jueves, 1 de diciembre de 2016

El primer negro que pisó el Polo Norte



“Creo que soy el primer hombre que se sienta en la cima del mundo”, celebró Matthew Henson el 6 de abril de 1909. Estaba en el Ártico, cubierto de hielo, y se lo comunicaba a Robert Peary, el jefe de la expedición que intentaba conquistar por primera vez el polo norte.

Había llegado 45 minutos antes que Peary, un capitán de fragata conocido por su despotismo y su falta de escrúpulos. Henson, un huérfano de familia pobre que había aprendido a leer con 12 años, se había adelantado a un militar de alta graduación. Y además era negro.

“Peary echó chispas”, recordó años después Henson. Sin embargo, el blanco pasó a la historia como conquistador del Polo Norte y fue enterrado con honores bajo un impresionante monumento en el Cementerio Nacional de Arlington, en 1920. El negro, como los cuatro esquimales que acompañaban a ambos, fue rápidamente olvidado. Encontró un empleo en la Oficina de Aduanas, tras trabajar en un garaje, y acabó enterrado de mala manera en 1955 en un cementerio del Bronx de Nueva York.

El 6 de agosto se cumplieron 150 años del nacimiento de Matthew Henson, para muchos el primer ser humano que puso un pie en el Polo Norte. Nació en Maryland en 1866, un año después de la abolición de la esclavitud de los negros en Estados Unidos. A los 12 años, huérfano y sin haber pisado jamás una escuela, caminó hasta un buque mercante del puerto de Baltimore y, según su biografía oficial Compañero oscuro, le espetó al capitán: “Me llamo Matthew Alexander Henson y quiero ir al mar”.

En aquel barco, el niño aprendió a leer y a escribir. Prosperó. Se las apañó para conseguir un modesto trabajo en una tienda de Washington. Y allí, en 1889, conoció a Robert Peary, que ya había dirigido expediciones para explorar Groenlandia sobre trineos tirados por perros. Nació una amistad. Un año más tarde, Henson, con 24 años, se unió a su primera misión, por el norte de la isla danesa. En la siguiente década, juntos recorrieron en diferentes expediciones unos 15 mil kilómetros sobre el hielo de Groenlandia y Canadá, según el recuento de National Geographic. Era el calentamiento para su conquista del polo norte, que algunos investigadores ponen hoy en duda.

Los indígenas inuit que los acompañaban aplaudían las habilidades de Henson para cazar, dirigir a los perros y chapurrear su idioma. “Era más esquimal que algunos de ellos”, bromeó Peary. En su autobiografía, Un explorador negro en el Polo Norte, Henson alabó el sentido del humor de los esquimales y su capacidad de trabajo. “Es cierto que los esquimales son de poco valor para el mundo comercial, debido probablemente a su aislamiento geográfico, pero estas mismas personas iletradas y sin civilizar han prestado una valiosa ayuda en el descubrimiento del polo norte”, escribió. Y añadió: “La limpieza de los esquimales deja espacio para muchas mejoras”.

La supuesta suciedad de los inuit no debía de ser tan exagerada. En 1986, el investigador estadounidense Allen Counter viajó a Groenlandia en una misión científica y se topó con dos esquimales octogenarios y mestizos. Uno era mezcla con blanco y otro con negro. Aquellos dos ancianos eran los dos hijos que Peary y Henson tuvieron furtivamente con dos mujeres esquimales. Counter, profesor de la Universidad de Harvard, anunció al mundo la existencia de Anaukaq Henson y Kali Peary. Y se los llevó en mayo de 1987 a cumplir su sueño: conocer el lugar de nacimiento de sus padres y visitar sus tumbas.

Counter, también explorador negro, tiene una biografía épica. En 1993, descubrió la única comunidad de descendientes de esclavos africanos que pervive en Los Andes ecuatorianos. Como profesor de Neurología de Harvard, ha recorrido los pueblos indígenas de América Latina para investigar los efectos de las intoxicaciones por plomo y mercurio en los niños que trabajan en las minas de oro o reciclan baterías de coche.

En 1988, Counter utilizó su carisma para conseguir que el presidente Ronald Reagan, accediera a trasladar los restos de Henson al Cementerio Nacional de Arlington, junto a los de Peary y otros héroes de la historia de Estados Unidos, como los siete astronautas fallecidos en el accidente del transbordador Challenger un año antes. “En aquel día histórico (6 de abril 1909), fue Henson, un afroamericano, el primero que llegó al polo y plantó la bandera estadounidense”.

Sin embargo, existen dudas de que Henson, Peary y los cuatro esquimales -llamados Ootah, Egingwah, Seegloo y Ookeah- realmente llegaran al polo norte. La organización Guinness World Records recuerda que la Royal Geographical Society respaldó durante el siglo XX la victoria de la expedición de Peary frente a la del también explorador estadounidense Frederick Cook, que aseguró con tufo de fraude haber llegado un año antes. Sin embargo, la Royal Geographical Society ya no apoya ni a Peary ni a Cook.

La National Geographic Society patrocinó la expedición de Peary, pero en 1989 concluyó, tras analizar documentos y las sombras de las fotografías, que se habían quedado a unos ocho kilómetros del Polo Norte. La velocidad del equipo en su regreso, endiablada comparada con la ida, también despierta sospechas, aunque en 2005 los aventureros Tom Avery y Matty McNair repitieron el viaje de Peary y Henson en el mismo tiempo, sugiriendo que era posible, pese a las diferencias entre las expediciones.

Probablemente, nunca se sabrá si Henson, un negro que rozó la era de la esclavitud, fue realmente el primer ser humano que pisó el Polo Porte. Pero, en cualquier caso, su vida merece reconocimiento. En el año 2000, Henson fue galardonado, a título póstumo, con la medalla Hubbard, el mayor premio de la National Geographic Society, reservado a los héroes de la exploración. Las manos blancas de Robert Peary habían recogido la misma medalla en 1906. Casi un siglo antes.

Manuel Ansede
El País, 25 de julio de 2016.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Si mi tía Candita estuviera viva...


Se llamaba Cándida Rosa, pero le decíamos Candita. Falleció a los 90 años, en octubre de 2003. A Julio, nieto e hijo de sepultureros y quien conocía el Cementerio de Colón como si fuera su casa, le encargué una jardinera para ponérsela a mi tía en su bóveda antes de mi viaje definitivo a Suiza, el 25 de noviembre de 2003.

A mi tía siempre le gustó comprar billetes de lotería y apuntar a la bolita. Tenía suerte y solía acertar con los números.

Es difícil que hubiera llegado hasta los 103 años, pero se me ocurre imaginar que si Candita viviera, desde que el 25 de noviembre se anunció la muerte de Fidel Castro y hasta el 4 de diciembre, cuando terminan las pompas fúnebres, todos los días jugaría estos números: 1, 8, 14, 45, 54, 57, 61, 64, 74, 77, 78, 83 y 90 (al final, los significados).

La charada cubana consta de 100 números. Los primeros 36 están tomados de la charada china y los restantes son producto de la imaginacion popular:

1- Caballo
2- Mariposa, dinero
3- Marinero, niño chiquito
4- Gato, diente
5- Monja, marinero
6- Jicotea
7- Caracol
8- Muerto
9- Elefante, lengua
10- Pescado grande
11- Gallo fino
12- Puta
13- Pavo real
14- Cementerio, gato-tigre
15- Perro, niña bonita
16- Toro
17- San Lázaro, luna
18- Pescado chico
19- Lombriz, bandera
20- Gato fino, tibor
21- Majá, dinero
22- Sapo
23- Vapor
24- Paloma
25- Piedra fina, casa nueva
26- Anguila, médico
27- Avispa
28- Chivo
29- Ratón
30- Camarón
31- Venado
32- Cochino
33- Tiñosa
34- Mono
35- Araña
36- Cachimba
37- Gallina prieta, bruja, hormiga
38- Dinero, macao
39- Conejo, culebra
40- Cura, sangre
41- Lagartija
42- Pato, país lejano
43- Alacrán
44- Año del cuero
45- Tiburón, presidente
46- Guagua, humo
47- Pájaro
48- Cucaracha, abanico
49- Borracho
50- Policía
51- Soldado
52- Bicicleta
53- Luz eléctrica
54- Flores
55- Cangrejo, murciélago
56- Merengue, reina
57- Cama, telegrama
58- Retrato, cuchillo, adulterio
59- Loco
60- Payaso, huevo
61- Caballo grande
62- Matrimonio
63- Asesino
64- Muerto grande
65- Comida
66- Pegar los tarros, pareja de yeguas
67- Puñalada
68- Cementerio
69- Pozo
70- Coco
71- Río
72- Buey, jicotea, collar
73- Muleta
74- Papalote, militar
75- Corbata, guitarra
76- Bailarina
77- Bandera, muletas de San Lázaro
78- Sarcófago
79- Tren de carga, lagarto
80- Médico viejo, desesperado
81- Teatro
82- Madre
83- Tragedia
84- Sangre, banquero
85- Espejo, reloj
86- Tijeras, manguera
87- Plátano
88- Espejuelos, gusano
89- Mucha agua, casa vieja
90- Viejo
91- Alpargata, comunista
92- Puerco grande, avión, globo
93- Sortija
94- Machete, Habana
95- Guerra
96- Zapato, puta vieja
97- Mosquito, grillo
98- Piano
99- Serrucho, gallo, carbonero
100-Inodoro, automóvil

Tania Quintero

Otras charadas localizadas en internet: La lotería cubana; Bolita cubana y La charada china.

Opiniones y artículos a raíz de la muerte de Fidel Castro (II)



Antonio Rodiles, coordinador del proyecto Estado de Sats y de la campaña Todos Marchamos

-¿A cuál de las muertes de Fidel? ¿A la de hoy? Creo que será recordado como el peor tirano que ha tenido Cuba porque nadie en la historia de este país ocasionó tanto daño al pueblo, a la libertad de los cubanos. Ha sido una muerte demorada y creo que lo que demoró este desenlace es su inmenso terror a la muerte. Será recordado, sin dudas, por su represión, por sus actos de violencia contra cualquier actitud contraria a su persona. Ahora esperamos un aumento de la represión y de la violencia contra los líderes de la sociedad civil porque se han comenzado a dar cuenta que su gran problema es el tiempo, el gran problema que enfrenta ahora el castrismo es el tiempo.

José Daniel Ferrer, al frente de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU)

-Si acudimos a la verdad, no será un recuerdo muy glorioso porque fue un imitador al estilo de Stalin, de dictadores como Mussolini o Hitler, tan tristemente célebres. La mayoría de sus frases y gestos, hoy célebres, son copias de frases y gestos que provienen de discursos y textos de dictadores. Pero, además, será recordado como un fracaso. Fracasaron todas sus ansias de conquista en África, en América Latina. Todas esas que él llamó epopeyas concluyeron en fracaso. Hay que sumar a todo ese desastre el que transformara a Cuba de una nación próspera en uno de los países más pobres del hemisferio occidental, al querer implantar un régimen al estilo soviético. Si tuvo algún mérito personal fue haber implantado ese régimen con el cual ocasionó tanto dolor al pueblo cubano y logró una de las naciones donde la mayoría emigra en busca de libertades y de oportunidades para vivir dignamente. Será recordado por sus fusilamientos, por los miles de cubanos llevados a la cárcel por sus ideas políticas, por la Primavera Negra de 2003, por el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, por la violencia contra las Damas de Blanco. Esperamos un aumento de la represión durante estos días por temor a las manifestaciones de descontento popular”.

Eliecer Ávila, ingeniero y coordinador de Somos +

-Intentarán hacérnoslo recordar desde esa postura burocrática que sabemos, que es la proviene de los jerarcas del poder, los jerarcas del partido comunista y del ejército, que, por supuesto, siempre lo recordarán como el hombre que los ayudó a conseguir el modo de vida que ostentan. También intentarán imponer esa ilusión del guerrero que enfrentó al imperialismo y esa imagen que se desgaja de su propio discurso. Pero por otro lado, estará el recuerdo de millones de cubanos que han vivido años de carencias profundas, de falta de libertades, años de división familiar y de niveles altísimos de paranoia en la mentalidad de quienes han sufrido la represión. Ojalá que esta despedida sea el final de una época terrible y el comienzo de una reconciliación”.

Berta Soler, líder de las Damas de Blanco

-La única buena noticia es que tenemos un dictador menos, pero aún nos queda otro porque Raúl es un dictador igual que Fidel. Políticamente en Cuba no cambia nada salvo el “progresivo empeoramiento” de la situación de los derechos humanos en la isla, donde la represión va en aumento. En Cuba nadie quiere a la dinastía de los Castro, porque son unos mafiosos. Si queremos una transición democrática, tiene que ser sin esa familia en el poder.

Leer también, veinte artículos de autores cubanos:

"De tranca lo que nos espera", Iván García
Vida y muerte de un narcisista, Carlos Alberto Montaner
Sepulcro difícil de cerrar, Juan M. Ortega
Raúl sin "Papá Terror", Juan Juan Almeida
El castrismo sigue vivo, Pedro Campos
Sin azúcar y sin país, Roberto Álvarez Quiñones
Chistes cubanos para velorios célebres, Alejandro Armengol
Cuba entre chistes y luto cerrado, Ignacio Islas
Junto a José Martí, Félix Luis Viera
La tumba de Fidel Castro: apropiarse de José Martí hasta después de muerto, Mario J. Pentón
Weekend sin Fidel Castro, Ernesto Pérez Chang
Ley seca tras la muerte de Fidel Castro, Iván García
La muerte de Fidel enfrenta a abuelos, padres e hijos, Rosa Tania Valdés
Para Cuba, la felicidad es el camino, Jorge Dalton
Fidel en dos visiones, Luis Carlos Battista
Responso laico para Fidel Castro, Jesús Adonis Martínez
Fidel en su laberinto, Harold Cárdenas
Inalcanzable hasta en cenizas, Leydis Luis Hernández
La 'bolita' bate récord tras la muerte de Fidel Castro, Iván García

martes, 29 de noviembre de 2016

La muerte de Fidel Castro en la prensa oficial cubana



En otro post, las celebraciones en Miami por el deceso del dictador y en otro, la repercusión en países de distintos continentes. Mientras, algunos artículos, informaciones y fotos publicados en medios nacionales y provinciales de Cuba.



Objetivo: Fidel, Fabián Escalante.



Gracias, Fidel, Guille Vilar


"Ya no está nuestro padre", expresa el pelotero Frederich Cepeda.


La Carretera Central fue construida entre 1929 y 1931 durante el gobierno de Gerardo Machado, tiene 1,139 kilómetros de longitud y el kilómetro cero se encuentra en el Capitolio Nacional.

Más de 300 mil santiagueros despedirán a Fidel Castro el 3 de diciembre.



La delegación rusa estará presidida por el presidente de la Duma, Viacheslav Volodin. Putin se está reservando para Trump.

Fotos de varios homenajes provinciales:












Tania Quintero

Foto: Una mujer y un hombre policías le rinden tributo a Fidel Castro en Quivicán, municipio perteneciente a la provincia de Mayabeque. Tomada del Diario de Mayabeque.


lunes, 28 de noviembre de 2016

Hoy mi Habana


El primer post de noviembre, el lunes 3, se lo dedicamos a la versión de Happy, de Pharrell Williams, que los cubanos Elea, Serge y Emilie Muñoz Ruiz hicieron en La Habana y el 10 de septiembre de 2014 subieron a You Tube.

Y el mes hemos querido terminarlo con Hoy mi Habana, compuesta en 1984 por José Antonio Quesada y popularizada por Xiomara Laugart, una de las mejores voces femeninas de habla hispana.

A la capital cubana le han dedicado unas cuantas canciones. A varias de ellas, en diciembre le dedicaré seis posts en mi blog.

Tania Quintero

Un cubano regresa a Angola



La primera vez que estuve en Angola fue hace casi tres décadas, como cadete de las FAR. Ahora volví por mi padre, que reside en Luanda, la capital. Quería ayudarlo en los trámites de su retiro y su regreso a Cuba, después de 16 años trabajando en ese país.


Siempre me preguntaba cómo estaría la ciudad después de tantos años. En aquella época, finales de los 80, todavía continuaba la guerra, Luanda era una ciudad destruida por el conflicto.



Es impresionante ver el cambio y desarrollo de su infraestructura y tecnología, también el tráfico que desborda sus calles, contrastando con la baja sanidad y pobreza en algunos sectores de la población.


Angola y su gente ocupa un lugar en el corazón de muchos cubanos.



Cinco de las zungueiras o vendedoras ambulantes que a diario recorren las calles de Luanda.






Texto y fotos: Juan Suárez
Havana Times, 22 de mayo de 2016.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Opiniones y artículos a raíz de la muerte de Fidel Castro (I)


En el artículo Luz y sombras: Fidel Castro, Patricia Islas solo incluyó una parte de las respuestas que le di a dos preguntas que me hizo. A continuación, sus preguntas y mis respuestas:

Lo que significó y hoy para mí significa Fidel Castro

-No fui devota de Fidel Castro ni de sus ideas (nunca fui militante del partido comunista). Tal vez esa falta de fanatismo se debió a que tuve oportunidad de conocerle de cerca y de haber conversado con él en 1960, 1961, 1984 y 1986, cuando me citó a su despacho en el Palacio de la Revolución.

-Siempre lo vi como un hombre carismático, con don de palabra, capaz de improvisar durante horas ante un micrófono o un interlocutor. Pero no como un ser superior a los demás.

-Al principio creí que iba a transformar a Cuba en un país democrático y desarrollado, pero mi desencanto comenzó en 1970, cuando se le metió en la cabeza hacer una zafra de diez millones de toneladas de azúcar. Después, con los éxodos masivos de cubanos en 1980 y 1994. Hasta que finalmente se le cayó la careta de revolucionario y salvador de la patria y la humanidad y le salió su verdadero rostro, el de un autócrata.

Lo que va a pasar con su desaparición

-Cuando Fidel Castro muera, lo que va a pasar es que van a convertirlo en mercancía, en dinero, como ya convirtieron al Che Guevara. De hecho ya lo están haciendo, alquilando las que fueron sus limusinas a turistas ingenuos y desprevenidos, como son muchos europeos, suizos incluidos.

-En Cuba todo está amarrado para que la dinastía de los Castro siga gobernando. Sus sucesores, los hijos, nietos y sobrinos de él y de su hermano Raúl, harán lo indecible por mantener viva su imagen, no creo que embalsamándolo como a Lenin, si no con camisetas, pins, fotos, exposiciones, libros, filmes, excursiones, comics, videogames.. Y abrirán algún restaurante especializado en las comidas que a Fidel le gustaban. Los países totalitarios son muy propicios al culto a la personalidad.

Marco Antonio Pérez López, administrado del blog, en Facebook escribió:

Honestamente, estoy triste por la muerte de Fidel Castro. Estoy triste y enojado porque el muy hijo de puta se salió con la suya y se fue de este mundo sin recibir el rotundo castigo que se merecía:

-por los miles de muertos que provocó en sus guerras e intervenciones militares absurdas en todo el mundo, tanto abiertas como encubiertas;

-por los miles de muertos desconocidos que reposan en el fondo del océano tras tratar de escapar de su maniático régimen de represión y locura;

-por haber sembrado el odio y la división entre los cubanos y haber separado familias con conflictos y muertes innecesarias durante más de 50 años;

-por haber ofrendado la vida y la misma existencia de todo ser vivo en su propio país al solicitar a los soviéticos que iniciaran la agresión atómica contra Estados Unidos;

-por haber doblegado y transformado el carácter del pueblo cubano, de un pueblo abierto, optimista y valiente, a una medrosa comunidad escapista donde la delación del prójimo, la mediocridad, el terror al poder y el oportunismo son las claves para el triunfo;

-por haber ayudado a instigar en la mente de millones de personas en todo el mundo la idea de que un sistema por naturaleza totalitario, improductivo, represivo y reaccionario como el socialismo, basado en el control absoluto de la libertad de las personas y la sociedad toda por una camarilla cupular y mafiosa, es la etapa "superior" del desarrollo social;

-por haber entrenado clandestinamente en Cuba y apoyado con armas, logística y dinero a las guerrillas izquierdistas de todos los continentes que tantas muertes causaron y aún causan en el mundo desde la segunda mitad del siglo XX;

-por haber ordenado el asesinato, desaparición o neutralización de todo aquel de sus colaboradores que osara exhibir el más mínimo síntoma de pensamiento independiente o disentir de sus úcases;

-por haber llevado a la economía cubana, de una de las tres primeras de América Latina, a una de las últimas;

-por haber dilapidado, distorsionado y destrozado la riqueza natural, histórica y arquitectónica del país en sus muchas maniáticas campañas masivas;

-por haber implantado una tiranía totalitaria dinástica unifamiliar de la que será muy difícil que Cuba pueda librarse en muchos años (ojalá esté equivocado).

Adiós Fidel. Ojalá nunca hubieras nacido y ojalá que dondequiera que estés, estés pagando lo que 90 años más no te hubieran bastado para pagar en vida.

Un amigo cubano temporalmente viviendo en España:

Quienes vivimos en la Cuba castrista sabemos que el difunto no pudo haber hecho nada de lo que hizo sin el concurso y la participación del populacho (o pueblo, según prefieran). Hay muchos que si no vivieran en Miami hoy, estarían haciendo cola en la Plaza de la Revolución, -la mayoría con la excusa de "mantener una buena imagen y no meterse en problemas"- para firmar el libro de condolencias.

Muchos cubanos, tan críticos del "castro-comunismo", no dudan en apoyar ideas facistas, a gente tan o más peligrosa que el difunto. Eso se llama hipocresía.

Tenemos un problema serio, se puede decir que histórico. Nuestra deleznable adicción por los "americanos". Los presidentes americanos, los americanos en general, "ese gran país", que de alguna manera resolverán "el problema de Cuba". Un wishful thinking miserable. Una masturbación mental sin eyaculación. Esa esperanza es más que ingenua; encierra en sí misma un nivel de cobardía y una estupidez vergonzosa.

Los fidelitos, Varela en su blog

La celebración se volvió un mítin de repudio contra nosotros mismos. Se suponía que Miami era mejor que Cuba, pero el odio sigue, y el miedo (el miedo a lo que fuiste).

Queda claro que a medida que baja el nivel intelectual, aumenta el aspaviento por la muerte de Fidel. Pero la fiesta va como circo vulgar, más allá del folklor y la escena popular.

A mí, Fidel me quitó la cuna de seda, bungalow en la playa, cuatro negocios de mi abuelo y mi padre que ahora fueran míos, tres barcos y cinco automóviles. Encima, no me dio carrera universitaria, ni pasaje aéreo para viajar al extranjero y quedarme, que por eso me largué en un barco camaronero con 200 fugitivos más, la mitad sacados de la cárcel.

Entonces veo que ahora saltan, bailan y gritan por las calles aquéllos que se hicieron gracias a Fidel, sacados de la orilla, de la ignominia social, por Fidel; que se graduaron gracias a Fidel, que viajaron gracias a Fidel, y que se quedaron en el extranjero gracias a Fidel también.

Qué desagradecidos son. Se murió Fidel, pero quedan los fidelitos. Estamos jodidos para siempre.

Leer también veinte artículos de autores cubanos

¿Festejar la muerte?, Félix Luis Viera
Ascendido a los cielos, Raúl Rivero
¿Podremos zafarnos de su sombra?, Luis Cino
Cuba sobrevive a Fidel Castro, Yoani Sánchez
"Oye, se murió quien tu sabes", Iván García
El Fidel que muere, Rafael Rojas
La imagen lo absorberá, Iván de la Nuez
"Se murió el Fifo, pero nosotros no", Lourdes Gómez
El Rey ha muerto, Luis Rondón
El hombre nuclear, Alberto Méndez Castelló
Inventario de dolientes, María Matienzo
La primera madrugada sin Fidel, El Toque
Parálisis, calles vacías y loas a Fidel, Ignacio Islas
Su fantasma, Tania Díaz Castro
Y ahora... nada, Luis Manuel García
El día que le acaricié la barba a Fidel y dejé de creer en él, Juan Juan Almeida
Hace treinta años hablé con Fidel Castro, Tania Quintero

Foto: Estudiantes colocan velas alrededor de una imagen de Fidel Castro en la Universidad de La Habana, durante una vigilia el sábado 26 de noviembre de 2016. Foto de Ramón Espinosa de AP tomada de El Nuevo Herald.

sábado, 26 de noviembre de 2016

"Oye, se murió quien tú sabes"



Diez minutos pasada las doce de la noche, la sucia Calzada de Diez de Octubre se transforma en una pasarela de marginales. Chicas que venden sus cuerpos al equivalente de veinticinco dólares merodean por los portales de la calzada. Y borrachos o vagabundos arman en cualquier rincón sus 'camas' con cartones viejos.

Ya es sábado 26 de noviembre y la gente de bolsillos amplios bebe cervezas Cristal o Bucanero en el bar privado Perla Negra, a una cuadra de Santa Catalina, pinchando croquetas de picadillo de pavo y mirando en una tele de pantalla plana un recital del recién fallecido cantante mexicano Juan Gabriel.

Ninguno de los usuarios se enteró que Fidel Castro había muerto. Cuando cerca de las once y media el General Raúl Castro con rostro pálido ofreció la noticia, los habaneros dormían, fiesteaban o veían en la tele culebrones de Univisión descargados del compendio audiovisual conocido como el Paquete.

Julio, un habanero a quien en su tiempo libre le gusta escribir, sí estaba despierto. "La televisión estaba trasmitiendo un documental y de pronto lo interrumpen y sale Raúl, uniformado, en su despacho. Enseguida pensé: 'Oh, se fue el tipo'. Y así fue. Como un loco empiezo a llamar a los amigos. En eso termina la alocución y se ve a Raúl tirado sobre el asiento, desmadejado de dolor, una imagen que se le fue a la tijera de la censura. Sigue el documental, cuando termina ponen el último noticiero de la noche, hablan de cualquier cosa menos de la muerte de Fidel y me pregunto si no fue que me quedé dormido viendo el documental y tuve una alucinación. Al finalizar el noticiero repitieron la alocución de Raúl, pero no la parte donde se desmadeja".

Pero en ese trozo de la geografía capitalina que es La Víbora, uno de los barrios del municipio Diez de Octubre, uno de los más poblados de la Isla, la noticia no interesó a muchos.

La gente estaba en lo suyo. Unos esperaban bostezando el ómnibus de la confronta que los llevara a casa mientras un grupo de jóvenes escandalosos escuchaban reguetón a todo volumen en sus celulares.

Una señora discreta, que vende café en los bajos de un edificio cerca de la Avenida de Acosta, había escuchado en la radio sobre el deceso de Castro I y casi en un susurro le regalaba la primicia a los noctámbulos habituales que esperaban la próxima colada.

“Oye, se murió quien tú sabes”, comentaba. Y algunos clientes añadían una nota de color, refunfuñaba una palabrota o escuetamente decían: “Bueno, el tipo no nació pa’ semilla” o “Ya era hora”.

Lo más interesante es que los cubanos de a pie todavía se refieren a Fidel Castro sin mencionar su nombre. Utilizan un amplio registro de motes, alias y sobrenombres como quién tú sabes, cara de coco y el caballo o simplemente con el dedo gordo y el índice de una mano dibujan una barba imaginaria debajo del mentón.

Otros, como Carmelo, maquinista de tren, se enteró cuando su hermano lo llamó desde Hialeah para decirle que “Dios se había llevado al diablo”.

“Eran las dos y media de la madrugada. Levanté a la familia para contárselos y mi esposa y mis dos hijos me miraron como si fuera un bicho raro y me dijeron que eso no era nada interesante, pues algún día Fidel tenía que morirse”, cuenta Carmelo.

En La Habana no hubo fiestas regadas con cerveza y ron de sus adversarios, tampoco muestras públicas de dolor. Y es que para muchos cubanos hace rato que Fidel Castro no contaba.

Para Dianelis, estudiante de 16 años, Fidel nunca fue un protagonista importante. “Desde que tuve uso de razón, hace diez años el que gobernaba era Raúl. Los de mi generación escapamos de toda esa locura de trabajos voluntarios y movilizaciones constantes para condenar al imperialismo yanqui. Fidel no tuvo el mismo impacto en los más jóvenes como en la generación de mis padres”.

En la mañana del sábado se comentaba la noticia y los políticos de café sin leche hacían sus predicciones para el futuro. “Ahora aguántate. Nueve días de luto, con toda esa candanga en la radio y la televisión, sin poder ver pelota ni partidos de la liga española de fútbol”, acota Diosbel, que espera para comprar huevos en la carnicería.

Un vecino le riposta: “Yo no quisiera estar en el pellejo de Raúl Castro. Venezuela se va a pique y nos quedamos sin petróleo. La economía, jodida como siempre, el sistema no funciona y ahora con Trump en la presidencia se acabaron los paquetes de medidas. El gobierno extrañará a Obama y se lamentará por no haber aprovechado la mano tendida”.

Arnaldo, carpintero, escucha el comentario y pronostica que se avecinan tiempos peores. “Por eso hay que pirarse de Cuba. Cuanto antes mejor. Trump va a derogar la Ley de Ajuste y entonces en ningún rincón del mundo querrán recibir a emigrados cubanos”.

Entre los ciudadanos la sensación que se percibe es de indiferencia. La mayoría piensa que no llegarán grandes reformas económicas y que las cosas seguirán igual con Raúl Castro, o el que venga después de 2018.

“La desaparición de Fidel Castro no va a terminar con el castrismo. Los que gobiernan le sacarán lasca y lo convertirán en un negocio, como han hecho con el Che. Son dueños de casi todo el país y van a intentar mantener esos privilegios. Tenemos castrismo pa’ rato”, dice Dayán en el parque Córdoba mientras se conecta a internet, aunque no se aventura a vaticinar si la dinastía castrista cumpliría cien años en el poder en 2059.

“Brother, por el bien de los cubanos, espero que no lleguen a gobernar tanto tiempo. La gente quiere tener comida, ropa, dinero, hacer negocios y poder viajar. No lo van a permitir, porque todo es para ellos”, acota Dayán.

Con la muerte del padre de la revolución cubana, quizás el último líder guerrillero tercermundista, algunos habaneros suponen que en temas económicos podrían llegar cambios. Eso sí, gobernando siempre el partido comunista. Al menos por ahora.

Iván García
Diario Las Américas, 27 de noviembre de 2016.

Foto: Dos cubanos en un bar estatal miran por televisión la noticia de la muerte de Fidel Castro. Foto de Reuters tomada de El País de Uruguay.

jueves, 24 de noviembre de 2016

El último hombre del Che en el Congo



La última vez que Godefroid Tchalmesso Diur recuerda haber llorado fue una madrugada de 1967, cuando escuchando una radio Zenith Panasonic -la preferida por los guerrilleros- frente al malecón de La Habana supo que el hombre que “había sido su inspiración” y al que había seguido hasta Cuba desde su Congo natal, había muerto. Horas antes, Ernesto Guevara de la Serna, el revolucionario argentino-cubano que pasaría a la historia como “Che” Guevara, era ejecutado en Bolivia.

Para Tchalmesso acababa una época. Para muchos revolucionarios, moría una utopía: la de los pueblos del mundo liberados del imperialismo. Godefroid Tchalmesso, alias Tremendo Punto, es uno de los últimos compañeros del Che. También es probablemente el último dirigente congoleño vivo al que se menciona en Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, el diario en el que Guevara vertió su amargura por una aventura revolucionaria fallida: la que le llevó en 1965 a la República Democrática del Congo.

La época de las grandes esperanzas en lo que entonces se llamaba Tercer Mundo se desvanecía ya tras el entusiasmo inicial de pueblos como el del ex Congo belga que habían accedido a la independencia en 1960. En el país africano aún resonaba, sin embargo, el mensaje del líder que había sacudido al país del yugo colonial, Patrice Lumumba, asesinado en 1961 con la complicidad de la CIA y de Bélgica.

Muy lejos, en Cuba, este magnicidio y la dolorosa historia colonial del Congo habían impresionado al Che, un internacionalista que soñaba con acudir a "otros lugares del mundo que reclamaban sus modestos esfuerzos”, según dijo en la carta de despedida que escribió a Fidel Castro antes de partir para África. Meses antes, en un discurso pronunciado el 11 de diciembre de 1964 en la ONU, Guevara se había indignado por la ejecución de Lumumba y definido el Congo como “el único caso en la historia mundial que demuestra cómo se pueden atropellar los derechos del pueblo con la impunidad más absoluta y el cinismo más insolente”.

Tras la muerte de Lumumba, varias insurrecciones integradas por maoístas y lumumbistas se habían alzado en armas tanto en el oeste como en el este del Congo para derrocar a la nueva administración prooccidental, instalada por la CIA y por Bélgica. En la región oriental, los revolucionarios 'simba' (león, en swahili) tenían frente a ellos al ejército regular congoleño, a tropas americanas y belgas y también a un ejército de mercenarios sudafricanos. La revuelta había estallado en 1964 y ocupado casi un tercio del enorme Congo pero cuando el Che llega al país apenas si controlaba ya algunas áreas aisladas. Aunque la confrontación era desigual, los simba no estaban solos. La implicación de Estados Unidos había llevado a la Unión Soviética, China y Cuba a apoyar con armas y asesores al Movimiento de Liberación Nacional congoleño. El país africano se había convertido así en un teatro de la Guerra Fría.

En 1965, Godefroid Tchalmesso tenía 24 años. Hoy, a sus 75 años, sentado en la terraza de un hotel de Kinshasa, recuerda la época en la que ocupaba el cargo de delegado en Tanzania del Ejército Popular de Liberación congoleño. Cuando un primer grupo de combatientes cubanos negros llega a su capital, Dar es-Salam, para apoyar a los 'simba', Tchalmesso no podía ni soñar que entre ellos se encontraba el Che, a quien había conocido meses antes. El guerrillero estaba irreconocible pues Cuba había ideado una tapadera que incluía un elaborado disfraz: sin su característica barba y con una dentadura postiza, nadie podía adivinar que el médico cubano "Ramón Benítez" era en realidad el Che. Para los congoleños, aquel hombre era el comandante Tatú (tres en swahili), un médico blanco bajo la autoridad de un cubano negro.

A Guevara la liberación del Congo le parecía una de esas “causas justas por las que luchar” de las que hablaba en sus escritos. La importancia geoestratégica del país, sus 2,34 millones de kilómetros cuadrados y su vecindad con nueve Estados -algunos aún colonizados, como Angola- lo hacían en su opinión idóneo para convertirse en la mecha que prendiera la revolución en el continente africano.

A su llegada a Dar es-Salam, el Che negocia con Tchalmesso su entrada en el Congo. Con él fija también las condiciones de su apoyo. “El Che era humilde y aceptó ponerse bajo la autoridad de los dirigentes de nuestra rebelión”, rememora el exguerrillero. El líder de los 'simba' en el este del Congo era entonces Laurent-Désiré Kabila, el hombre que 32 años después arrebató el poder a Mobutu Sese-Seko y cuyo hijo Joseph Kabila es hoy presidente del Congo.

Tchalmesso se encargó luego de “buscar los barcos” y organizar la entrada clandestina del Che al Congo. En una “embarcación azarosa, precaria”, el revolucionario y una docena de cubanos de su confianza -los primeros de un total de 140- en la madrugada del 24 de abril de 1965, atravesaron el Lago Tanganika desde Tanzania hasta la orilla congoleña.

La misión no empezó con buen pie. Los cubanos se quedaron horrorizados cuando vieron que los congoleños se ponían a cantar para alertar de su llegada a sus compañeros, lo que podía haber hecho que los descubrieran. El Che, por su parte, se sentía culpable por haber ocultado su identidad incluso a los dirigentes de la rebelión congoleña, todo con el fin de no ser detectado por la CIA, que desde hacía años lo buscaba para matarlo.

El secreto no duró mucho. Al día siguiente, el revolucionario se confía con Tchalmesso: “Soy el Che”. “Su reacción fue de aniquilamiento”, explica Guevara en su diario. Tchalmesso recuerda bien su asombro y luego repite las dos palabras que salieron de su boca entonces: Escándalo internacional. “Después, el Che me pidió que volviera a Tanzania para informar a Kabila de su presencia”, precisa el antiguo guerrillero.

A su llegada al Congo, el Che intenta organizar a unos combatientes que, según muy pronto comprende, no sólo están divididos y carecen de formación militar -“el principal defecto de los congoleños es que no saben disparar”, escribe- sino que adolecen de “espíritu de lucha” y sufren la “nefasta influencia de Kigoma”, una localidad de la orilla tanzana donde corría el alcohol y abundaban los burdeles. Los cubanos se ven forzados a una inactividad forzosa mientras esperan, debilitados por la malaria y la disentería, la orden de la dirección congoleña de entrar en combate.

En las raras ocasiones en las que esta orden llega, los congoleños y ruandeses casi siempre tiran el fusil y salen corriendo, “disparan con los ojos cerrados” o se niegan a combatir. Un día el Che insta a Tchalmesso: “Tú, que sabes disparar, enseña a tus compañeros”. Los congoleños se niegan a cargar peso alguno y a cavar trincheras porque los agujeros en la tierra “son para los muertos”.

El choque de culturas y el desconocimiento del idioma swahili pesan. El Che observa cómo los congoleños creen en la 'dawa', un ritual que consiste en rociar al combatiente con un bálsamo que, según ellos, les vuelve invulnerables a las balas. “Supersticiosos” y “haraganes” son adjetivos que dedica en su diario a los revolucionarios congoleños, sin dejar por ello de criticarse a sí mismo por haber llegado sin información al país y también a los cubanos que, poco a poco, empiezan a reclamar el regreso a Cuba, para escándalo mayúsculo del Che. En medio de la desbandada casi general, las escasas posiciones en manos de los revolucionarios van cayendo una tras otra en poder del enemigo.

“El Ejército Popular de Liberación es un ejército parásito, que no se entrena, no trabaja y exige de la población abastecimiento y trabajo”, escribe el Che. La ausencia de la dirección congoleña en el campo de batalla le resulta incomprensible, sobre todo la de Kabila, cuya llegada se demora dos meses y medio. Cuando por fin llega, se queda sólo cuatro días y, aunque promete volver enseguida, no lo hace. El revolucionario argentino -a quien Kabila había causado inicialmente muy buena impresión- critica su constante ausencia del frente, “su afición al trago y las mujeres” y termina por sentenciar en una carta enviada a Fidel Castro que “nada indica que Kabila sea el hombre que precisa la situación”.

“Estas afirmaciones han sido sacadas de contexto”, puntualiza Tchalmesso, un contexto que define como de “de gran exacerbación”. También explica la actitud de la tropa congoleña con el argumento de que ésta carecía de “conciencia política”. Pero, sobre todo, defiende sin fisuras a su antiguo dirigente: “Kabila sí tenía madera de líder y si permanecía en Tanzania, era porque su presencia era necesaria para organizar el trasiego de armas y las relaciones con el gobierno tanzano. Además, él no era bebedor”.

En el Congo, el Che recibe un duro golpe durante una visita del ministro cubano Osmany Cienfuegos, que le anuncia que su madre está muy enferma. El Che adivina que, en realidad, ha fallecido: “Al conocer la noticia, se levantó y se alejó en silencio, entrechocando el talón de las botas mientras caminaba. Siempre lo hacía cuando algo le preocupaba. Era una catadura de hombre de los que nacen cada dos siglos. Emanaba fortaleza moral y psicológica y, por encima de todo, era muy humano, justo y ponderado en el juicio. En combate era el primero en poner el pellejo y se imponía a la tropa con su ejemplo. Mostraba un amor a los pueblos inconmensurable: murió en Bolivia, pero podía haber muerto en el Congo”, alaba Tchalmesso.

En los últimos tres meses de la estancia del Che, el guerrillero congoleño deja Tanzania para luchar junto a los revolucionarios cubanos. Entonces no hablaba español, “sólo algunas malas palabras que me habían enseñado los cubanos, no el Che, que nunca las decía”, explica. En esos tres meses, su trato se hace más estrecho. Tchalmesso duerme en la misma choza que el Che y otros dos cubanos y, en sus diarios, Guevara lo menciona a menudo. Le llama Chamaleso o Tremendo Punto, el apodo que le habían dado después de que el congoleño volcara una barca en el lago con varios cubanos a bordo que no sabían nadar para escapar de un avión enemigo, y que hace alusión a una canción cuya letra dice “Tremendo punto, tremenda moral”.

El retrato que el Che hace de él es el de un joven “inseguro”, pero al que no le falta el valor, por lo que llega a proponerle que asuma la dirección militar de la guerrilla. Tchalmesso declina la oferta, asegura, “por lealtad a Kabila”. “Su trato conmigo no cambió, siguió siendo cercano, pues era una persona que siempre trataba de comprender a todo el mundo, pero sé que le decepcioné”, confiesa.

Al finalizar el mes de junio de 1965, cinco cubanos habían muerto ya en combate y la CIA sabía que el Che estaba en el Congo. La desmoralización de la tropa alcanza su punto más alto y la situación se torna tan peligrosa que Fidel Castro pide al revolucionario que abandone el país, algo a lo que él se resiste. En noviembre, la dirección congoleña pide la salida de los cubanos. El 21 de noviembre, el Che sube a regañadientes a bordo de una barca que le lleva con sus compañeros -incluido Tchalmesso- a Tanzania. En los meses que siguen escribirá su diario, que empieza con una frase lapidaria: “Ésta es la historia de un fracaso”.

Su antiguo compañero africano no lo ve así: “La epopeya congoleña del Che sentó doctrina para las guerras de liberación en África”. A él también lo marcó. Poco después de terminar aquella aventura, Tchalmesso pidió al gobierno cubano viajar a la isla “para formarse mejor en la lucha revolucionaria”, pero lo que iban a ser unos meses se convirtieron en más de tres décadas. Después, el compañero africano del Che ha tenido varias vidas: primero como periodista y corresponsal de la agencia Prensa Latina en Haití y Estados Unidos y, al volver al Congo, 32 años después, ya con Kabila en el poder, como ministro de Defensa y embajador de su país en Angola.

Tchalmesso vive con un pie en Cuba y otro en el Congo. Tres de sus cuatro matrimonios han sido con cubanas y con ellas tuvo siete hijos.

Texto y foto: Trinidad Deiros
El Confidencial, 8 de julio de 2016.