jueves, 29 de septiembre de 2016

Testimonio de una cubana que regresó a la isla 54 años después



Viajé a Cuba del 30 de abril al 7 de mayo de 2016. No tuve problemas al llegar ni al salir, gracias a Dios, porque yo estaba bien nerviosa. El país penosamente está en coma, espero que se recupere y se cure.

Carretera de La Habana a Varadero, buena. Avenidas en La Habana, buenas. Transporte público, pésimo. Mucha gente en la carretera pidiendo que los lleven con el dinero en la mano, muchos carretones con caballos y los que van en bicicleta se prenden del carretón para no pedalear.

En Matanzas la infraestructura está destruída, el 80 por ciento de casas y edificios deteriorados. Varadero es como si estuvieras en otro país, hay muchos hoteles -como 35 creo-, y para tener tantos hoteles han tenido que arenar la parte final de la península, de modo que la arena no es tan clara como la que hay al comenzar, donde está el Oasis, por ejemplo. No salimos del hotel porque mis nietas estaban fascinadas con la playa, yo también.

Muchísimos turistas. El personal en el hotel atento, pero percibí una especie de aburrimiento y a la vez, mucho interés por las propinas. Era All Inclusive (todo incluido) -he ido a varios, en distintos países- y sólo dejé propina cuando me cargaron las maletas. En un restaurant donde teníamos derecho a un desayuno privado, el primer día nos sirvieron a cuerpo de rey, pero el segundo día nos sirvieron menos, creo que porque el día anterior no dejamos propinas. Además, había un cocinero que preparaba huevos revueltos, y junto a los huevos que batía, un plato con dinero, lo cual me dio asco.

Cuando nos recogió el transporte de regreso, que por ir con mis nietas pedimos que fuera particular, el taxista, que fue el mismo que nos llevó a Varadero, a él sí le dimos propina. Era de Jagüey Grande y y contó que el hijo estaba haciendo el servicio militar. Desde que subimos empezó a criticar al gobierno: "Qué se creen los Castro, que son los dueños del país", "Que él como no tiene nadie afuera la está pasando mal", etc, etc. No abrí la boca, por si las moscas. Pero se percibe mucho malestar y desgano. Son como robots, no sé cómo explicarlo, y me da pena.

En La Habana estuvimos dos días. La parte restaurada preciosa. Pero las calles que no han sido restauradas, están destruidas, las casas y edificios también. Caminando, a las 4 de la tarde, nos metimos por una calle donde la gente estaba tomando ron a pico de botella. Los paladares, todos buenos.

Comimos en tres paladares. Doña Eutimia, en el Callejón del Chorro, Habana Vieja. El dueño salió a saludarnos y casi lloró cuando supo que yo hacía 54 años no iba a Cuba. Otro paladar fue El Litoral, en Malecón entre L y K, Vedado. La camarera, elegantísima, vestida de negro, contó que el dueño era un cubanoamericano de mucho dinero. El último, La Antonia, en la calle Mazón, cerca de la Universidad de La Habana, era más familiar, pero también era bueno.

Fuimos al Museo Napoleónico bien conservado y muy interesante. Instalado en la hermosa residencia de Orestes Ferrara, que él bautizara con el nombre de La Dolce Dimora y diseñada en 1928 por los arquitectos cubanos Govantes y Cabarrocas.

En La Habana vimos varios hoteles en construcción. La Rampa, sucia, los depósitos de basura repletos de botellas, papeles, un asco, en una esquina, en el semáforo, un señor con un trapo pedía propina para limpiar el parabrisas de cada automóvil. Pensé que eso pasaba solo en los países en desarrollo, pero no en Cuba, donde se supone no existe pobreza.

Mi sensación fue que yo estaba dentro de una película surrealista. Por un lado, los turistas derrochando dinero, por el otro, una ciudad que parecía pegada con alfileres, y por el otro, la gente que sin perder su sentido del humor, ha perdido en parte su autoestima. Pero hacer ese viaje fue algo pendiente que yo tenía en mi vida.

El último día fuimos a la casa que fue nuestra, de las pocas que se encuentran en buen estado. Los actuales inquilinos no son los mismos de 1962, cuando salimos de Cuba. Los que ahora viven en ella nos atendieron bien, se dedican a vender ropa en el portal. Las calles del barrio están sin asfaltar.

Fui al colegio donde estudié hasta segundo de bachillerato, que entonces se llamaba La Inmaculada, en San Lázaro 805 entre Oquendo y Marqués González, en La Habana. Hoy es la sede de la congregación religiosa Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Fue como entrar al túnel del tiempo, todo igualito, los mismos muebles, la capilla, mucha emoción.

Termino con esto: en los sitios oficiales de cambio, por un dólar, te dan 0.86 cuc. El peso convertible, la divisa de Cuba, vale más que la moneda de la primera potencia del mundo. Increíble!

Foto: Tomada de Ciudades a caballo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Asturias está en Cuba y queda lejos



Asturias queda lejos. Se sale de Cifuentes, Villa Clara, por la carretera de Mata. Hay que bajarse en la entrada del central El Vaquerito, antiguo Santa Lutgarda, un camino flanqueado de palmas reales.

Pero no se llega a Asturias por ahí: enfrente surge una serventía. La más sombreada que he transitado. Asturias aparece al final, en una arboleda, ceñido todavía por el cañaveral. Asturias queda tan lejos que muy pocos se aventuran a visitarlo.

La familia vivió aquí desde mi bisabuelo -Luis declara su genealogía en cuanto le digo que sólo he ido para visitar el viejo ingenio. Él se llamaba Justo Landa. Su hijo, mi abuelo, era Guarino Landa. Vinieron de Asturias, por eso le pusieron ese nombre al ingenio.

Es la clásica actitud del inmigrante: reconstruir el país natal. A veces basta un nombre. El ingenio Asturias aparece en un directorio publicado en Estados Unidos por 1894. Estos Landa fundaron una plantación y no la abandonaron nunca. Ni las guerras, ni la reconcentración, ni el tiempo encarnizado les hizo partir. Han estado aquí desde siempre. Con los mismos árboles, sembrando los retoños de la misma caña. Es un extraño caso de arraigo. Esa perennidad ha propiciado a Luis una memoria insondable. Tiene setenta años, pero sabe contarme rotundamente el siglo XIX.

En dos cuartos, al lado acá de la casa, vivían los esclavos -ya caminamos hacia la vieja residencia. Eso lo conocí yo: el cuartico del cepo, el yugo donde los ponían. Estaba atrás de la casa vieja, con los barracones. Ahí dormían trancados con candado. La puerta tenía unas llaves grandes que se usaban, un gancho y una cadena. Mi abuelo decía que ese era “el cuarto de las papas”.

El régimen de castigo de la plantación ha sobrevivido como un chiste: “las papas”. Luis Landa desciende de hacendados que se asieron a la agonía del sistema esclavista para continuar produciendo azúcar. Y ya no hubo más “papas” en el cuarto de atrás. Ni Asturias molió otra vez. Pero conservaron la tierra. Siguieron sembrando caña para el central vecino, y se quedaron ahí, con el cepo montado y los faroles encendidos. En octubre se cumplirán ciento treinta de la abolición de la esclavitud.

La campana del ingenio sigue ahí -me avisa Luis.

Ya la veo: está junto a la casa de vivienda. Cuelga de unos horcones.

Tiene la fecha de 1867 -me explica. Estaba puesta en el centralito, en un campanario. Mi abuelo contaba que vinieron los insurrectos, trajeron un mulo y la tumbaron para llevársela, pero aquello era imposible. Es incalculable lo que pueda pesar eso.

Doy un campanazo. Retumba en la llanura.

De ahí se cayó un sábado por la tarde -sigue Luis. Entonces mi abuelo trajo cuatro palos, cuatro horcones de jiquí, la subieron y está puesta ahí. Hace más de sesenta años que está ahí.

Asturias es un extraño caso de arraigo: la misma familia, el mismo paisaje, Cuba girando en torno, vertiginoso telón de fondo. Los huracanes y la canícula no erosionan estas piedras. Este caso cada vez me parece más raro. Asturias no está bastante lejos para evadir las vicisitudes. Pero se cae un muro y lo alzan. Así sobreviven a los desmoronamientos y a las revoluciones. Luis no comprende que a mí me extrañe.

-Esta tierra tiene que esconder algo…

Luis Landa lo toma literalmente:

-Aquí se ha buscado de todo y no hay ni una peseta. ¡Ave María, ni se sabe la gente que ha venido! Con aparatos, con todo, y qué va. No, aquí no hay nada.

Maykel González Vivero
On Cuba Magazine, 24 de abril de 2016.

Foto: Reverso de una moneda de bronce de 5 centavos del Ingenio Asturias, emitida en 1876 por Joaquín Polledo, quien también acuñó monedas por valor de 10 y 50 centavos y un peso y que aquí pueden ver. En los siglos XIX y XX, era común que ingenios cubanos emitieran monedas que servían de vale para sus empleados, como hicieron los centrales Chaparra, La Julia, Mercedita, Santa Lucía, San José y San Miguel, entre otros. O empresas como trenes La Bahía de La Habana y comercios como Cantina de los Canos y Tienda Económica. Tomada de MANTIS.

Nota.- Joaquín Polledo fue el primer inmigrante de la familia asturiana Rionda-Polledo que en el siglo XIX emigró a América (Estados Unidos) y es el fundador de la Polledo, Rionda & Company. Tres sobrinos le siguieron los pasos: Francisco, Joaquín y Manuel. Francisco se casó con la hija de un barón del azúcar en Cuba y funda el central Elena. Los tres sobrinos trabajaron en la industria azucarera e hicieron inversiones en Estados Unidos y Cuba, sobre todo en ingenios azucareros y refinerías.

Uno de los sobrinos, Joaquín Rionda Polledo (1850), murió ahogado en el río Tuinucú (actual provincia de Sancti Spiritus) el 7 de abril de 1889, a la edad de 39 años. Los Rionda-Polledo están emparentados con los Fanjul. Un hijo de Higinio A. Fanjul Rionda, Alfonso G. Fanjul Estrada (1909) se casó con una hija de otra importante familia en la industria azucarera cubana: los Gómez Mena. Datos del libro International Migration in Cuba, de Margarita Cervantes-Rodríguez y del sitio Geni (Tania Quintero).

jueves, 22 de septiembre de 2016

Cubanos de a pie, entre promesas oficiales y penurias



Desde hace dos días no entra el agua al añejo edificio donde reside Marta Romero, 69 años, ama de casa, en Los Sitios, Centro Habana, un distrito de casas con puntales altos e inmuebles de pocos pisos, la mayoría cascarones ruinosos sostenidos con vigas de madera.

Situados en el corazón de La Habana, estos barrios son cuna de jineteras, estafadores y pícaros. También del mercado negro. En ellos todo se puede negociar. Desde un féretro de cedro para sustituir al ataúd de pinotea de las funerarias estatales hasta comprar un motor diesel de automóvil y armar una lancha para emigrar a la Florida.

La venta de agua también es un negocio. Mientras conversa, Marta espera un aguador que le llenará tres tanques plásticos de cien galones, colocados en un techo fundido en la parte posterior de su cocina.

“Llenar cada tanque me cuesta ochenta pesos, 270 pesos en total. Pero es más barato que pagarle a una pipa (camión cisterna) que cobra 30 cuc o 750 pesos por llenar la cisterna del edificio. Con mi pensión de 200 pesos no pudiera pagar el agua. Puedo hacerlo, gracias a mi esposo y mis hijos que se la pasan inventando”, afirma Marta.

'Inventar' es un eufemismo que en Cuba enmascara el robo a instituciones estatales o negocios ilegales. Orlando, esposo de Marta, gana dinero de diversas formas. Lo mismo vende detergente robado de una fábrica cercana que un lote de gafas piratas Ray Ban traída la noche anterior desde la zona franca de Colón, en Panamá.

La gente le encarga cualquier cosa. Un vecino le dice que necesita un motor de agua con un equipo de presión y diez cajas de cerámica de piso. Orlando le responde: “Pasa el fin de semana, a ver si aparece”.

Y casi siempre ‘aparece’. “Lo primero que hago es averiguar con mis contactos, gerentes de tiendas, jefes de almacenes o personas que traen cosas de Miami, Ecuador o Panamá. Siempre juego limpio, me gano un dinero por la izquierda, pero nunca estafo a ningún cliente. Algunos me dan el dinero por adelantado”, explica Orlando.

Sus hijos también viven de lo que se 'cae del camión'. El varón vende tabaco que sale por la puerta de atrás de una tabaquería de la zona y la hembra arregla uñas y cabellos y comercia perfumes sin licencia de la ONAT, institución que administra el trabajo privado.

Pero ese esfuerzo, que linda con ilegalidad, no se ve recompensado. El techo de su vivienda necesita reparación. En diferentes tramos se ha levantado el repello y se observa el acero herrumbroso.

En la sala, los muebles son de mediados del siglo XX. Una mesa de caoba de seis sillas recién tapizadas, dos sillones de madera que necesitan ser barnizados y un televisor a color desfasado de rayos catódicos. En un extremo, un refrigerador chino que cada dos semanas hay que descongelarlo.

En la cocina puede verse una arrocera, una olla eléctrica y una cafetera expreso, aunque Marta suspira por un microwave y una lavadora automática. “Tengo unos pesos ahorrados, pero aun me falta más de la mitad para comprar el microwave. De la lavadora no hago planes, eso le tocará a mis nietos. En Cuba nunca se puede tener todo lo que uno quisiera. Cosas que son normales en otros países, aquí son un lujo. Todo es con mucho sacrificio, muy sangríao”, confiesa Marta.

Del radio que hay en una mesita en la sala, se escucha la voz de un locutor anunciando que el Estado topará los precios en más de dos mil agromercados. También habla del crecimiento de la producción de carne de cerdo y anuncia que un central de Taguasco, Sancti Spiritus, cumplió su plan de la actual zafra azucarera.

“En Cuba las cosas marchan bien solo en la radio, en el noticiero de la televisión y en el Granma”, expresa. Pero no le pregunten a Marta ni a su familia sobre temas políticos. Las respuestas son calcadas a la de muchos cubanos que desayunan café sin leche.

“La política es muy cochina. Esto no va a cambiar. El gobierno lo tiene todo bien atado. Los de abajo siempre vamos a estar igual. Es lo que nos tocó”, y añade un largo rosario de lamentaciones propio de personas resignadas.

En Cuba, las quejas no trascienden de las salas de los hogares, las esquinas de los barrios o del interior de los 'almendrones' y taxis colectivos. La solución, dicen, es adaptarse a las circunstancias o emigrar.

Si usted camina por La Habana escuchará innumerables críticas al gobierno, algunas subidas de tono, pero hasta ahí. No existe un marco legal para canalizar el descontento.

La gente de a pie ya no cree en las promesas oficiales ni que algún día ‘un socialismo próspero y sostenible’ mejore sus vidas precarias.

Antes que cambiar el estado de cosas, se prefiere robar a instituciones estatales. O 'inventar'. Un verbo que en Cuba tiene muchas acepciones.

Iván García
Foto: Tomada de La escasez de agua adquiere rostro de mujer en Cuba.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Montando bicicleta por el Malecón



Como ciclista soy un participante activo, no compito, pero supongo que puedo ser llamado “ciclista deportivo” en lugar de “deportista”.



El ciclismo es una iglesia amplia, que cruza las fronteras internacionales y funcionales. La música comparte estas cualidades.



Creo que al igual que la música, las cualidades existenciales del ciclismo conducen a un sentido de comunidad engendrado inconscientemente.



Fue ese sentido comunitario el que sentí, aquella mañana todavía nebulosa, pero brillante, mientras fotografiaba a los que conducían elegantemente durante todo su trayecto en los alrededores del Malecón.



Texto y fotos: Andrew Smith
Havana Times, 29 de enero de 2016.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Convertibles para los antiguos enemigos



Con las ruinas del socialismo y el glamour de los almendrones americanos de los años cincuenta como escenario morboso y especial para estrellas internacionales de la moda, la música, el cine y la televisión, la dictadura ha conseguido que la vida real de los cubanos, la represión, las golpizas, la escasez, la marginación y las duras cifras de la emigración pasen a un segundo plano en los principales medios de prensa de la vieja Europa.

Es verdad que lo espectacular, lo novedoso, es que Chanel desfile en el Paseo del Prado para la familia de los Castro, unos cuantos amigos y otros tantos guatacas locales agradecidos y emocionados. Como es cierto que la noticia, al menos en España, sea las próximas visitas de los cantantes Julio Iglesias y Raphael y del compositor José Luis Perales, y que otros artistas se preparen para pasear con lentes oscuros por el Malecón en convertibles repintados y con carburadores de yipis rusos.

Sólo los columnistas conocedores de aquellas realidad y comprometidos con la situación de los cubanos que viven bajo el castrismo, son capaces de matizar esas informaciones con detalles como el que las decenas de ancianos que, desde el Parque Central vieron pasar las modelos de Chanel rumbo al Prado, ganan con sus pensiones el equivalente a 36 centavos de dólar al día.

Las notas sobre personajes famosos no permiten espacios para los 93 presos políticos que padecen en las prisiones de la isla. Un informe de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional confirmó que Cuba tiene hoy algunos de los presos políticos más antiguos del mundo porque un total de 21 han permanecido entre 24 y 13 años en cárceles de alta severidad.

Tampoco se halla sitio en los grandes periódicos de Europa ni para reseñar las variantes represivas que ha impuesto la policía política contra los opositores pacíficos, los periodistas independientes, los artistas rebeldes y las Damas de Blanco.

“Después de la visita de Barack Obama se ha recrudecido la violencia policial”, ha dicho Berta Soler, líder de las Damas de Blanco. “Si no estamos en la Quinta Avenida todos los domingos es porque estamos presas, pero vamos a ejercer nuestra libertad donde quiera que estemos”.

La existencia cotidiana de los cubanos de a pie y de bicicleta china no ha cambiado como no sea para ver, de vez en cuando, desde lejos, unos sets cerrados por la policía donde actúan y hacen sus musarañas personas civilizadas y famosas que viajan a una isla donde eran el enemigo y estuvieron prohibidos y ahora son huéspedes exclusivos que se retratan complacidos con quienes los prohibieron.

Raúl Rivero
El Nuevo Herald, 15 de mayo de 2016.
Foto: Las hermanas Kim y Kourtney Kardashian paseando por el Malecón de La Habana. Tomada de Noticias 24.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Plazas y parques de La Habana Vieja



La Habana ha vivido una explosión turística en el último año. Muchos de los que habitamos esta ciudad no recordamos nunca antes, haber visto en sus calles, parques, plazas y avenidas una cantidad de turistas similar a la de hoy.



Provenientes de las más disímiles latitudes y, sin duda, motivados, por los aires de normalización que soplan desde Washington, un sinnúmero de turistas ha arribado en los últimos meses curiosos por conocer de primera mano la realidad cubana.



Cámara en ristre y haciendo fotos por doquier se pasean por la ciudad; por tal motivo hemos querido mostrar un grupo de imágenes de algunas de las plazas y parques más fotogénicos y turísticos de la Habana Vieja, indudablemente, uno de los principales centros de atracción de la capital de todos los cubanos.



La Plaza Vieja, con su exposición de perros mexicanos, su fuente y la famosa Casa de la Cerveza; la Alameda de Paula, en la Avenida del Puerto, con su muelle flotante; la Plaza de Armas con sus vendedores de libros antiguos; la Plaza San Francisco de Asís, también conocida como Plaza de las Palomas; el Parque Central; la Plaza de la Catedral, entre otros, son lugares muy cercanos entre si y conforman uno de los núcleos más bellos y mejor conservados de la ciudad.



Texto y fotos: Ernesto González Díaz
Havana Times, 9 de marzo de 2016.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cuba: el régimen cuenta la historia a su manera



Sentados en la acera o arriba de enmohecidos muros, a la entrada del antiguo colegio de enseñanza primaria Thomas Alva Edison, hoy preuniversitario Francisco de Miranda, en la barriada de La Víbora, a treinta minutos del centro de La Habana, seis estudiantes con uniformes azules, comentan sobre la liga española de fútbol, charlan de moda o se pasan audiovisuales musicales mediante Zapya, una de las aplicaciones estrellas para móviles en Cuba.

Cuando usted le pregunta el día que nació la República, se miran unos a otros como intentando buscar colaboración para responder la interrogante. Jonathan, quizás el más atrevido, se tira a la piscina.

“El primero de enero, es obvio”, dice, haciendo un gesto con sus hombros por lo tonto que le parece la pregunta. ¿Estás seguro?, insisto. Y todos dan por buena la respuesta.

Daniela, es la única del grupo que tiene dudas. “Creo que el 20 de mayo se fundó una República en Cuba, pero ya no se tiene en cuenta, porque fue mediatizada, al estar bajo el control de Estados Unidos. Cuando de verdad fuimos independientes fue en enero de 1959. Al menos eso dicen los libros de historia que damos en la escuela”.

Si usted a niños, adolescentes y jóvenes, en las edades comprendidas de 9 a 16 años, les pregunta sobre el día de la independencia y de otros temas nacionales o internacionales, notará profundas lagunas provocadas por décadas de adoctrinamiento pedagógico en la historiografía cubana y mundial.

Pero entre los cubanos mayores de edad el panorama es similar o peor. De nueve adultos encuestados, cuatro desconocían cuál era la fecha fundacional de la República. De los cinco que conocían la respuesta, dos eran mayores de 60 años, y todavía recuerdan la importancia del 20 de mayo en Cuba antes de los barbudos.

“Cómo no voy a recordar esa fecha. Ese día en mi casa colgaban una bandera cubana y estrenábamos ropas nuevas. En los colegios, públicos o privados, se visitaban sitios históricos. En mi escuela nos llevaban al Hogar del Veterano, donde estaban internados varios mambises y departíamos con ellos”, rememora Gustavo, jubilado.

El desconocimiento y los gazapos de muchos cubanos sobre una fecha tan importante son imputables al régimen de Fidel Castro. Al llegar al poder, él erigió una versión de la historia a conveniencia.

Algunos sucesos se obviaron, minimizaron o burdamente se borraron. Otros se tergiversaron chapuceramente o sutilmente se manipularon. No pocos cubanos dan por hecho que José Martí fue el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba organizado por Castro en julio de 1953, que Cuba era una neocolonia de los Estados Unidos y que la victoria en Bahía de Cochinos fue la primera derrota del imperialismo yanqui en América.

Todos los que nacimos después de 1959 aprendimos la historia en blanco y negro. Sí, el nacimiento de la República estuvo condicionado por la injerencia estadounidense, quedando plasmado en la Enmienda Platt, concesiones de tierra, licitaciones a empresas norteamericanas e intervenciones militares.

Pero hay que ubicarse en el contexto histórico. Cuando usted mira un mapa de principios del siglo XX, una amplia franja de naciones en Asia y África eran dominadas por sus metrópolis. Fue duro para muchos asambleístas cubanos aprobar una Constitución con ese fatal apéndice. Pero la Carta Magna de 1901 contenía elementos clásicos de las constituciones modernas en lo relativo a la separación de poderes y derechos individuales.

Por supuesto, fue una democracia imperfecta. Desigualdades, pobreza extrema, sobre todo en el campo, y gobernantes corruptos que convirtieron al Estado en un trofeo de caza. Pero en 1958, los hacendados y empresarios cubanos eran dueños del 70 por ciento de los negocios. La ignorancia de muchos compatriotas va más allá del día de la República.

Un segmento importante de estudiantes desconocen los crímenes de Stalin, el Holodomor o genocidio en la región de la Ucrania soviética y que debido al hambre cobró la vida a siete millones de personas. O el Tratado Ribbentrop-Molotov, un pacto con el fascismo alemán para compartir Europa del Este. Poco o nada se conoce sobre las intervenciones del Ejército Rojo en Budapest, Praga o Afganistán y el gobierno verde olivo, que se considera antiimperialista, jamás condenó la ocupación de Crimea por Vladimir Putin en 2014.

Del estado gamberro de Corea del Norte, impresentable dinastía comunista y sus chantajes atómicos, no escriben los medios en Cuba. Ni del tráfico de piezas aéreas y viejos aviones Mig cubanos rumbo a Pyongyang, detectados en Panamá en 2013, violando leyes vigentes de la ONU.

Por supuesto, existe un silencio absoluto sobre las empresas y funcionarios cubanos implicados en los Papeles de Panamá. Con la ampliación de los servicios internet, los interesados en conocer la podredumbre en las alcantarillas del poder y el pasado subversivo de la autocracia castrista, pueden verificarlo.

Pero por su alto costo -una hora de navegación en internet representa el salario de dos días de un profesional-, ha convertido a la red de redes en Cuba, fundamentalmente en una vía para comunicarse con sus parientes en otros países.

Detrás del desconocimiento de los estudiantes de bachillerato de la Víbora, y de muchos otros cubanos, existe un marcado interés oficial de describir la historia de Cuba y el mundo a su manera. Sin matices.

Iván García
Postal tomada de Pinterest.
Leer también: La memoria en Cuba según se mire.