive en el insalubre lugar.

Los vecinos de estos arrabales siempre tienen hambre. Hablar de comida es un hobby. Se come tan poco y tan mal y se bebe tanto ron infame, que si llegas a los 65 años eres un afortunado.

En los barrios-miseria las notas lúgubres forman parte de la cotidianeidad. El suicidio es una buena manera de escapar. La solución cuando todos los caminos se te cierran.

Octavio recuerda que un paisano suyo se ahorcó el año pasado. "A otro se lo llevó el cólera, aunque en el acta de defunción dijeron que murió por insuficiencia respiratoria. Había un muchacho serio, poco hablador, que pensó que triunfar en La Habana era cosa de coser y cantar. Una noche se quitó la vida acostándose en la vía del tren. Es duro vivir como gitanos y no todos lo soportan".

Cuando consiguen un poco dinero, primero garantizan la 'jama' y el resto se evapora en botellas de ron de cuarta categoría y fiestas que duran hasta que se acabe la plata. “No hay más ná. Esto (el país) no lo arregla ni el médico chino. Aquí debemos vivir el día a día”, subraya Silvio.

Por estos lares apenas se habla de política. Y cuando lo hacen, no se ponen de acuerdo si su mala suerte es culpa de su incapacidad para afrontar la vida o la ineficiencia del gobierno. La Habana con luces, paladares de lujo, precios alucinantes en la venta de autos o comercialización de internet, no es algo que les interese.

Para ellos, un tipo de éxito es el que garantiza comida caliente para su familia una vez al día. O los fines de semana compra una botella de ron y la comparte con los vecinos. “Y sobre todo, ser buen socio. En estos barrios somos solidarios. Tenemos tan poco que no nos importa amanecer sin un centavo al día siguiente”, dice Octavio.

¿Y el futuro?, les pregunto. Octavio mira a Silvio como buscando apoyo. “Nagüe, eso es cosa de gente que tiene casa, trabajo fijo o una cuenta en el banco. El futuro no se come”.

Iván García

Foto: Tomada de Ilegales en La Habana.
Leer también: Mujeres en traje de batalla.

lunes, 28 de julio de 2014

Ecología no rima con socialismo



Hace unos meses, en Caracas, en medio de una pachanga chavista, donde los panas de las camisas rojas posaron de verdes ambientalistas para repudiar la tala de árboles para las guarimbas, el presidente Nicolás Maduro anunció la realización de un próximo congreso constituyente ecologista.

¿Qué saldría de ese congreso? ¿Una enmienda a la constitución bolivariana que consagre el respeto a la Madre Natura, o la Pachamama, si prefieren, para que suene más folklórico y adecuado al socialismo del siglo XXI?

No estaría mal la iniciativa, pero, ¿en estos momentos, con tantos y tan graves problemas como hay en Venezuela? ¿Se respetarían realmente los derechos de la Pachamama en Venezuela?

A juzgar por lo visto en Ecuador, donde estos derechos están reflejados en la Constitución, parece que no. Cuando del petróleo amazónico se trata, el demagogo de Rafael Correa está tan dispuesto a embarrarse la mano como los rapaces inescrupulosos de la Chevron.

En la pachanga ecológica chavista lo menos importante es la ecología. Lo suyo es otro tipo de “ambiente”. Uno que tiene que ver más con los matones en motos de los colectivos que con la Pachamama.

El socialismo del siglo XXI per se no garantiza la protección del medio ambiente. No hay por qué hacerse ilusiones, solo porque Evo Morales haga ofrendas –cuando se acuerda, le conviene y le da por eso- en el Tihuanaco o el lago Titicaca.

Ecología no rima con ninguno de los ismos. Todos sabemos las graves consecuencias que ha tenido para la salud del planeta la voracidad de las corporaciones multinacionales capitalistas. Pero el socialismo real -el único que ha existido y que si ya no existe como tal es porque es absolutamente incompatible con la naturaleza humana- con sus empresas faraónicas de planificación centralizada, a las que no había quién les reclamara por los desastres -como el de Chernóbil-, parece haberlo aventajado en cuanto a contaminación, desertificación y otros daños ambientales en Europa Oriental y las repúblicas ex soviéticas del Asia Central.

La Cuba del socialismo castrista, “el mar de felicidad” que decía Hugo Chávez, no es una excepción.

Los chavistas, que muestran esa loable preocupación por los árboles, debían saber que, en Cuba, la deforestación producida por la tala indiscriminada ha provocado la erosión y salinización de los suelos, además de incontables daños a los ecosistemas.

Entre 1968 y 1969, la Brigada Che Guevara, por iniciativa del Máximo Líder, con buldóceres y dinamita, destruyó millares de hectáreas de bosques en todo el país. El objetivo de aquel crimen de lesa ecología era dedicar esas tierras al cultivo de la caña que garantizaría la producción de 10 millones de toneladas de azúcar en la zafra de 1970, que finalmente no fueron, a pesar de que el Comandante todo lo puso en función de ella, e hizo que el año durara más de doce meses y la semana -¡ay, Manzanero!- más de siete días… de trabajo forzado en los cañaverales.

Para sembrar café caturra en el llamado Cordón de La Habana, otra brillante idea del Comandante, la susodicha brigada arrasó las arboledas que rodeaban la capital, para dejarnos sin frutas, sin sombra, tan achicharrados por el sol como las posturas de cafetos que no prosperaron, y con bandadas de pájaros que huían buscando donde anidar y que se arremolinaban en el cielo, como los de aquella película de Hitchcock, solo que en lugar de atacar, se cagaban en las cabezas de los habaneros.

Los desastres ecológicos alcanzarían su clímax durante el Periodo Especial, cuando los árboles y los bancos de los parques fueron convertidos en leña para cocinar, se llevaron la arena de las playas para reparar las casas que se venían abajo, y las clarias que algunos aprendices de mago (biólogos) introdujeron en Cuba para garantizar que pudiéramos comer pescado, acabaron con casi todas las especies de la fauna fluvial.

Todas estas barbaridades deberían ser tomadas en cuenta por esos atorrantes y oligofrénicos, que ahora quieren hacer que rime -a la cañona- la ecología con el socialismo.

Luis Cino
Cubanet, 18 de abril de 2014.
Foto: Pedraplén de Caibarién a Cayo Santa María, al norte de Cuba, 48 kilómetros de carretera construidos sobre el mar. Uno de los impactos más fuertes al ecosistema marino. Tomada de Cubanet.

viernes, 25 de julio de 2014

La conquista silenciosa de Venezuela



Probablemente Fidel Castro, ni en sus mayores delirios, pensó tener el control político y alcanzar beneficio económico de una nación nueve veces mayor que Cuba, dos veces y media más poblada y con la reserva de petróleo más grande del planeta.

La colonización ideológica cubana sobre Venezuela podría entrar en la historia como una obra de arte en materia de dominación política. El otrora barbudo nunca deja de sorprendernos.

No ha sido un autócrata menor. Para bien o para mal, siempre fue un animal político. Charlatán, pandillero estudiantil y manipulador, pero siempre osado.

Demostró su probada incapacidad para crear riquezas y fundar una economía sólida y coherente. Antes de llegar al poder a punta de carabina en enero de 1959, Cuba era la segunda economía en América Latina.

Cincuenta y cinco años después, con unas finanzas en números rojos, PIB raquítico y escasa productividad, la isla ahora discute el sótano continental junto a Haití.

En asuntos de estrategias políticas, Castro es un viejo zorro. Siempre le gustó planificar subversiones y guerras. En los años 80, desde una casona del reparto habanero Nuevo Vedado, dirigió a distancia la guerra civil en Angola.

Es un maniático incorregible. Le place estar al tanto de todo. Desde el rancho de las tropas, el cruce de ganado vacuno hasta pronosticar el rumbo de un huracán.

Castro era imprevisible. No fue un satélite cómodo del imperio soviético. Tramó conspiraciones, guerras de guerrillas y adoctrinó en Cuba a una pléyade de jóvenes latinoamericanos. Algunos hoy en el poder, constituyen un capital político formidable para el régimen.

Ojeador experto, cuando el 4 de febrero de 1992 el teniente coronel Hugo Chávez lideró una asonada golpista en Venezuela, antes que nadie, desde La Habana, Fidel Castro vio el potencial del paracaidista de Barinas.

Lo invitó a Cuba apenas puso un pie fuera de la cárcel. Fue su manager político a tiempo completo. Como en cualquier alianza o relación humana, una persona siempre intenta dominar a la otra.

Castro fue sutil. Por razones de salud ya estaba de vuelta. Su estrategia con Chávez fue de bajo perfil. No eclipsarlo. Todo lo contrario. El proyecto era crear un líder continental.

Chávez tenía carisma y Venezuela una renta petrolera interesante. Cuba vivía horas bajas tras la caída del Muro de Berlín, una crisis económica estacionaria y la desaparición de la URSS.

Las guerras de guerrillas en América ya no eran un recurso. La 'asquerosa democracia burguesa', tan criticada por el comandante, fue el camino para que grupos políticos afines al régimen cubano llegasen al poder.

Estos grupos entraron por la puerta de atrás en países rotos, donde la corrupción y el mal gobierno imperaban. La gran proeza de Fidel Castro ha sido colonizar a Venezuela sin disparar un tiro.

En los anales de la historia han existido diversas formas de dominación. No siempre los imperios fueron países vastos. Dinamarca, Bélgica y Holanda tuvieron posesiones en ultramar.

Pero detrás existía un potencial económico o una maquinaria militar temible. Gran Bretaña, en su etapa de oro, contaba con una impresionante fuerza naval.

En los tiempos que corren, Estados Unidos es dueño de un arsenal nuclear y una tecnología militar jamás vista. La Cuba de Castro es una economía camino al cuarto mundo.

Su potencial militar de antaño, que le permitió participar de manera simultánea en dos campañas bélicas en Etiopía y Angola, tras el desplome soviético, ha quedado reducido a un ejército equipado con armas obsoletas.

La lógica geopolítica enseñada en los colegios, según la cual los países económica y militarmente poderosos dominan a las naciones pobres y débiles, ha estallado por los aires en el caso de Cuba y Venezuela.

El truco de Castro para ocupar Venezuela ha sido la complicidad ideológica. Según la periodista venezolana Cristina Marcano -autora junto a Alberto Barreras de la biografía Hugo Chávez sin uniforme: una historia personal- todo empezó en 1997.

El general Antonio Rivero, quien trabajó como jefe de telecomunicaciones de la presidencia y fue director nacional de Protección Civil, señala que ese año, 29 agentes encubiertos cubanos se establecieron en Islas Margarita y en la campaña electoral ayudaron a Chávez en tareas de inteligencia, seguridad personal e informática.

Luego la escalada injerencista fue en aumento. Cerca de 45 mil cubanos trabajan hoy en la administración pública venezolana, la presidencia, ministerios y empresas estatales.

O como burócratas, médicos, enfermeras, odontólogos, científicos, maestros, informáticos, analistas, técnicos agrícolas, de electricidad, obreros y promotores culturales. También en seguridad, inteligencia y en las Fuerzas Armadas.

Cuando los cooperantes cubanos arriban al aeropuerto de Maiquetía en Caracas, todos los trámites migratorios son efectuados por personal militar de la isla.

Especialistas del Ministerio del Interior de Cuba manejan el sistema de identificación de los venezolanos, sus cédulas de identidad y pasaportes; sus registros mercantiles y notarías públicas.

Saben qué propiedades tienen y qué transacciones hacen. También codirigen sus puertos y tienen presencia en aeropuertos y puntos migratorios de control, donde actúan a sus anchas.

La firma cubana Albet SA, de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), que maneja los sistemas del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), tiene tanto poder que no permite el acceso de venezolanos al último piso de la sede central del SAIME en Caracas.

También son cubanos los sistemas informáticos de la presidencia, ministerios, programas sociales, servicios policiales y de la petrolera estatal PDVSA, mediante la empresa mixta Guardián del Alba, cuenta la periodista Marcano.

La influencia política de Cuba, tanto en el gobierno del fallecido Hugo Chávez como ahora el de Nicolás Maduro, es decisiva. Los hilos de ciertas estrategias locales se manejan desde La Habana.

Los hermanos Castro se benefician con más de 100 mil barriles diarios de petróleo y ayudas financieras estimadas en 10 mil millones de dólares anuales.

Es tanta la dependencia del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), que los altos funcionarios cubanos, incluyendo al General Raúl Castro, vuelan en aviones ejecutivos de lujo con matricula venezolana.

Ningún imperio en el mundo jamás había podido conquistar otra nación sin tener poder económico ni enviar tropas. Cuba es la primicia. En privado, Fidel Castro debe estar muy orgulloso.

Iván García
Foto: Fidel Castro y Hugo Chávez, paseando por un río venezolano. Tomada de La Voz de Houston.

miércoles, 23 de julio de 2014

Historia cosida



Cuando Cuba vivía en plena luna de miel con la Unión Soviética, todos los inventos importantes del hombre, sus aportes científicos y, algunas de las grandes hazañas deportivas, tenían detrás a un ruso genial al que el imperialismo, con el apoyo de otros poderosos agentes capitalistas, había despojado de sus patentes. Y de su gloria.

No importaba que el verdadero genio fuera alguien conocido en el mundo entero y sus hallazgos estuvieran documentados hasta el cansancio. Mucho antes de la fecha anunciada por los inventores reales, un señor de Rusia había dado el campanazo, pero la maniobra del enemigo lo dejaba solo y sin la resonancia hasta que el pueblo revolucionario registró el eco de su talento.

Para defenderse de esa fiebre alta y peligrosa, en la isla se acudió, como siempre, al humor. Así es que el mojito, atribuido por los historiadores del ron a la sed y la imaginación de Francis Drake- por lo que originalmente se llamaba un draque- era, en realidad, una idea de un marinero de San Petersburgo que hacía de ayuda de cámara del pirata inglés.

Qué iba Cristóbal Colón a descubrir América. Fue un aventurero de las remotas tierras frías de Siberia que añoraba el sol y los calores y, en vez de una nevada, buscaba la fuerza de los vientos y las lluvias de los huracanes para asombrarse, decía la tralla en las tertulias de los bares clandestinos.

Los promotores de aquella primacía de los rusos y de otras figuras del llamado campo socialista, fueron los mismos que, desde el Gobierno, señalaron a José Martí como autor intelectual del ataque al cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, encabezado por Fidel Castro en 1953, en la fecha en que el poeta cumplía 100 años.

Todavía hoy arrastra ese sambenito porque así se le presenta en los libros de Historia, en las tribunas y en las angustiosas campañas de propaganda. Las nuevas generaciones, sometidas a medio siglo de adoctrinamiento, suelen asociarlo con aquella acción.

Los totalitarios y sus cómplices necesitan remendar la historia con disparates. Después de José Martí le ha tocado a Simón Bolívar. En las escuelas de Venezuela se enseña ahora que fue una cubana la que amamantó al Libertador. Ese nuevo apunte en su biografía desaloja a una señora conocida como la negra Hipólita, que aparece como la nodriza de Bolívar en todos los libros serios.

La polémica no se detiene. La periodista Colette Capriles ha terciado para decir que una relación de dominación siempre necesita justificarse.

Raúl Rivero
El Mundo, 9 de mayo de 2014.

lunes, 21 de julio de 2014

Una sopa de ginseng



Si en algo Fidel Castro es consecuente, es con Mao Zedong. Desde el principio de su revolución, el dictador caribeño miró de reojo al viejo colega asiático. Han transcurrido 55 años de dictadura cubana y en Cuba la figura de Mao permanece olvidada.

A Mao no le gustó que Cuba estableciera relaciones con Checoslovaquia y la URSS mucho antes de hacerlo con su República Popular China, reconocida al fin por Fidel el 24 de septiembre de 1960; tampoco que el agente soviético Aleksandr I. Alexeiev, bajo la cobertura de corresponsal de la agencia de noticias TASS, llegara primero a La Habana, en diciembre de 1959 y no los chinos, agrupados en el famoso centro de espionaje de Beijing, Servicio de Inteligencia de la RPCH, conocida por sus siglas en español SIC.

No le gustó a Mao que, en 1963, Fidel Castro permaneciera dos meses en Moscú y no hiciera un honorable salto a Beijín.

Lo que ocurría entre Mao y Fidel no se comprendía. Se trataba de dos líderes que abrazaban la misma ideología, que reprimían con mano cruel a los disidentes y opositores, que guardaban en las cárceles a miles de presos políticos y que habían mandado a fusilar a cientos de sus enemigos. Hasta octubre de 1960, ya se habían fusilado en Cuba mil 330 anticastristas. Aún así, Mao seguía mirando de reojo a Fidel Castro.

En plena vigencia de la Revolución Cultural China, cuyo comienzo fue en 1966 y su final y fracaso al cabo de diez años, con la muerte de Mao, Fidel Castro condena, en clara alusión a China, el sectarismo y el faccionalismo del comunismo internacional.

En marzo de 1965, la enemistad entre estos dos hombres se hace más notable y en una reunión de partidos marxistas en Moscú, encabezada por Raúl Castro, Mao no asiste y condena dicha reunión. Cuatro días después, Fidel Castro ataca de manera más agresiva la línea política de China; ordena recoger todas las obras de Mao Zedong de las bibliotecas y librerías y prohíbe la entrada de las publicaciones periódicas y culturales provenientes de ese país.

El 2 de enero de 1966, Fidel acusa al gobierno chino de injerencia en los asuntos internos de Cuba, de defraudar la buena fe de los cubanos y critica duramente que no haya cumplido con el envío de arroz a la isla, debido a la posición pro soviética del régimen castrista. A partir de ese momento se agravan aún más las tensiones y ninguno de los dos gobiernos en pugna hace nada por limar asperezas.

En un discurso del 13 de marzo de ese mismo año 1966, Fidel Castro acusa a Mao Zedong de ¨monarca absoluto, de fascista y viejo senil¨. Fue el final de unas relaciones escabrosas y difíciles para estos dos “monarcas absolutos”.

Se supo entre los periodistas oficialistas de aquellos años, que el famoso traductor chino Xu Yilín tomó un avión como bola por tronera, asustado al escuchar cómo Fidel ofendía tanto a su amado líder. (Yilín se había pasado siete años en La Habana, según él ¨los mejores años de su vida¨, traduciendo las obras de Mao al español por orden de Fidel, con una buena paga en divisas).

Otra anécdota de aquellos momentos fue el encarcelamiento del conocidísimo profesor habanero de chino y japonés Carlos Carrero -varios años después exiliado en Miami y fallecido allí-, acusado injustamente de espiar a favor de Mao, sólo porque impartía clases de español a los hijos de los diplomáticos chinos.

Si alguien había salido perdiendo en el conflicto Fidel-Mao fueron los cubanos, que gozaban de un crédito concedido por China, consistente en 70 millones de dólares, más la compra de un millón de toneladas de azúcar. Desde que Fidel Castro se peleara con Mao no se vieron más sombrillas para la lluvia en las tiendas, ni carreteles de hilo y agujas para coser, muebles tallados en tiendas especializadas.

A partir de 1966, hasta 1984, los chinos y Fidel se pelearon a muerte y como consecuencia, el pueblo ha sido la víctima, al verse obligados a adquirir a precios excesivos productos electrodomésticos obsoletos de China, rotos al poco tiempo de uso. De esta forma, es el cubano de a pie quien está pagando los platos rotos de aquellas broncas, porque los chinos ni olvidan, ni perdonan.

Quienes todavía se preguntan qué ocurría en el fondo, nunca llegaron a saber que los espías más adiestrados del gobierno chino pusieron zancadillas a la penetración castrista en África, y jamás accedieron a colaborar con Fidel Castro. Todo lo contrario: China criticó siempre la presencia cubana en ese continente africano.

Luego vinieron cosas peores que alteraron el sueño de Fidel Castro: El "sueño chino" da un giro hacia el capitalismo a través de sus reformas de libre mercado y China comienza a crecer. Hoy hay miles de empresarios chinos millonarios, Beijing se parece cada vez más a Nueva York; tiene el centro comercial más grande del mundo y restaurantes que ofrecen en Nochevieja un plato de sopa de gallina, con raíz de ginseng con cientos de años de antigüedad, por 'sólo' 30 mil dólares.

Seguramente, a nuestro ex dictador -si es que aún se entera de algo- no debe haberle gustado que, hace apenas unos meses, Xi Jinping y John Kerry acordaran actualizar las relaciones entre China y Estados Unidos, fortalecer e impulsar más el desarrollo de los lazos bilaterales, a través de la confianza mutua y la cooperación de ambas naciones.

Definitivamente, como dijera Carlos Alberto Montaner: ¨El comunismo es el modo más largo para llegar del capitalismo al capitalismo¨.

Tania Díaz Castro
Cubanet, 17 de abril de 2014.
Foto: Ingredientes para preparar sopa de ginseng, tomada de Cubanet.

viernes, 18 de julio de 2014

La Cuba soviética en el imaginario oficial



La fe en un Dios cualquiera, la ideología o los vicios, cuesta sepultarlos. Para otros, como Vladimir, la pasión por aquella etapa soviética, al igual que los viejos roqueros, nunca muere.

Hijo de padres comunistas, cursó estudios universitarios en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Habla el ruso como un moscovita y aún lee a Gorki o los poemas de Yevstushenko en su lengua original.

En un estante de pino reposa una caterva de escritores soviéticos al estilo de Borís Polevói, Nikolái Ostrovski, Mijaíl Shólojov o Ilya Ehrenburg que escribieron sobre la epopeya del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial.

Vladimir no se considera un fanático. En su cuarto no cuelgan lienzos de Stalin, tampoco de Marx o Lenin. “La URSS puede parecer periódico viejo. Pero no está muerta del todo. En Cuba la gente no extraña los muñequitos rusos ni la carne en lata. Es en la estructuras del poder donde aún siguen latentes ciertos mecanismos de la era soviética”.

Desmontar ese tinglado es una tarea ardua. Desde un gobierno vertical, policía secreta omnipresente, amplio sector de la economía planificada y la habitual unanimidad a la hora de aprobar leyes en el aburrido parlamento nacional, son vestigios de la Cuba oficial soviética que se resiste a morir.

Cubanos como Vladimir durante años trabajaron en la creación de instituciones calcadas de la Unión Soviética. Desde la Constitución hasta la organización de pioneros.

“Todos los que creíamos en la URSS suponíamos que el futuro a corto plazo era del comunismo. Y que la desaparición del capitalismo era cuestión de tiempo. Pero no lo fue. Ahora la Rusia de Putin es tan imperialista como Estados Unidos”, acota el nostálgico comunista habanero.

De la URSS quedó muy poco entre los cubanos de a pie. Algunos nombres eslavos, tomar vodka con jugo de naranja y cientos de matrimonios que aún perduran de aquella etapa roja.

No pocos funcionarios del régimen sienten añoranza del pasado. Fue una época de oro donde se despilfarraban los rublos y el ejército tenía la versión más actualizada del armamento ruso convencional.

De la URSS llegaba el petróleo, fertilizantes y tractores. Revistas, libros y películas inundaban el país. Por aquel entonces, era de buen gusto colgar cuadros del dirigente de turno soviético al mismo nivel que el de Fidel Castro.

El actual presidente, Raúl Castro, tenía un enorme cuadro de Stalin, el carnicero de Georgia, en su oficina del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

Lo que está por ver es si los Castro fueron comunistas solapados a tiempo completo u optaron por la ideología para aferrarse al poder. El estrafalario sistema euroasiático tenía encantos irresistibles para cualquier aprendiz de autócrata.

No había elecciones presidenciales. Ni prensa libre. Tampoco sindicatos independientes. La justicia era administrada por el Estado. Y si creaban una policía política competente, los ciudadanos inconformes solo se quejarían en la sala de su casa o desertando en una balsa.

La historia de amor por la URSS entre un sector intelectual y político en Cuba es de vieja data. Muchos que juran ser nacionalistas a pie firme, acusan de 'anexionistas' a las personas que admiran el estilo de vida de Estados Unidos.

Pero el comunismo es el primero de todos los anexionismos, al importar el marxismo-leninismo y querer clonar el modelo soviético en una isla del Caribe a 9,500 kilómetros de Moscú.

Y no eran analfabetos ni tontos los que aplaudían la teoría de una Cuba soviética. Dentro de las filas del Partido Socialista Popular (PSP), destacaban intelectuales de talla como Juan Marinello, Carlos Rafael Rodríguez, Salvador García Agüero y Nicolás Guillén.

Con la llegada al poder de Fidel Castro, el oportunismo político se acopló al imaginario comunista de hombres curtidos en el quehacer sindical cubano y el proselitismo marxista en diversos sectores académicos e intelectuales.

Antes de 1959, el PSP tildaba a Castro de pandillero, comegofio y pequeño burgués. Según el hijo de Anastas Mikoyán, que acompañó a su padre en la visita de una delegación soviética a La Habana en febrero de 1960, presenció el siguiente diálogo entre Fidel y Ernesto Guevara:

“Ellos (Castro y Guevara) dijeron que sólo podían sobrevivir con la ayuda soviética y tendrían que esconder esto de los capitalistas en Cuba... Fidel dijo: Tendremos que sobrellevar estas condiciones en Cuba durante cinco o diez años. Entonces el Che lo interrumpió: Si no lo haces en dos o tres años estás acabado".

Se sabe el resto de la historia. Castro sovietizó la isla y 55 años después, las principales instituciones políticas del Estado siguen usando su metodología. Desde los servicios especiales hasta la diplomacia, que cuando de alinearse con un socio se trata, aprueban políticas expansionistas como la de Putin en Crimea o se agrupan con repugnantes dictadores solo porque son enemigos de su enemigo.

La actual legislación laboral -que aún no se ha publicado oficialmente- o la aberrante Ley de Inversión Extranjera, demuestran que el gobierno cubano actual solo cuenta con el pueblo como instrumento para legitimar sus tibias reformas económicas y no para beneficiarlos.

Desprenderse de una ideología cuesta demasiado. Incluso cuando la realidad demuestra su ineficacia.

Iván García
Foto: Moskvich en una calle habanera. Comparado con el Lada y el Volga, el Moskvich se considera el auto soviético más feo e incómodo de los que aún circulan por Cuba. Tomada de la web Ajiaco cubano.


miércoles, 16 de julio de 2014

El anárquico mercado de la compraventa de casas


Todos los días, de lunes a domingo y también los feriados, en el Paseo del Prado, a tres cuadras antes de llegar al malecón de La Habana, funciona una bolsa inmobiliaria de corretaje.

Bueno, no exageremos. Lo más parecido. Porque quienes proponen ventas de casas no radican en una oficina. Tampoco hay un ejército de abogados o hipotecas bancarias para comprar una vivienda.

Los 'corredores' no van trajeados con cuello y corbata. Ni siquiera te invitan a sentarte o brindan café al futuro cliente. No es por ausencia de cortesía: simplemente el negocio es el aire libre.

Si la charla se extiende, lo más cómodo y cercano es un banco de frío mármol escoltado por leones de bronce. A pesar de la informalidad, los precios asustan y tienen poco que envidiar a una transacción inmobiliaria en Madrid o Barcelona.

Llamémosle Elena. Su hija, que reside en Estados Unidos, poco a poco, en billetes de a 100, le hizo llegar un total de 70 mil dólares. Para que su madre se comprara una vivienda confortable en un barrio tranquilo de La Habana.

“Pensé que no sería complicado. La primera dificultad radica que algunos sitios digitales de venta y compra como Revolico están censurados por el gobierno. Pero el cubano, que se le escapó al diablo por debajo de la falda, ha resuelto esa dificultad, insertando ofertas de ventas de Revolico en los paquetes de seriales, programación deportiva, novelas y filmes que los particulares venden a 50 pesos”, cuenta Elena.

Otra opción era recurrir a una de las cientos de personas que trabajan como 'corredores' de casas. Elena la desechó. “No digo que no haya gente seria. Pero en ese negocio hay muchos estafadores. Además de las webs dedicadas a la compraventa de casas, lo habitual es venir aquí al Paseo del Prado y analizar las diferentes ofertas”.

Si se tiene suerte y dinero en mano, se puede cerrar el negocio en menos de un mes. El procedimiento es simple. El vendedor o su intermediario, se ponen de acuerdo en el precio y un día a una hora señalada visitan la vivienda en venta.

Luego, si el comprador acepta, una persona que trabaja o tiene contactos en una notaría, se encarga de gestionar un turno. Llegado el día, comprador y vendedor firman el acta notarial de traspaso y cada cual paga el 4% de impuesto acordado por las normas aprobadas en 2011.

“Existen muchos vericuetos y trampas financieras, para que los involucrados en el negocio declaren la menor cantidad de dinero posible y paguen un impuesto menor”, apunta una abogada habanera.

Pero el gran problema es encontrar una casa acorde al precio a pagar. “Yo quiero comprar una casa de tres cuartos en el Reparto Sevillano, Casino Deportivo o Víbora Park. Ni pensar en el Vedado o Miramar, ahí las casas no bajan de 100 mil dólares”, dice Elena.

A pesar de saber que el salario promedio en la isla ronda los 20 dólares mensuales, sin sonrojarse, el dueño de una vivienda te puede pedir 150 mil o 500 mil dólares. Incluso más. Hay varias residencias en venta en sitios digitales cercanas al millón de dólares.

Cuba es un país atípico. Aquí lo normal es anormal y viceversa. Aunque las calles están repletas de baches y los salarios son miserables, el Estado vende una hora de internet en cinco dólares y oferta coches ordinarios a precios de alta gama.

Al menos en la venta y compra de inmuebles se puede encontrar un registro amplio de precios. Los peor valorados son los apartamentos construidos por la revolución, después de 1959.

“Debido a su mala calidad constructiva, muchos tienen salideros de agua y filtraciones, su acabado es chapucero y están lejos del centro de la ciudad. Solo gente desesperada, de las provincias orientales, los suelen comprar. Un piso en Alamar -barriada-dormitorio al este de La Habana- no llega a 14 mil dólares. Si está ubicado en La Siberia, la parte más alejada de Alamar, se vende en menos de 10 mil”, explica Reinier, un arquitecto venido a menos que desde hace siete años se dedica a la compraventa de casas.

“Lo esencial es que la vivienda tenga paredes y techo sólido. Que el suelo no sea irregular y bueno el estado constructivo. Si en la zona o el edificio escasea el agua, baja el precio. Si es un barrio como Pogolotti o Mantilla, donde las broncas con arma blanca y la violencia crecen, se sufre para vender. De cualquier manera, los precios son desquiciantes. El 80% de los domicilios que ahora mismo están en venta necesitan pasarle la mano”, señala Reinier.

Elena ha visitado cuatro casas y opina que los precios son abusivos. “ Porque, además, tienes que invertir entre 10 y 20 mil dólares en su reparación. En otros países son caras, pero se pueden pagar a plazos y algunas están amuebladas. Lo de Cuba es una locura. Creen que los billetes verdes andan regados por las calles”.

Pese a los precios inflados y que el 60% está en regular o mal estado técnico, según fuentes oficiales, en 2013 se registraron 80 mil operaciones de venta de casas.

En Cuba, el 85% de las viviendas son de propiedad individual. Pero comprar a precio justo es una tarea que puede demorar meses. Pregúntenle a Elena.

Iván García

Foto: Sentado en un banco del Paseo del Prado, un 'corredor' de casas espera por algún cliente. Tomada de la web Vívelo hoy.