jueves, 22 de junio de 2017

Atrapados por el rigor castrense de las escuelas militares



De día viste uniforme verde olivo e imparte clases en una escuela de cadetes. De noche se maquilla con colores subidos, se pone un vestido ceñido, tacones de puntera afilada y gafas onda retro.

Llamémosla Yamila. Tiene 21 años, es alumna de una escuela militar y en su tiempo libre acude con un grupo de amigas a beber unas copas y bailar al compás de Shakira o Maluma en un bar privado al oeste de La Habana.

Su deseo es ligar un novio extranjero, casarse y largarse de Cuba. “Desde mi adolescencia he estado becada en escuelas militares. Ya en el preuniversitario, como muchas de mis amigas, queríamos dejar la vida militar. Pero no es tan fácil. Cuando estudias una carrera en la enseñanza castrense, si quieres renunciar, debes esperar dos años para poder ingresar en una universidad de educación superior”, comenta Yamila.

Por falta de profesores, Yamila debe impartir clases en una escuela de cadetes. “Las privaciones son muchas. Existe un mandato en las instituciones militares en Cuba, el Ordeno del Comandante, que nos impide comunicarnos con parientes que viven en el exterior, tener amistad con personas desafectas al gobierno, leer prensa extranjera o libros considerados 'contrarrevolucionarios' y, por supuesto, tener novios extranjeros. La contrainteligencia militar nos tiene montado un gardeo tremendo. Cualquier violación se paga con una sanción de reclusión o un juicio en un tribunal militar”.

Aunque la casta verde olivo en la Isla goza de no pocos privilegios, como villas de descanso, venta de alimentos, ropa y calzado a precios subsidiados, posibilidad de tener un apartamento o comprar un auto, la oficialidad de mediano y bajo rango no suelen ser beneficiada.

“Nos dan una cuota de cigarros con peste a viejo, algunos productos de aseo y unas libras de viandas, pollo y arroz. A cambio de lealtad absoluta al Partido, Fidel, Raúl y los jefes”, apunta un sargento.

Las instituciones militares tienen una enérgica presencia en la vida nacional. En la vieja mentalidad caudillista de los hermanos Castro, Cuba es un archipiélago amenazado por el ‘imperialismo yanqui’, que espera la más mínima debilidad para agredirnos.

A tono con esa concepción, la autocracia isleña ha diseñado una formidable estructura militar imbricada en todos los reglones económicos que aportan moneda dura. Ya sea administrar hoteles, empresas de punta o las telecomunicaciones.

Los cañones anacrónicos y herrumbrosos tanques T-62 de la etapa soviética descansan en refugios soterrados y en un futuro próximo pudieran exportarse como chatarras.

En los años que Fidel Castro tenía un cheque en blanco cedido por el Kremlin, el ejercito tenía más de un millón de hombres en armas, tres mil tanques de guerra y una flota de casi trescientos aviones de combate. Era el más grande de América Latina. Por vez primera en la historia de Cuba, sus fuerzas armadas participaron en guerras en el extranjero. Y en 1962, con la anuencia de Fidel Castro, llegó a emplazar cohetes atómicos cedidos por Nikita Kruschov.

Luego que el comunismo ruso dijera adiós, el atraso productivo y económico local fue el catalizador para una reducción importante en las fuerzas armadas.

Ahora mismo, el ejército de tierra, mar y aire cuenta con alrededor de 170 mil miembros y una reserva de dos millones de hombres. Todavía demasiado grande para un país pobre que no juega ningún rol en la órbita del liderazgo mundial.

El futuro de Cuba es el turismo, y si se invierte, el conocimiento humano y saber capitalizar las inversiones foráneas. Como Costa Rica, no necesitaría ejercito y desde ahora debieran derogar el Servicio Militar Activo.

Esa carga onerosa lastra el crecimiento económico en una sociedad envejecida. La respuesta de las autoridades a un ejército sin contenido de trabajo fue reconvertirlo como protagonista y albacea de la economía nacional.

Actualmente, los militares controlan el 80% de la economía y el holding GAESA igual administra la elaboración de carbón de marabú, 30 mil habitaciones de hoteles que el Puerto del Mariel, a 40 kilómetros de La Habana.

“Pensando en ese futuro, es que las FAR no quieren que los estudiantes de carreras militares la abandonen. Para la alta oficialidad, nosotros somos el relevo para fiscalizar y gestionar las empresas rentables en el país. Pero para llegar hasta ahí, hay que soportar desmanes y cumplir normas anacrónicas”, cuenta Yamila, quien ve su futuro lejos de Cuba.

El régimen cubano es un como un dragón de dos cabezas y un escudo.

Una cabeza, la pensante, de líderes históricos que gobiernan a perpetuidad y que en un futuro se rotarán en estrambóticas elecciones con la participación de candidatos de un solo partido.

La otra cabeza es la Seguridad del Estado, que fiscaliza, reprime y sanciona el pensamiento liberal y a la disidencia que apuesta por un capitalismo moderno y democrático.

El escudo lo conforman unas fuerzas armadas que como teatro de operaciones tiene la administración de los negocios de la junta militar. Un capitalismo de Estado en toda regla. Como el Vaticano. Pero sin Papa.

Iván García
Foto: Estudiantes de escuelas militares durante un desfile por la Plaza de la Revolución. Tomada Gentleman's Military Interest Club.

lunes, 19 de junio de 2017

Jineteras especializadas



El sol transforma en un horno los adoquines del desolado parque de las palomas, contiguo a la Lonja del Comercio. Algunos turistas caminan por los tenderetes privados de La Habana antigua que venden maracas, tumbadoras o los mismos lienzos de siempre con viejos autos estadounidenses pintados en colores brillantes y la Catedral de fondo.

Pero Yanisbel (los nombres han sido cambiados) escudriñaba desde su mesa en un café al aire libre a un grupo de gringos maduros que bebían un mojito tras otro, como si fuera limonada.

A menos de cien metros, reposaba el crucero Adonia y sus pasajeros, desperdigados por la ciudad, con guías turísticos recorrían mercados cercanos para comprar habanos y ron añejo, otros se hacían fotos.

Pero estos norteamericanos optaron por un maratón alcohólico. Yanisbel y su amiga, en apariencia de manera casual, se llegaron a la mesa con el viejo truco de pedirles una fosforera para encender sus cigarrillos mentolados.

Un vestido ceñido con escote atrevido, un perfume anestesiante y una gestualidad corporal -y universal- de hembra en plan de fiesta, siempre causa el efecto deseado en un grupo de hombres después de haberse bajado media de docena de mojitos bien cargados de ron.

“De diez veces, nueve damos en el blanco. Esa jugada no falla. Los tipos comenzaron a flirtear, y cuando vieron que hablábamos inglés, entraron en confianza. Tres horas después estábamos bailando salsa. Por la noche nos invitaron a Tropicana y matamos la jugada en un apartamento de alquiler en el Vedado. A mi amiga y a mí nos pagaron 200 dólares. Hicimos casi de todo”, cuenta Yanisbel con una sonrisa pícara.

El reciente flujo de visitantes y turistas procedentes de Estados Unidos, ha provocado nuevas estrategias en la fauna marginal que vive de la prostitución y de negocios por la izquierda.

Los yanquis tienen fama de ser espléndidos. “Ni los españoles ni los mexicanos pagan más de 50 dólares por una noche. A no ser que se reprendan con una chica o chico”, comenta Yusnier, que es pinguero, como en la Isla le dicen a quienes se dedican a la prostitución masculina.

Supuestamente, los estadounidenses que viajan a Cuba deben enrolarse en alguna de las doces categorías autorizadas por el gobierno de Barack Obama bajo el acápite de 'contactos pueblo a pueblo'. Pero esas normas son letra muerta.

“Le llaman las doce mentiras. Cualquiera en Estados Unidos propone un proyecto de viaje y saca el boleto rumbo a La Habana. No se puede hacer turismo, pero ¿quién va venir a Cuba y no visitar Varadero o tener sexo con una cubana joven y bonita? Es el mejor contacto pueblo a pueblo que puede existir, porque además le ayuda a aliviar su precaria situación económica”, expresa un turista estadounidense que viajó en el crucero Adonia el lunes pasado.

Es raro encontrar una jinetera cubana que al menos no sepa un par de oraciones en inglés. “De las películas pornográficas aprendí a decir Oh, my God, y otras expresiones cuando estoy haciendo sexo con un yuma. Cuando la arribazón de yanquis comience de verdad, las jineteras que no hablen inglés se morirán de hambre o tendrán que buscar el dinero con clientes del mercado nacional”, expresa Noemí, una trigueña que asegura haber gastado el equivalente a 350 dólares en colocarse implantes en caderas, nalgas y senos.

Camila alterna sus estudios de bachillerato con la prostitución ocasional, y cree que al estadounidense promedio le gusta la mujer con cuerpo natural. “Da igual si son negras, mulatas o blancas, pero que al menos tengan una conversación inteligente. Ahora hay que cultivarse más. No todos los yumas ni los europeos vienen en busca de sexo. Muchos desean conocer detalles de esa cosa rara que se llama Cuba”, subraya.

Yesenia cuenta su estrategia para cazar turistas de billeteras macizas, fundamentalmente cubanoamericanos. Su meta final es emigrar a Estados Unidos. “Quiero empezar haciendo Pole Dance en una discoteca en Miami Beach e ir guardando dinero para abrir un gimnasio o una peluquería”, confiesa.

Antes, Yesenia debe ir en busca de clientes. “Suelo ir a bares de renombre como el Floridita o Sloppy Joe's y a paladares caras, a ver si pesco un yuma. De mi bolsillo me he pagado dos noches en un hotel 'todo incluido' de Varadero o Cayo Coco. Es una inversión rentable. Cuando regreso a mi casa, vengo con 500 o 600 pesos convertibles”.

Luisa, una morena que alguna vez fue jugadora de baloncesto juvenil, considera que una buena conversación, ser agradable y educada es la mejor carta de presentación. “No es aconsejable vestirse como una prostituta ni con ropa del Dolarazo de Miami. Mi meta es enganchar a un tipo que me saque de esta mierda de país. Si me puedo ir casada, mucho mejor”.

Jineteras cubanas de cualquier categoría, ya sean putas baratas, de clase media o 'grandes ligas', se diferencian de sus homólogas en América Latina porque más que sexo, buscan una visa. A cualquier sitio. Preferentemente a USA.

Iván García
Foto: Tomada de El Cubano Intransigente.

jueves, 15 de junio de 2017

Las mafias que heredará la Cuba del futuro



Cuando llega el momento de contar y repartir el dinero siempre buscan a Gerardo (los nombres han sido cambiados), un tipo ocurrente que bebe ron como un cosaco.

En una oficina estrecha y climatizada, encima de un buró de cedro, se apilan decenas de paquetes con billetes, de acuerdo su denominación. A la derecha, el devaluado peso nacional. A la izquierda, el peso convertible.

El administrador, su segundo o Gerardo, el jefe de almacén, son los únicos autorizados para distribuir el dinero. Gerardo cuenta con la agilidad de un tahúr profesional. “No me gusta usar la máquina de contar billetes. Prefiero hacerlo manualmente, a la vieja usanza. El administrador se lleva un 20 por ciento más. El segundo administrador y yo, a partes iguales. El resto es para repartir entre el jefe de la empresa, el director de gastronomía municipal, el tipo que está al frente de la inspección y un fondo que tenemos en caso de reparaciones”.

En todos los centros nocturnos, cafeterías y restaurantes estatales es más o menos igual el procedimiento. “Los que venden menos, ganan menos y para arriba reparten menos cantidad. Lo que ganan más reparten más. Ha sido así toda la vida. Da igual que sea una unidad gastronómica o un cabaret y que la empresa pertenezca a Recreatur o Palmares. En Cuba, todas las empresas de Comercio Interior, CUPET, turismo o gastronomía lucran con el dinero del Estado. Y cuando digo todas, son todas. El administrador de un centro que sea honesto, los propios directivos, en combinación con los empleados, lo explotan (hacen que dimita)”, explica Gerardo.

En la Isla existen diferentes organizaciones dentro del sector de servicios y almacenes los abastecen y ganan dinero en abundancia. Las estructuras son un calco de los grupos mafiosos.

“Siguen diferentes protocolos. Hay gerentes que reparten menos entre sus trabajadores. Pero quien administra un centro de servicio del Estado, sabe que debe garantizarles el dinero a sus superiores. De lo contrario, las inspecciones y auditorías las tienen encima a toda hora. Si caes preso y no has chivateado a nadie, los directivos de la empresa te mantienen a la familia, te pagan buenos abogados y cuando sales de libertad te reintegran la negocio por la izquierda. Si se te ha ido la lengua, te entierran en vida. A los tipos molestos se los quitan de encima pagándole a un delincuente para que le propinen una golpiza”, apunta un ex directivo de turismo.

El ex directivo señala que “alrededor de los negocios que mueven comida, bebidas y divisas, siempre hay una legión de aprovechados, ya sean funcionarios del Partido municipal o provincial, altos oficiales del G-2 o la policía, a los cuales se les regalan cosas y nunca pagan cuando van a cenar o hospedarse. Llegado el caso, te sirven de instrumento”.

Para un sociólogo, las instituciones cubanas de servicios, son el embrión perfecto de futuras organizaciones criminales dentro del país. “Como ocurrió en Rusia y otras naciones ex comunistas, que no supieron hacer una limpieza a fondo con los antiguos funcionarios del régimen. Si en Cuba no barremos con esos vicios, con el dinero ganado y su red de corrupción, los clanes mafiosos controlarán futuros negocios y comprarán tribunales y hasta la misma policía. Si se apuesta por una democracia disfrazada y no verdadera, eso es lo que pasará”.

Charly, comprador en una empresa, considera que la “corrupción, distorsiones y complicidades dentro del aparato estatal es el que mantiene con vida al sistema. A nadie le interesa más que las cosas no cambien, o aparentar que cambian sin cambiar nada, que a los directivos de turismo y empresas de gastronomía, comercio, distribución y servicios. Pues te permite hacer un billete gordo por la izquierda. Aquí las cosas funcionan así. Desde otorgar una licitación hasta comprar determinado producto, tienes que mojar con dinero a unos cuantos”.

Lo peor, opina el sociólogo, “es que estas deformaciones generadas por el Estado son muy difíciles de aniquilar. Es como luchar con un dragón de múltiples cabezas, cuando cortas una, aparecen dos más. A eso súmale las pandillas, aún en embriones, de marginales que se dedican a estafar y traficar con drogas. Cuando existan mayores espacios y menor control social, se transformarán en capos de las drogas o cárteles que también querrán una parte del pastel”.

Expertos consultados consideran que lo ideal sería barrer de arriba abajo las actuales estructuras directivas de producción y servicios del país. Incluso puede que ni así se garantice que los focos mafiosos se incuben en una hipotética democracia.

En países democráticos también existen mafias y delitos de cuello blanco. El problema es que sobrevivan la menor cantidad posible.

Iván García
Diario Las Américas, 28 de abril de 2017.
Foto: Tomada de la BBC.

lunes, 12 de junio de 2017

Matones en La Habana



El detonante de la rencilla donde encontró la muerte el joven Daniel Rodríguez, con apenas 19 años de edad, fue la deduda adquirida en una pelea de gallos finos, según lo registrado en las actas de la Causa 368/2015 del Tribunal Popular de La Habana.

La riña no fue una simple trifulca a puños, sino una larga contienda de disparos con armas de fuego al estilo de un filme del Oeste. Sucedió una vez en el Reparto Eléctrico y aunque no ha pasado mucho tiempo, la gente del lugar apenas lo recuerda a fuerza de vivir acostumbrados a episodios similares.

Los ajustes de cuentas, fundamentalmente por deudas, no son hechos aislados en los barrios marginales de la capital. Aunque la violencia no alcanza los niveles alarmantes que en otras ciudades de América Latina, desde finales de los años 80, se aprecia una tendencia al aumento de los delitos asociados e incluso se registra la aparición de figuras propias del llamado “crimen organizado”.

Si bien el matón o sicario no es un personaje nuevo en el mundo de la delincuencia habanera, hoy en día es más frecuente escuchar hablar en la calle de la posibilidad de contratar los servicios de un criminal para resolver querellas relacionadas con el juego de interés, la prostitución, incumplimientos de préstamos monetarios, comercio de drogas, tráfico de personas e incluso cuestiones de la vivienda y sus enredadísimos trámites de legalización.

Abundan los testimonios de personas que han vivido la pesadilla de que algún enemigo les haya colocado precio a sus cabezas o a las de algún familiar cercano. Es el caso, por ejemplo, de Xiomara Verdecia, madre del joven Daniel Rodríguez, quien cuenta cómo días antes de que le mataran al hijo, había visto a los matones rondar la casa:

“Venían en un carro y se parqueaban delante de la casa. Allí pasaban rato, así un día tras otro. Le estaban cazando la pelea”, me cuenta Xiomara, que pudo haber perdido a su otro hijo, Yunier, actualmente en prisión por el delito de tenencia de armas de fuego.

Hace apenas unos meses, medios de prensa independiente reportaron el asesinato de una persona en la zona wifi del Parque Fe del Valle, al comienzo del Bulevar, en San Rafael y Galiano.

No se ofrecieron demasiados detalles del suceso y la policía, como es usual en Cuba, jamás se pronunció públicamente sobre el caso. Sin embargo, se intuye que la acción fue ejecutada por un matón.

“Los pocos testigos que hay vieron a un sujeto descender de un carro y aproximarse directamente a la víctima a la que ultimó de una sola puñalada. Era muy temprano, casi no había nadie. De inmediato, y con tremenda frialdad, lo vieron volver de nuevo al carro y huir del lugar”, comenta un funcionario de la policía.

Para quienes conocen la realidad desde el mismo epicentro del fenómeno, el caso del Parque Fe del Valle, es la típica ejecución de un sicario y no una elemental pelea entre dos rivales:

“No hubo una discusión previa, simplemente llegó y lo mató. Eso es lo que hace el matón. No se pone a discutir, hace su trabajo lo más limpio posible y no establece comunicación con la víctima. El matón hace el trabajo y ya”, explica Roger, alias El Pochi, quien guardó prisión durante quince años por un delito de asalto con arma blanca.

Alberto, un recluso que cumplió sanción en una prisión de Sancti Spíritus por el delito de tenencia de armas de fuego y asesinato, y actualmente en libertad condicional por buena conducta, nos ofrece una visión diferente. Para él no existe un patrón que defina el trabajo de los sicarios pues no todos lo consideran un oficio sino un trabajo circunstancial.

“No es que fulanito o menganito se dediquen a eso. Es que tú estás en problemas y necesitas que te ayuden y entonces aparece alguien que a veces hasta por 20 fulas (dólares) da una golpiza, quema un taller, mata unos animales... Matar a alguien siempre cuesta más, pero igual, porque son gente a las que tú les dices, 'oye, me hace falta que me quites a fulanito de encima, y el tipo se encarga por 200, 500, mil fulas... No creo que exista mucha gente que se dedique a eso, son gente que aparece y ya. Yo nunca he conocido a ninguno aunque, claro, nadie te va a decir que lo es”, asegura Alberto.

Aunque oficialmente se hace silencio sobre estas cuestiones, que no ayudan a proyectar una buena imagen del país o que pudieran cuestionar la eficacia de una ideología socialista por su incapacidad de erradicar lacras sociales que, supuestamente, solo habrían de ser generadas por sociedades capitalistas, los tribunales y las fiscalías procesan estos asuntos.

Tatiana Reyes, abogada que ha atendido algunos de estos casos, dice que se están viendo con más frecuencia. “Se reconoce que existe la figura del matón y que los cambios que ha habido en la economía cubana, la aparición de la propiedad privada, el mercado negro, la corrupción ha provocado un aumento de la criminalidad. Ya no es el delincuente de los años 90, en pleno período especial, que asaltaba para quitar un par de zapatos o para arrebatar una cartera a una anciana, ahora cuando se habla de criminalidad hay que incluir el tipo al que se le paga para que destroce un bar o una paladar que le hace competencia a otros, el tipo al que se le paga para que le corte la cara a una jinetera que engañó al chulo, y está el que mata porque ya se habla de miles de dólares, de cientos de miles de dólares en deudas de juego, en bancos privados, en drogas”.

Librado, un guantanamero que residía temporalmente en La Habana y actualmente cumple prisión en Santiago de Cuba por haber lesionado a una persona en una pelea callejera, en conversación telefónica nos cuenta sobre su experiencia personal:

“A mí me mandaron a matar, no tengo duda sobre eso. Yo no conocía al tipo personalmente pero sí lo vi algunas veces en las peleas de gallos. Pero en ningún momento él y yo acordamos nada. La deuda mía era con otro. Nunca había jugado en la localidad de Pedro Pi, pero fui porque mi gallo todo el mundo lo conocía y nadie quería pelear con él. Pero en Pedro Pi (donde existe una de las más famosas vallas clandestinas de Cuba) nadie sabía del gallo y yo aposté dos mil quinientos dólares para cinco mil, pensando que iba a ganar al seguro, y nada, perdí. No pude pagar y ahí me echaron los perros (lo mandaron a matar). Donde hay pelea de gallos, hay matones, si no, cualquiera va y estafa. Si te escondes en Miami, es donde más rápido te la aplican. Yo me fui para Guantánamo, al municipio Manuel Tames, donde nadie sabía, pasó un año y pico y allí me fueron a buscar y me encontraron".

La proliferación de negocios clandestinos o semiclandestinos, la necesidad de sus dueños de crear leyes y códigos propios que les permitan subsistir en medio de complicadas estructuras que, durante años, han sido creadas en esa economía paralela a la oficial, donde quizás se mueva mayor cantidad de dinero que la que llega a las arcas del Estado, el empeoramiento de la crisis económica y el ambiente de oportunismo creado por aventureros foráneos y funcionarios corruptos, es el caldo de cultivo idóneo en el cual, con el paso del tiempo, la criminalidad en Cuba y el fenómeno de los matones, dejará de ser un síntoma de enfermedad aguda, pasajera, y quizás se transforme en un padecimiento crónico para el que será difícil encontrar la cura.

Ernesto Pérez Chang
Cubanet, 5 de mayo de 2017.
Foto: Tomada de Cubanet.

jueves, 8 de junio de 2017

Alcohol, drogas y reguetón: así algunos cubanos evaden la depresión



Habla a una velocidad alucinante, en una jerga que se reinventa cada día en el bajo mundo habanero. Asesina el castellano con frases imposibles de descifrar para alguien que no resida en Cuba. Mientras conversa, mueve las manos como aspas de ventilador. Viste a la moda. Vaquero ceñido al cuerpo repleto de parches, gafas onda retro, zapatillas de puntera afilada y un peinado estrafalario, con el pelo teñido de caoba y una cresta de gallo alisado con un cepillo caliente.

Tatuajes en brazos y piernas. Y con su galimatías verbal, intenta vendernos un análisis en blanco y negro de la vida. Le llamaremos Adrián. Es mestizo y pese a su pinta de alero de la NBA, su 10mo. grado no le alcanza para terminar de leer los subtítulos de los filmes estadounidenses pirateados que los sábados por la noche trasmite la televisión estatal.

Para él, leer libros es cosa de viejos, intelectuales o bipolares. "Leer es desperdiciar el tiempo", dice. Y recuerda la vez que estando en Cuba Sí, prisión de máxima seguridad en la provincia de Holguín, a casi 800 kilómetros al noreste de La Habana, “a un ecobio le pagué dos jarros de leche en polvo y media cajetilla de cigarros Populares para que me escribiera una carta a la jevita”.

Un lápiz o un bolígrafo es un objeto extraño para Adrián. Lo que se le da es el “bisne por la zurda, fiesta y pachanga y cuadrar locas”. La política, el futuro de Cuba y la superación personal, bien gracias. Sus temas de conversación se limitan al fútbol, reguetón, mujeres y cómo hacer dinero en las duras condiciones del socialismo tropical.

Pese a vivir como un gitano, comer lo que aparezca y beber más alcohol del recomendable, confiesa no saber qué es la depresión. “Pa’ escapar de esta mierda lo mejor es andar volao. Fumarte un prajo de maní, templar y no estresarte. Total, uno no va arreglar el país”, aconseja Adrián.

Como Adrián, en cualquier barrio de La Habana usted se encuentra con personas que viven en la marginalidad y aseguran que nunca se han deprimido ni han tenido intenciones suicidas. Uno de ellos es Gerald (nombre supuesto).

A sus socios de farándula, los espera a la entrada de la discoteca El Túnel, antiguo refugio antiaéreo reconvertido en centro nocturno en la barriada de La Víbora, al sur de la capital. Escondido en el pantalón lleva dos cajas de ron Planchao, un gramo de melca y varios cigarros de mariguana, “pa’ hacer un yayuyo”. Y añade que “encima porto dos pesetas, pa’comprarme unos tanques y luego ligar una canchanfleta barata. Cuando salgamos la disco, nos vamos pa’ la playa a descargar y formar nuestra riquera”.

Según Gerald, la mejor opción para alejar la depresión es vivir a toda mecha. “La vida es una sola, asere. No se puede coger lucha. Lo mejor es vacilar, arrebatarse y templar. Claro que si pudiera largarme de Cuba me iría. Pero en La Habana, Hong Kong o Miami, la ecuación es la misma: la gozadera. Todo el tiempo que puedas”.

Lo que queda del Hombre Nuevo, aquel delirio del Che Guevara y Fidel Castro, es una combinación de zombi con robot a la cual si le añades un poco de banalidad, el resultado es un estilo de vida ligero de equipaje, lleno de preceptos machistas y de indiferencia hacia el entorno que le rodea.

Por supuesto, un elevado porcentaje de cubanos se sienten frustrados, angustiados y deprimidos por disímiles razones: desde la falta de futuro hasta la manera de encontrar una estrategia que les permita sobrevivir en el manicomio verde olivo. El sistema implantado por el castrismo es un corsé de hierro que inmoviliza al ciudadano. Las campañas políticas, movilizaciones y la parafernalia propagandística del régimen contribuye a adormecer, adoctrinar y domar a la gente.

En Lo importante es recibir ayuda, texto aparecido en el periódico Trabajadores, el tema de la depresión era abordado. Se ofrecían datos internacionales (300 millones de personas en el mundo padecen depresión y ansiedad, el 16% de los casos en Latinoamérica), pero no se daban cifras nacionales. Junto a opiniones de cuatro especialistas médicos, se reportaba que en la Isla existen 136 departamentos municipales para el cuidado de la salud mental en el primer nivel de atención, mientras en el segundo nivel cuenta con 17 servicios de psiquiatría en hospitales generales y clínico-quirúrgicos, 15 en hospitales pediátricos y 19 en hospitales psiquiátricos de todo el país.

También se aclaraba que Cuba dispone de un servicio de consejería telefónica, el número 103, que es gratuito, confidencial y anónimo, atendido las 24 horas por un personal calificado que "aún cuando brinda orientación acerca del manejo de las adicciones, un número considerable de las llamadas solicita ayuda psicológica por trastornos depresivos".

“Alarmante. Más del 67% de la población cubana muestra síntomas de ansiedad, depresión y tristeza. Así lo revela un estudio solicitado por la dirección del país al Grupo Nacional de Psicología del Ministerio de Salud Pública ”, escribía Juan Juan Almeida en un artículo publicado el 13 de abril en Martí Noticias.

Conversé sobre el tema con un experto. “Sí, la extensa crisis económica, bajos salarios y un futuro impredecible, deprime a cualquiera. La pirámide invertida en nuestra sociedad, donde algunos profesionales ganan salarios más bajos que los de un basurero, frustra a muchos de ellos que, o dejan de ejercer sus labores y se dedican a oficios mejor pagados, buscan cómo obtener una beca en el extranjero o planifican emigrar de Cuba”.

Un funcionario de salud pública expresa que “además de los factores conocidos que provocan estrés, depresión y un modo de vida poco saludable, hay que hablar del suicidio. La tasa de muertes autoprovocadas en Cuba es la segunda del continente americano y está entre las diez primeras del mundo”.

Las penurias y ajetreos cotidianos no son aconsejables para aquellos cubanos puntuales y formales, que valoran el slogan 'el tiempo es dinero'. El caótico servicio del transporte público, las extensas colas, el desgaste provocado por la escasez de alimentos, la necesidad de alimentar a la familia con al menos dos platos calientes al día, las billeteras vacías o semivacías y, encima, tener que soportar el bombardeo a mansalva de medios informativos que manipulan o desvirtúan el acontecer nacional e internacional, desquicia al tipo más sensato.

A esa realidad, súmele el calor de infarto, ausencia de libertades políticas y vivir bajo un mismo techo con tres generaciones diferentes. Siempre queda la opción de cerrar los ojos y taparse los oídos. Evadir la realidad con ron o drogas y bailar reguetón hasta que amanezca. Como aconseja Adrián.

Iván García
Martí Noticias, 18 de abril de 2017.

Foto: Tomada de Borrachos, pero sin catarro.

lunes, 5 de junio de 2017

Rompe cráneos en Centro Habana



El biotipo Eliancito, con maricona al hombro y pistola oculta, recorre las calles de Centro Habana, recién llegado de una misión en Venezuela, donde estuvo destacado durante la semana más caliente de las protestas: su oficio es partir cabezas, disparar sin ser visto. Su maricona contiene una lata de aerosol de pimienta, una cabilla, un peinecito y una fuca. Aprendió a matar, confundido entre los manifestantes.

Su modelo es el Fidel Castro del Bogotazo, el Fidel del 48. Formar el caos es su religión. Partirle las patas a la disidencia es su destino. Es un karateca y un cobarde. Aún en posición ventajosa, enfrentado a un grupúsculo de amas de casa y panaderos ambulantes, recula.

La monada patrullera también da marcha atrás. Tienen miedo, y se les nota. Saben bien lo que se avecina: la guerra total, donde llevan la de perder. Un día los esbirros amanecerán colgados de los postes. Ya ha pasado antes en Cuba. Ya sus carotas circulan por las redes, son jetas de Facebook.

Ni la superioridad numérica consigue infundirles valor, porque hay que ser muy canalla para partirle una porra en la cabeza a un pobre desgraciado de Centro Habana. El "pan con lechón" de nuestras antiguas dictaduras es ahora el pan-con-ná raulista, un bastón importado de alguna tienda de productos paramilitares, quizás de Hialeah.

Un doble de Eliancito, un seboruco, un clon del Cangrejo, un energúmeno, un pendejo que baña de spray al mulato uniformado de la PNR que se le para delante por equivocación. Un mono de laboratorio envalentonado por la total confusión de sus víctimas, un perro pitbull amaestrado en las jaulas del DGI (Departamento General de Inteligencia).

Miren cómo cocea, el muy burro. Fíjense cómo anda disfrazado de turista este gorila.

Pero los académicos de LASA son más gorilas que él, tan esbirros como este energúmeno, tan responsables de las palizas que reciben los cubanos sin títulos ni visas.

Este bruto es la creación de la alta cultura cubana, de su silencio y su complicidad. El cerebro del karateca está tan vacío como el de uno de esos académicos que todavía recuerda la dictadura chilena. La intelectualidad cubana se esconde detrás de sus discursitos raciales para no ver lo que le pasa a los negros en las calles de La Habana.

Aunque parezca un asunto de la chusma centrohabanera, aunque parezca que trata de las cuitas de un pobre panadero ambulante, este vídeo, muestra el estado terminal de una cultura degenerada, la podredumbre social que acelera la caída de los sistemas, y detrás de ellos, la de la farándula artística, la comparsa académica e intelectual que les ríe las gracias a la tiranía, perdona a los jenízaros y se burla del pueblo.

Néstor Díaz de Villegas
Diario de Cuba, 5 de mayo de 2017.

Nota.- El título original del artículo es El biotipo Eliancito rompe cráneos en Centro Habana y apareció en NDDV, el blog del autor y Diario de Cuba lo reprodujo con su autorización.

jueves, 1 de junio de 2017

Niños cubanos de padres emigrados



Desarraigo. Es la definición que le parece más correcta a Silvio, médico de un policlínico al sur de La Habana, cuando comparte su historia personal.

Luego de una breve pausa, donde el silencio aumenta el ronroneo de un viejo ventilador con aspas polvorientas, Silvio respira profundo, concentrado, intentado dominar un volcán de emociones que ahora mismo lo embargan.

“Es muy duro. Crecer sin los consejos de tus padres. Hacerte hombre sin poder compartir tus triunfos y derrotas. Sin poder presentarles a tu primera novia, que conozcan a sus nietos o cuando te gradúas, no ver sus rostros entre el público ni poder retrarte con ellos. Sí, es muy duro, una carga insoportable”, dice Silvio en un sollozo y se tapa el rostro con las manos.

Cuenta el médico habanero que sus padres fueron sus abuelos. “A pesar de sus achaques físicos, bajo nivel cultural y vivir al limite financieramente, me educaron como un hombre de bien. Si he podido ser lo que soy es gracias a ellos. Donde quiere que estén, siempre los tengo presente”, indica Silvio, mientras se persigna y mira al techo raso intentando captar la energía de sus abuelos ya fallecidos.

“Nunca más he sabido de mis padres. Familiares cercanos me han dicho que presuntamente fallecieron cuando intentaban marcharse de Cuba en una balsa. Me aferro a la idea de que están vivos. Que algún día, por Facebook o en una carta, contactarán conmigo. He soñado muchísimas veces como sería ese reencuentro. Los niños que crecemos sin padres siempre nos aferramos a la esperanza”, subraya Silvio.

Pero no todos los niños o adolescentes abandonados por progenitores que deciden emigrar o trabajar en el extranjero llegan a convertirse en profesionales y aportan eficazmente a la sociedad.

Osvaldo, frisa los 55 años y un tercio de esa edad lo ha pasado tras las rejas. La cárcel es su segunda casa. Cuando es un hombre libre vive de estafar incautos, consumir drogas y nunca ha tenido una pareja estable.

Su vida se asemeja a viajar a 300 kilómetros por hora en un Ferrari. No hay término medio. Es todo o nada. Hablar sobre la estabilidad familiar es un ejercicio banal. Los temas de conversación de Osvaldo son el dinero, “en fulas, preferentemente,” planear estafas o ver qué próxima mujer cae en el jamo.

Pero ni la rudeza de las prisiones cubanas o sus incidentes en el bajo mundo habanero le hacen olvidar que creció sin padres. En su brazo izquierdo lleva un tatuaje habitual de los presidiarios consuetudinarios: No hay amor como el de madre. El único recuerdo de sus padres lo tiene guardado en un antiquísimo gavetero de caoba ennegrecida.

Es una foto en blanco y negro de un niño con un gorrito de cartón en la cabeza, rodeado de refrescos y un cake con tres velas al frente. “Es de los pocos momentos agradables que he tenido en mi vida. Mis padres juntos conmigo. Después que se fueron por el Mariel, todo fue diferente. Mi papá estaba preso y los guardias del Combinado lo conminaron a marcharse. Mi madre se fue con él y me dejaron a cargo de sus hermanos, mis tíos. Bandoleros a más no dar, que visitaban la prisión como ir a un agro. Probablemente esa soledad de crecer sin mis padres me ha convertido en el hombre que soy en la actualidad. Pero a estas alturas de mi vida no quiero ni puedo cambiar”, apunta Osvaldo con la frente alzada, como si estuviese retando a un duelo a un enemigo imaginario.

Si alguna vez Osvaldo se hubiese molestado en visitar un psicólogo, y acostarse en el desván para escuchar sus consejos, quizás le hubiera servido de ayuda. Pero nunca lo creyó necesario. “Son cosas del destino. Y punto”, enfatiza.

Una nota para Martí Noticias de Rosa Tania Valdés cuenta que un grupo de psicólogos de Pinar del Río, provincia a 174 kilómetros al oeste de La Habana, en un reciente estudio divulgado por la Revista de Ciencias Médicas asegura que los niños que crecen sin sus padres o con uno de ellos, experimentan ira, tristeza y pérdida de los valores familiares.

“También mutismo, dificultades en la asimilación de materias escolares y complejo de inferioridad”, acota Niurka, psiquiatra.

Yanci de la Caridad Flores y Yamila, su hermana gemela, conocen de primera mano los perniciosos efectos colaterales de crecer sin padres. A sus 44 años, aun no tienen clara la historia que llevó a su madre a dejarlas abandonadas con su abuela paterna.

Yanci y Yamila residían con sus padres en una casona colectiva con varias familias en la calle Gertrudis, en la barriada de La Víbora. Según algunos vecinos, su madre enloqueció e intentó darles candela a sus hijas. Otros cuentan que estaba presa por un delito común y en 1980 se marchó a Estados Unidos por el puerto del Mariel.

El padre también era un preso común y en el 80 igualmente se fue por el Mariel. A fines de los 90 se enteraron que su padre se había vuelto a casar, tenía una hija y vivía en Miami. Pero el reencuentro nunca se produjo: el padre murió de un cáncer en 2003.

La ausencia de los progenitores todavía le provoca pesadillas a Yanci y Yamila. Rastrean por internet en busca de la mujer que las trajo al mundo. Por ahora sin suerte. Su madre sigue siendo un enigma.

Pero no pierden la esperanza de reencontrarse con ella algún día y decirle que nunca la han olvidado. Y si hubiera muerto, hacerle llegar unas flores a la tumba en el cementerio de Estados Unidos donde estuviera enterrada.

Iván García
Foto de Raquel Pérez tomada de BBC Mundo.

lunes, 29 de mayo de 2017

Esperando por la justicia



La madrugada del 13 de julio de 1994 parecía ser el día perfecto para una fuga. El mar estaría en calma y con poco viento. Y empujado por un motor de mil 500 caballos de fuerza, el remolcador 13 de Marzo estaría en los cayos de la Florida para la hora de comida.

Al menos eso pensaba Fidencio Ramel Prieto, 51 años, estatura media, jefe de operaciones del Puerto de La Habana y autoridad suficiente para moverse con absoluta libertad por todas las instalaciones de la rada capitalina.

Con información privilegiada, Fidencio pudo preparar al detalle la huida en una vetusta nave con casco de madera recién reparada que descansaba en un punto de atraque de la bahía habanera cercana a la estación eléctrica de Tallapiedra.

Pasada las dos de la madrugada, un grupo de 72 personas, entre ellos varios niños, bajaron de un ómnibus y caminaron en silencio hasta el muelle.

Todos abordaron la barcaza y se acomodaron en la popa del remolcador. Sobre las tres zarpó y comenzó a bordear la rada con las luces apagadas, para evitar ser vista desde la capitanía del puerto. Al enfilar proa rumbo a la boca de la bahía, se le acercaron otros dos remolcadores, modernos y con casco de acero, provenientes del vecino muelle de Regla.

Ambos embistieron al 13 de Marzo e intentaron arrimarlo a los arrecifes en la zona de Casablanca. Los atacantes bombardearon la cubierta con cañones de agua a presión, cañones diseñados para apagar fuegos en los buques. Bajo ese asedio, el remolcador logró escapar mar adentro, pero otra embarcación se sumaba al acoso.

Las tres lanchas, denominadas Polargo 2, Polargo 3 y Polargo 5, incrementaron los fuertes chorros de agua y los bandazos a medida que se iban alejando de la costa. A varias millas mar adentro, una embarcación del servicio de guardacostas del Ministerio del Interior monitoreaba la operación.

Cuando las mujeres les gritaron a sus atacantes que detuvieran la embestida, que allí iban niños, la respuesta fueron frases despectivas y aumentaron los chorros a presión. Varias madres con niños pequeños se refugiaron en la bodega de carga y el cuarto de máquinas del remolcador.

En una maniobra de perversa ferocidad, uno de los barcos atacantes chocó por la proa al remolcador y otro montó su proa en la popa del 13 de Marzo, provocando el hundimiento y muerte por ahogamiento de las personas que estaban refugiadas bajo cubierta. Ya para ese momento, el impacto de los chorros de agua había matado a unos cuantos más.

Una vez hundido el remolcador, las embarcaciones atacantes maniobraron con la intención de crear remolinos de agua para ahogar a quienes aún intentaban mantenerse a flote. Detuvieron el ataque cuando fueron avisados de que un barco mercante, de procedencia griega, se hallaba cerca, en espera de acceder a la rada habanera.

Esa noche murieron 37 compatriotas. Diez de ellos eran niños. Los capitanes de las embarcaciones que asediaron al remolcador 13 de Marzo fueron galardonados como héroes.

1994 fue un año tremendo. Apagones la mitad del día y el hambre acechando. Se sucedían los robos de embarcaciones para huir rumbo norte. Veintidós años después de aquel presunto crimen de Estado, muchos cubanos desconocen el suceso.

A Natalia, 24 años, le han contado sobre el conato de protesta popular conocido como el Maleconazo, la devaluación del peso o la poca comida en esa etapa, “pero la verdad que de lo ocurrido al remolcador no conozco nada”, señala en un parque habanero, mientras se conecta a internet para charlar con una prima residente en Miami.

Josué, 21 años, mulato con pinta de rapero, jamás había escuchado sobre el trágico evento. “Mi familia me ha contado que en aquellos años la gente desesperada se marchaba en cualquier cosa que flotara. Pero desconozco detalles sobre ese remolcador”, comenta en un bar empercudido de la Calzada Diez de Octubre.

Incluso futuros emigrantes, como Gerardo, 25 años, quien piensa viajar próximamente a Guyana e intentar de alguna forma llegar a la frontera sur de Estados Unidos “no sabía nada sobre la volá del remolcador. Aunque no me asombra, esta gente (el régimen) son troncos de hijo de puta”.

La prensa oficial contó la historia a su manera. A las 8 y 16 minutos de la mañana del 13 de julio de 1994, Radio Reloj informaba: “Zozobró embarcación robada por elementos antisociales. En la madrugada de hoy, elementos antisociales sustrajeron por la fuerza una embarcación del puerto de La Habana con el fin de abandonar ilegalmente el país”.

Al día siguiente, el diario Granma notificó que "había zozobrado un remolcador robado por elementos antisociales y que salieron con vida 31 personas: 20 hombres, 5 mujeres y 6 menores de edad, existiendo un número indeterminado de desaparecidos".

La prensa estatal calificó lo ocurrido como un "irresponsable hecho de piratería promovido por los elementos más reaccionarios de Miami" y anunciaron una investigación.

En 1995, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA abrió un caso por las denuncias recibidas de parte de sobrevivientes de la tragedia y grupos cubanos de derechos humanos.

Al día de hoy, familiares aseguran que los cuerpos de los ahogados nunca les fueron entregados. En Cuba jamás se ha publicado una investigación independiente sobre el hundimiento del remolcador 13 de Marzo.

Jorge García, quien perdió catorce familiares, entre ellos un hijo y un nieto, espera que algún día se haga justicia.

Iván García
Foto: Víctimas del Remolcador 13 de Marzo. Tomada de Martí Noticias.


jueves, 25 de mayo de 2017

Trum, Castro o Kim Jong-un: no es la ideología, es la intolerancia



Vamos a los hechos. Aeropuerto de Kuala Lumpur, Malasia. Dos mujeres, presuntamente espías de la perversa dinastía comunista de Corea del Norte, ultiman con un potente veneno al hermano del dictador Kim Jong-un, un sicópata que debiera ser juzgado en la Corte Penal Internacional.

La Habana. Cumpliendo órdenes de la policía política, una escuadra de mujeres vestidas de militares y autodenominadas Las Marianas, cada domingo golpea, humilla y verbalmente lincha al grupo disidente Damas de Blanco, que le reclaman al régimen democracia y libertad para los presos políticos.

Represores vestidos de civil que transitan en motos Suzuki, lo mismo desmontan la tarja colocada por Rosa María Payá en el exterior de su casa, en memoria de su padre, fallecido en 2012 en circunstancias que su familia y un ala de la oposición considera cuando menos sospechosa, que detienen y decomisan herramientas de trabajo a periodistas sin mordaza o le propinan una brutal golpiza a un activista de derechos humanos.

Casa Blanca, Washington. Algo tiene que andar mal en la nación que muchos consideran el paladín de la democracia, cuando voceros del gobierno y el presidente Donald Trump, groseramente, enfilan sus cañones a la prensa.

Por suerte para los estadounidenses, Trump no puede actuar como Raúl Castro o el estrafalario criminal Kim Jong-un, simplemente porque se lo impide el sistema creado por los padres fundadores y por los contrapesos jurídicos, políticos y civiles.

Pero le va a ser daño a Estados Unidos. Ya lo está haciendo. Resulta desmoralizante escuchar al presidente de la primera potencia mundial ofender a los mexicanos, a la Unión Europea, al ex presidente Barack Obama o a lo que le venga en gana, cuando desde su apartamento de la Casa Blanca trina disparates a granel a través de Twitter.

Cuatro años después del huracán Trump, que espero no sea reelegido, Estados Unidos será un peor país en materia de derechos humanos, libertad de expresión y tolerancia.

¿Con qué moral esa administración puede reclamarle a las autocracias de Cuba o Venezuela respeto por los derechos humanos, libertad de prensa y tribunales imparciales, cuando insultan a los periodistas que critican su errático compartimiento presidencial y públicamente ha manifestado estar de acuerdo en la aplicación de torturas degradantes a personas acusadas de terrorismo?

Las democracias corren peligro con personajes como Trump. Los políticos del mundo viven horas bajas. Por su mediocridad como estadistas y sus compromisos corruptos con las élites económicas.

En demasiados países, amplios sectores de la política no están escuchando el reclamo de sus conciudadanos. Por ahí se coló Donald Trump, gracias a la irresponsabilidad de gobernantes que traicionaron el voto de sus gobernados.

Desde Fidel Castro -que mintió al señalar que no era comunista y apostaba por la democracia, la libertad y elecciones generales, al ocupar el poder a punta de carabina en 1959-, pasando por ciertos políticos españoles y venezolanos, que han confundido el gobierno con una caja de caudales, al impresentable Trump, de pensamiento fascista, todos llegan a la presidencia por crisis políticas, económicas o una amplia frustración ciudadana hacia sus líderes.

Si Donald Trump fuese el presidente de Cuba, lo más probable es que actuaría como lo hizo Fidel Castro. Si Fidel Castro hubiese sido presidente de Estados Unidos, hubiera actuado con ese mismo tono autoritario de Trump, combinando populismo barato con el miedo a los inmigrantes y a los pactos económicos globales.

No debemos quedarnos con los brazos cruzados. Las actitudes despóticas de los gobernantes van más allá de una nación. La mejor arma para enfrentarlos es con medios de comunicación más enérgicos, coherentes y comprometidos con el respeto a las libertades y la democracia.

Pero los medios también están fallando. Optan por ofrecer espacio a la frivolidad y las tonterías. O, como en el caso de Cuba, ocultar magistralmente la realidad. La prensa cubana no informa, desinforma.

La solidaridad es una herramienta que debiera activarse con mayor fuerza. Respaldar a México, a los inmigrantes que no son delincuentes y a periodistas vejados como Jim Acosta de la CNN o Fernando Ravsberg en Cuba.

El caso de Ravsberg, va más allá de las ofensas groseras de una periodista torpe como Norelis Morales. Es un ejemplo clásico de xenofobia y comportamiento criminal.

Las autoridades en la Isla debieran abrirle un proceso a Morales. Pero me temo que no lo harán. Esa permisividad inducida por el régimen y aceptada por conveniencia, es el caldo de cultivo perfecto para desatar las más bajas pasiones.

Una observación a Ravsberg: esa intolerancia que ahora sufres, Fernando, es la misma que afecta, incluso mucho peor, a quienes disienten de la junta militar que gobierna en Cuba.

Mirar para otro lado no es una buena opción. En regímenes intolerantes como el cubano, los que discrepamos siempre seremos culpables. No importa nuestra ideología.

Iván García

Foto: Rosa María Payá junto a la tarja que el 28 de febrero de 2017, día en que su padre Oswaldo Payá Sardiñas hubiera cumplido 65 años, colocó en el exterior de la vivienda donde el fundador del Movimiento Cristiano Liberación y promotor del Proyecto Varela, residiera hasta su muerte, en un sospechoso accidente de tránsito, el 22 de julio de 2012. Al día siguiente, aprovechando que no había nadie en la casa, agentes vestidos de civil la desmontaron. Tomada de Cubanet.

lunes, 22 de mayo de 2017

¿Quiénes escriben los discursos de los políticos?



Detrás de las grandes figuras políticas, hay orfebres de las palabras, albañiles de discursos, forjadores de conceptos, fabricantes de revestimientos intelectuales que, en ocasiones, llegan a acuñar ideas-fuerza o imágenes poderosas llamadas a perdurar. Y es que no todas las palabras de los discursos, mítines y conferencias políticas se las lleva el viento de la historia; algunas continúan en nuestra memoria porque crearon huella en contextos singulares y conservan el sentido decenios después.

Ahí está la ensoñación de Martin Luther King: “Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación donde serán juzgados no por el color de su piel, sino por su carácter”; la descarnada confesión de Winston Churchill ante el Parlamento británico: “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”; la reconvención de John F. Kennedy: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”; la exhortación de Ronald Reagan a Mijaíl Gorbachov ante la puerta de Brandeburgo: “Derribe ese muro”.

Son frases-sentencia que han quedado indefectiblemente asociadas a quienes las pronunciaron. Aunque, en realidad, casi ninguna de ellas nació de sus mentes ni cobró forma en sus manos. Ennoblecieron y encumbraron a esas personalidades, a veces de forma inmerecida, pero fueron creadas por escritores especializados en discursos. Las imágenes de la serie House of Cards que muestran a Frank Underwood (Kevin Spacey) construyendo laboriosamente su arenga presidencial resultan improbables dado que las celebridades políticas carecen del tiempo material suficiente para hacer frente a sus múltiples compromisos discursivos y, a menudo, tampoco poseen las cualidades necesarias. Eso no significa que carezcan de talla política.

Hay buenos políticos poco cultivados y torpes de expresión, de la misma manera que existen pésimos gobernantes que disponen del “poder retórico”. De hecho, ni Adolfo Suárez escribía -sus mejores frases salieron de la pluma de Fernando Ónega- ni tampoco lo hacía John F. Kennedy.

Pensemos en España y en las intervenciones públicas del Rey, el presidente del Gobierno, los ministros y altos cargos institucionales, los líderes políticos y hasta los alcaldes de los grandes municipios. Lo habitual es que supervisen los borradores que les presentan y, en todo caso, efectúen algún retoque o modificación. ¿Saben los españoles que ninguno, prácticamente, de los discursos y manifestaciones políticas de alcance que han escuchado a lo largo de su vida fueron construidos por quienes los pronunciaron?

Desde el “Puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez en la Transición hasta el último discurso de Navidad del rey Felipe, pasando por “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir” del rey Juan Carlos tras su cacería en Botsuana; el “Váyase, señor González”, “España va bien” de José María Aznar; “No estamos tan mal” de Rodríguez Zapatero en el congreso del partido que le aupó a la secretaría general del PSOE; “la niña de Rajoy”, y “asaltar los cielos” de Pablo Iglesias.

¿Quiénes son estos escritores, denominados 'negros', en el argot literario español, logógrafos, como prefieren ser llamados los actuales fabricantes de discursos, ghostwriter (escritor fantasma) o speechwriter (escritor de discursos) en el habla anglosajona, que adaptan su talento y genio creativo para ponerse en la piel de los dirigentes políticos y mimetizarse en sus pensamientos? ¿Y quién es el verdadero creador del discurso? ¿El que lo escribe o el que lo pronuncia con ligeras modificaciones o sin ellas? Aunque se trata de un secreto a voces, muchos de los políticos de nuestro país, y de latitudes geográficas o culturales-lingüísticas cercanas, reaccionan con aprensión ante la posibilidad de que se conozca a sus suministradores de palabras.

“Si le indicara para qué políticos he trabajado, dejarían de solicitar mis servicios”, señala el asesor de comunicación David Redoli. “Prefiero no hablar. A los políticos para los que he trabajado les molestaría que se supiera que ellos no escribían sus discursos”, indica otro logógrafo en activo. El tabú persiste, como si admitir estas ayudas resultara vergonzante, algo que conviene mantener en la penumbra, no vaya a socavar el crédito, la capacidad y posición del personaje. Al contrario de lo que ocurre en el mundo anglosajón, estos asesores viven entre nosotros bajo la sombra del anonimato, sin aplauso ni reconocimiento público y hasta negados en su existencia.

¿Alguien conoce al escritor de discursos de Felipe VI que más se prodiga en las intervenciones ordinarias? Se llama Frigdiano Álvaro Durántez Prados, tiene 47 años, es doctor en Ciencias Políticas y autor de varios trabajos sobre la creación de un espacio de 'paniberismo' multinacional de los países de lenguas ibéricas u originarias de la península Ibérica. En La Moncloa, donde se supervisan previamente los textos que lee el Monarca, se elogian los escritos que envía La Zarzuela, pero se niegan a desvelar la identidad del joven y cultivado asesor del Rey.

“Los textos de la Casa Real suelen estar impecablemente escritos”, afirma Jorge Moragas, director del Gabinete de Presidencia del Gobierno. “Casi nunca requieren de enmiendas, solo en contadas ocasiones les hacemos alguna sugerencia”. Frigdiano Álvaro Durántez apunta: “Solo soy un asesor más, éste es un trabajo de equipo. El Rey es un hombre extraordinario, con conciencia y amplios conocimientos. Los discursos son suyos, él no necesitaría que se los elaboraran”.

En Estados Unidos es bien sabido que el actual guionista de Hollywood Jon Favreau ha sido uno de los colaboradores más preciados de Barack Obama. Nadie duda de que el historiador y filósofo Arthur Schlesinger y el abogado Ted Sorensen agrandaron la figura de John Fitzgerald Kennedy. Y que la periodista británica Charlie Fern escribió para George W. Bush esta promesa incumplida: “Lean mis labios; no más impuestos”.

A nadie se le escapa al otro lado del charco que la también periodista Margaret Ellen Noonan, Peggy, dio a Ronald Reagan los párrafos más notables de sus intervenciones. Y en latitudes más cercanas, Philip Collins, periodista y ejecutivo de banca, cuenta en conferencias sus años como asesor de discursos del expremier británico Tony Blair; es de dominio público que Michael Dobbs, el autor de House of Cards, escribió precisamente para Margaret Thatcher discursos que la Dama de Hierro no siempre apreció; o que el diputado Henri Guaino es el autor de la polémica frase “África no ha entrado en la historia” que el expresidente de la República Francesa Nicolas Sarkozy pronunció en Dakar.

Guaino no ha sido el único asesor capaz de arruinar un discurso político. Basta recordar los “miembros y miembras” de Bibiana Aído y los “hilitos con aspecto de plastilina” que según Mariano Rajoy, entonces portavoz del Gobierno, salían del petrolero Prestige cuando se hundió en 2002 tras partirse en dos frente a la costa de Galicia. Los desaciertos y errores parecen avalar la tesis de que el autor último del discurso es quien lo asume como propio y lo pronuncia a riesgo de ser penalizado con el descrédito.

“No soy el autor del optimismo antropológico de ZP (José Luis Ro­dríguez Zapatero, expresidente del Gobierno): hay crímenes que cometen los 'negros' y otros que cometen los jefes de los negros”, bromea el diputado José Andrés Torres Mora. “El código de los 'negros' establecido en España nos impide aparecer. Está muy mal visto que hablemos. Si lo haces, te machacan llamándote engreído y vanidoso, mientras que el 'negro' de Bill Clinton publica un libro con sus discursos y a todo el mundo le parece normal. Aquí se supone que los políticos tienen que saber de todo”. A juicio de Torres Mora, está claro a quién corresponde la autoría del discurso: “Yo no puedo cargar con la gloria ajena. José Luis dijo que yo le había ayudado en los discursos sobre la guerra de Irak, pero eran suyos porque las emociones eran suyas y el que se la jugaba era él”.

Todos los presidentes del Gobierno en España han contado con escritores, aunque en el caso de Felipe González podía muy bien ocurrir que, fiándose de su facilidad para la oratoria y la improvisación, se limitara a ojear los borradores que le preparaban los politólogos del partido José Enrique Serrano, Julio Feo, Enrique Guerrero o el mismo Jorge Moragas, entonces asesor de protocolo de La Moncloa y ya iniciado en el campo del discurso.

José María Aznar contó con los oficios del diputado Carlos Aragonés; del entonces secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos; del diputado Gabriel Elorriaga; del politólogo Pedro Arriola y del propio Jorge Moragas. “En uno de los discursos de Aznar sobre la situación vasca, nos inspiramos en la película El Padrino III y pusimos en boca del presidente algo así como: “Tienen un concepto de la política como la del Padrino: piensan que la política es saber cuándo hay que apretar el gatillo”, recuerda Moragas. Al asesoramiento de los politólogos del PSOE, Zapatero sumó al experto en comunicación Miguel Barroso, a su primo y profesor de Derecho José Miguel Vidal Zapatero y a José Andrés Torres Mora, entre otros.

¿Y quién le escribe a Mariano Rajoy? Nexo común circunstancial en el asesoramiento de tres presidentes, Jorge Moragas rompe ahora con el tabú de la reserva y señala a los periodistas Ignacio Peyró, José Ramón Barros y José Sánchez Arce. Conforman la llamada “unidad de discursos” de la Presidencia. Un equipo que reporta sus borradores al mismo Moragas y al jefe de gabinete, Abelardo Bethencourt, y estos los revisan o enmiendan. “Somos una fábrica de papel. También reescribimos los informes técnicos que nos vienen de los ministerios en cuestiones sectoriales. El presidente pronuncia al año más de un centenar de intervenciones a las que hay que sumar las de partido”, explica Moragas. A Rajoy le gusta disponer de los textos con antelación para hacer aportaciones, especialmente en temas económicos. “En eso es hasta maniático”, añade Moragas. “¿El estilo de Rajoy? Nada de florituras, ni licencias poéticas; prefiere un lenguaje sencillo y claro de frases cortas, sin grandes subordinadas y con cadencias cómodas de lectura. En lo escrito es menos irónico y elíptico, menos marianista, que en el habla”.

Los asesores de comunicación del palacio de la Zarzuela saben bien que el único discurso real que vale es el que el Monarca pronuncia efectivamente. De ahí, la advertencia: “¡Ojo, solo tiene validez cuando lo lea!”, que acompaña a los textos repartidos con antelación. A diferencia de su padre, Felipe VI improvisa y ajusta en función de las intervenciones que le preceden. “Es meticuloso, corrige y hace anotaciones en los textos”, señala una persona vinculada a la Casa del Rey. “El Gobierno no quita casi nada de sus borradores salvo en el discurso navideño, porque ahí suele pretender que el Rey pondere más los logros y transmita mayor optimismo”.

La Zarzuela tiene a su disposición a los funcionarios de la Administración del Estado y a las embajadas para recabar datos e informes, pero los discursos de enjundia y calado acostumbran a encargarse a especialistas en la materia. Francisco Tomás y Valiente, jurista asesinado por la banda terrorista ETA en 1996, y el ensayista Pedro Laín Entralgo escribieron muchos discursos para la Casa Real. Como también lo han hecho los presidentes de las Academias de la Lengua y de la Historia; el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha; los diplomáticos Alberto Aza, Ricardo Díez-Hochleitner y Alfonso Sanz Portolés. “Hay directores de periódico y exministros que han escrito para el Rey, pero Felipe VI tiene también amistades en el ámbito cinematográfico que colaboran gustosos con él”, prosigue la misma fuente. “No me imagino a ninguna de esas personas pidiendo ser remuneradas; todo lo más desearían ser distinguidos con una audiencia, una condecoración”.

En paralelo, cada vez afloran más asesores de comunicación autónomos, como Fran Carrillo (La Fábrica de Discursos), Daniel Ureña (Mas Consulting), Luis Arroyo, David Redoli o María José Canel. Trabajan, indistintamente, para partidos y empresas. Los políticos españoles siguen primando la complicidad ideológica. “Haya o no afinidad política, lo importante es que el escritor conecte con el orador y sepa embellecer sus palabras, dotarlas de historia, garra y expresiones para cosechar el aplauso”, explica Luis Arroyo, que en su día trabajó en la campaña triunfante de Zapatero y para la exvicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. “Aplicamos el método teatral: dos o tres actos, cuatro máximo, y jugamos con las anáforas, las aliteraciones, las antítesis y las listas de tres -al modo ‘Dios, patria, justicia’- que ya practicaban los antiguos griegos. Esto es un arte. No se improvisa”.

Para el responsable de discurso de Podemos, Jorge Moruno, 34 años, asesor de Pablo Iglesias desde los tiempos en que empezó a darse a conocer en la televisión, el discurso político es inseparable del análisis. Moruno otorga un significado fundacional al discurso de La marcha del cambio del 31 de enero de 2015. “La expresión ‘asaltar los cielos’ es de Carlos Marx y la frase ‘hay que creer en nuestros sueños con la obligación de llevarlos a cabo’ está tomada de la Revolución Francesa. ¿Que si Iglesias y Errejón modifican mucho los borradores que les pasamos? Son buenos comunicadores, revisan e incorporan sus cosas”.

José Luis Zubizarreta fue asesor del lehendakari vasco José Antonio Ardanza y hace honor al principio de que la grandeza de un discurso debe sostenerse en los valores, apuntar alto y llegar al corazón. Comparte con Ardanza el mérito de haber acuñado conceptos hasta entonces inéditos en el nacionalismo vasco. Suyos son el razonamiento autocrítico “los nacionalistas hemos creído que los vascos éramos solo nosotros”; la aseveración de que el problema de ETA no era un problema de España contra Euskadi, sino “de vascos y entre vascos”; así como la declaración “de ETA nos separan no solo los medios, sino también los fines” que abrió paso al Pacto de Ajuria Enea.

El exlehendakari figura en la selección de los 100 discursos más interesantes de la historia española realizada por el historiador Antonio Rivera porque ante la Asamblea General del PNV (Partido Nacionalista Vasco) y en el contexto del Pacto de Lizarra, explicó que el terrorismo de ETA no era el resultado de ningún conflicto, sino el fruto de una mentalidad totalitaria. Aquello suponía atacar la buscada comunión entre el PNV y el abertzalismo violento. La trayectoria de Zubizarreta viene a avalar la trascendencia de los contenidos por encima del marketing.

A la satisfacción silenciosa con que los escritores de discursos ven sus palabras brotar de la boca de los políticos, algunos pueden añadir el galardón de haber contribuido a la difusión de los valores.

José Luis Barbería
El País Semanal, 26 de febrero de 2017.

Foto: Barack Obama con Jon Favreau, su escritor de discursos, hoy guionista de Hollywood. Realizada por Pete Souza, quien fuera el fotógrafo oficial de la Casa Blanca durante los ocho años de la presidencia de Obama (20 de enero 2009-20 enero 2017). Tomada de El País Semanal.

jueves, 18 de mayo de 2017

Las otras Cecilia de la Iglesia del Ángel



Es probable que ninguna de las cuatro chicas, parlanchinas y a la caza de los turistas extranjeros que almuerzan o beben unas copas en bares y paladares de la zona, sentadas frente a la Iglesia del Santo Ángel Custodio, en Compostela entre Chacón y Cuarteles, Habana Vieja, hayan leído Cecilia Valdés, del escritor Cirilo Villaverde.

Probablemente tampoco hayan reparado en una figura de bronce, a pocos metros de donde charlan. La estatua, realizada por Erig Rebull, fue situada en el exterior de la iglesia creada en 1690 por el Obispo de Compostela, como era conocido el obispo Diego Evelino Hurtado Vélez. Desde fines de 2014, recuerda a la mulata más universal de la literatura cubana.

Cecilia Valdés, la obra cumbre de Villaverde, fue escrita en dos partes en 1839 y publicada completa en 1879 en la ciudad de Nueva York. También así se nombra una de las zarzuelas más conocidas del maestro Gonzalo Roig. Y en 1982, el director Humberto Solás la llevó al cine con la actriz cubana Daisy Granados en el papel de Cecilia y el actor español Imanol Arias en el de Leonardo.

Para aquéllos que desconozcan la novela, una sinopsis: la hermosa mulata Cecilia, ignora que es hija ilegítima del rico español Cándido de Gamboa, pero Leonardo, hijo de Cándido, desconoce que Cecilia es su media hermana, se enamora de ella y la convierte en su amante. Mientras, el mulato José Dolores Pimienta ama a Cecilia sin ser correspondido. Presionado por los convencionalismos sociales, Leonardo abandona a Cecilia y se casa con la aristócrata Isabel Ilincheta. Al concluir la boda, Pimienta, alentado por los celos de Cecilia, mata a Leonardo. Cecilia, quien ha tenido una hija con Leonardo, es recluida en el Hospital de Paula. Allí reencuentra a su madre, que recupera la razón perdida y reconoce a su hija antes de morir.

Un culebrón como el de Cecilia Valdés siempre atrapó al lector promedio en Cuba. Pero en los últimos años, sobre todo entre los jóvenes, la lectura es casi una excentricidad. Para las jineteras sentadas frente a la Iglesia del Ángel, las historias de amor son cosas del pasado.

Una de ellas, luego de chapurrear en italiano con su teléfono inteligente, le cuenta a sus colegas: “Me dijo mi ‘novio’ que esta noche hay fiesta. Que busque dos o tres chicas y vayamos pa’l bar Sarao. Parece que hoy es día de suerte”.

Una responde: “Falta que me hace. Le debo 150 chavitos (cuc) a una señora que vende ropa y antes que se acabe el mes debo pagar el alquiler donde estoy parando”. Otra dice que lleva una semana sin hacer el pan. "Si vuelvo a llegar a casa sin dinero, mi marido me parte la cabeza en dos mitades. Ojalá que el negocio se dé esta noche”.

La supuesta novia del turista italiano da detalles. “El tipo anda con una pila de socios suyos que son unos locotes. Polvo, hierba, cerveza y fiesta. Socias, sin complejo, a ellos les gusta los cuadros de tortilla y cambiar de pareja”.

Ninguna pone reparo y comentan que van a sus casas para acicalarse. Antes, una le dice a su amiga: “Oye, préstame el vestido rojo escotado y las puyas negras pa'verme matadora”.

En esta zona de La Habana antigua, cuna del proxenetismo, la picaresca y venta de drogas, es habitual observar a jineteras y pingueros en plena faena o haciendo planes en voz alta.

Pocos se detienen a contemplar la Iglesia del Santo Ángel Custodio o la efigie de bronce de Cecilia Valdés. Para los que viven del sexo, el amor es una novela de ficción. Poco más.

Texto y foto: Iván García

lunes, 15 de mayo de 2017

Recordando a Gonzalo Roig


Julio Gonzalo Elías Roig Lobo nació en La Habana el 20 de julio de 1890. Desde niño se vio obligado a combinar sus estudios con el trabajo, para mantener el hogar que compartía con su abuela. Laboró como ayudante de cantina y como pianista en cines habaneros que proyectaban películas mudas.

En la Asociación de Dependientes de Comercio de la Habana, donde inició su aprendizaje musical, fue alumno de Agustín Martín Mullor, y más tarde de Gaspar Agüero, en las asignaturas de solfeo, teoría y piano. Su maestro de violín fue Vicente Álvarez Torres. Posteriormente estudió armonía, fuga y composición con Fernando Carnicer.

Inició su carrera profesional en 1907 cuando, como pianista, se incorporó a un trío que tocaba en el cinematógrafo Montecarlo. Ese año compuso su primera obra musical, una canción titulada La voz del infortunio, para canto y piano. Como violinista integró las orquestas de los teatros Irijoa y Neptuno, y trabajó como contrabajista en los teatros Molino Rojo, Politeama y Miramar Garden. En 1910 ya formaba parte de la sección de música de la Academia de Artes y Letras.

En 1911 compuso su canción más famosa, la criolla-bolero Quiéreme mucho, inicialmente titulada Serenata Cubana, que estrenó el tenor Mariano Meléndez. La primera parte de la letra pertenece a Ramón Gollury (quien firmaba con el pseudónimo Roger de Lauria), y la segunda a Agustín Rodríguez, libretista español radicado en La Habana. La pieza fue incluida en la obra El servicio obligatorio, puesta en la escena del Teatro Alhambra. El joven Roig conduciría la orquesta de ese coliseo por una temporada completa, tras haber debutado como director en la zarzuela Bohemios.

En 1917 viaja a México por un contrato con la compañía de la famosa actriz María Guerrero, que fue de gran utilidad en el enriquecimiento de su experiencia en la escena. En 1921 condujo la orquesta del viejo teatro Campoamor, y cuando los músicos se declararon en huelga, la agrupación comenzó a ofrecer conciertos gratuitos, dirigidos por Roig, en el Parque Central, para exteriorizar su protesta.

El 2 de julio de 1922 fue electo por unanimidad director de la Sociedad de Conciertos de La Habana, que nació sin recursos económicos, ni más apoyo que el entusiasmo de los músicos que la integraban, en especial los maestros Ernesto Lecuona y César Pérez Sentenat. De esa sociedad surgió -tras duros ensayos, pues Roig era un director sumamente exigente- la Orquesta Sinfónica, que debutó el 29 de octubre del mismo año en el Teatro Nacional, hoy Gran Teatro de La Habana.

En 1927 fue nombrado director de la Escuela de Música de La Habana y de la Banda Municipal que, gracias a su dirección, pudo funcionar como orquesta acompañante. En ese mismo año hizo sus primeras incursiones radiofónicas, al dirigir la orquesta de la emisora CMBY, La Casa de las Medias, en la calle Infanta 159.

En 1929 fundó la Orquesta de Cámara Ignacio Cervantes, y el compositor matancero Aniceto Díaz, creador del danzonete, le dedicó la primera pieza del género: Rompiendo la rutina. En 1930 visitó la ciudad de Washington, en Estados Unidos, invitado por la Unión Panamericana, y dirigió con gran éxito bandas norteamericanas en un repertorio de música cubana. Al año siguiente, los vaivenes políticos que padecía la república hicieron que perdiera su puesto de director de la Banda Municipal.

Sin abandonar su responsabilidad al frente de la Orquesta Sinfónica, con Agustín Rodríguez organizó en el Teatro Martí una compañía de teatro vernáculo que se mantuvo durante cinco años y cinco meses, durante los cuales se estrenaron las mejores zarzuelas cubanas. La orquesta de la compañía era dirigida por Roig y Rodrigo Prats.


De esa temporada data su obra maestra, la zarzuela Cecilia Valdés, que se estrenó el 26 de marzo de 1932, con la soprano mexicana Elisa Altamirano en el papel protagónico. A pesar del convulso clima político que vivía La Habana en aquellos días, cuandoen el gobierno de Gerardo Machado se tambaleaba por la presión popular, la obra alcanzó cien representaciones seguidas. Ese mismo año, al escenario del Martí subieron también las zarzuelas El jibarito y El clarín, de Roig; El cafetal y María la O, de Lecuona; Soledad, de Rodrigo Prats, y La tía de Pernambuco, de Jorge Anckermann, entre otros estrenos y reposiciones.

En 1933, en la cartelera del mismo teatro aparecieron Las siete capitales del pecado, de Eliseo Grenet; El mayoral y El año terrible, de Prats; Piernas al aire, de Anckermann; La tierra de Venus, de Lecuona, y El patio de los tulipanes y La hija del sol, de Roig. Ese año cayó por fin la dictadura machadista y Roig fue restituido como director de la Banda Municipal, pero en ese momento decidió no aceptarlo.

En 1934 se estrenaron en el teatro Martí, entre otras, El hijo de madame Butterfly, de Jorge Anckermann; Criollo verdá y María Belén Chacón, de Prats; Volando hacia La Habana o El príncipe carioca y Camina, de Roig. Al año siguiente se repuso Cecilia Valdés que, con Rita Montaner en el papel protagónico, alcanzó un éxito sin precedentes.

En 1938 Roig participó en la fundación de la Ópera Nacional, presentando las óperas Carmen, La Bohème, Lucia de Lammermoor, La Traviata, Tosca y Cavalleria rusticana. Musicalizó la película Sucedió en la Habana, de Ramón Peón, y se reincorporó al puesto de director de la Banda Municipal, que ocupó hasta su muerte.

En 1943, Roig dirigió un concierto de música cubana en el Carnegie Hall, de Nueva York, en el cual participaron Ernesto Lecuona y Esther Borja. En 1948 se llevó por primera vez a disco Cecilia Valdés, con Martha Pérez en el papel principal. Dirigió también, en el mismo año, la grabación de la zarzuela Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, que editó la firma Cafamo, con Martha Pérez, Maruja González y Panchito Naya.

En 1951 la Orquesta Filarmónica le dedicó un homenaje. En 1953 grabó el disco de larga duración In a Cuban Garden, que se editó en 1957. En 1954 dirigió la versión fonográfica de La viuda alegre, de Franz Lehar, editada por la casa RCA Victor, con Maruja González, Hernán Pelayo, América Crespo, Camilo de Rosillón, Francisco Naya y Antonio Palacios. En 1958 ejecutó la dirección orquestal en otra producción discográfica, con obras suyas, que cantaron las sopranos Esther Borja y América Crespo.

En 1962, para la televisión, condujo la orquesta en las óperas Rigoletto, La traviata y Aída, de Verdi; Fausto, de Gounod; Don Pascuale y Lucia de Lammermoor, de Donizetti; La Bohème, Madame Butterfly y Tosca, de Puccini; El barbero de Sevilla, de Rossini, y Las bodas de Figaro, de Mozart, entre otras. En los años siguientes continuó su labor como director en grabaciones y programas radiales y televisivos, así como en el teatro. Su zarzuela Cecilia Valdés fue repuesta en teatro y televisión con distintos elencos, y con variaciones introducidas por el propio maestro. En el papel de Cecilia se destacó Blanca Varela, a inicios de la década de los años 60, y en el umbral de la década siguiente, Alina Sánchez.

En 1969 hizo grabaciones al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional y la Banda Nacional de Conciertos. Por última vez actuó en público el 27 de mayo de 1970, dirigiendo la Banda Nacional de Conciertos. Falleció el 13 de junio de 1970, a los 80 años. Días antes, había empuñado la batuta en un ensayo de la Banda Nacional, con Esther Borja en su criolla Nunca te lo diré, letra de Agustín Rodríguez, que la cantante había estrenado en 1950.

Dejó en herencia, junto a una considerable obra zarzuelera, canciones de concierto como Lloro aún al recordarte (1914), Ojos brujos (1918), Yo te amé (1923); Lamento negroide (1943) y Estás en mí (1956). También las suites instrumentales Mosaico musical cubano (1937), Fantasía cubana (1942), Fantasía sobre dos temas del Cocuyé (1944) y Hoy son día de Reyes (1955).

Tomado de En Caribe, enciclopedia de historia y cultura del Caribe.

Foto: Gonzalo Roig fue uno de los pocos directores cubanos de orquesta que dirigía con un tabaco en una mano y la batuta en otra. Tomada de Collection Paolo Jucker.

jueves, 11 de mayo de 2017

El drama del agua en el Oriente de Cuba


Cuando usted viaja de Camagüey rumbo a Las Tunas, por la añeja Carretera Central de dos carriles construida en 1930 por Gerardo Machado, el primer dictador después de instaurada la República, la abrumadora sequía que afecta con crudeza a la región oriental se nota a golpe de vista.

No es que el panorama del resto de la campiña cubana impresione por su verdor, los campos cultivados, extensos cañaverales o embalses que se desbordan de agua. Todo lo contrario.

El marabú es el rey desde la llanura matancera hasta la sabana camagüeyana. Las antiguas plantaciones citrícolas están abandonadas, no pocos bateyes azucareros son pueblos fantasmas y es raro ver a campesinos arando la tierra.

El ganado, la mayoría en los huesos, pastan hambrientos lo poco que encuentran y beben agua turbia en barriles de latón ennegrecidos partidos a la mitad. “Es raro el día que no se muera una vaca o un ternero por falta de pienso y agua”, dice Jesús, ganadero de una cooperativa en Guáimaro, Camagüey.

Pero en esa provincia aún se observan embalses a medio llenado y de vez en cuando, cae un aguacero de mediana intensidad. En la región oriental es diferente. La yerba, reseca y pálida, parece quemada por un soplete, y a gritos pide agua. Decenas de riachuelos se encuentran secos y varias presas están en nivel cero.

Armando cultiva boniato en un lindero a medio kilómetro de la vieja Carretera Central y a tiro de piedra de Manatí, en Las Tunas. Todas las mañanas, después de tomar café y prender un tabaco torcido a mano, mira al cielo en busca de una señal que presagie lluvia.

“La piel se me pone de gallina cuando miro esos sembrados patisecos y los animales con los ojos tristes como esperando la muerte. Si en esta primavera no llueve, el gobierno cubano tiene que pedir con urgencia ayuda internacional. Sin agua no hay vida”, opina Armando.

Damián, ingeniero hidráulico, cree que “si se extiende la sequía no sé de qué manera el gobierno buscará opciones para paliarla. No creo que tenga capacidad financiera y logística para aminorar sus consecuencias”.

Según Damián, el instituto de recursos hidráulicos, junto con instituciones científicas, mediante técnicas artificiales están 'sembrando' lluvias y reactivando pozos de agua subterránea. “Incluso se ha estudiado potabilizar el agua de mar. Cada noche rezo a Dios para que de los meses de marzo a octubre caigan registros considerables de lluvia. Si no, tendremos que decretar un SOS a los organismos internacionales”.

Los especialistas coinciden que la actual sequía en la Isla es una de las más severas en los últimos cien años. “No hay un factor, son varios, desde el cambio climático, que contra de lo que cree la nueva administración de Trump, no es un invento para asustar a los niños, es real y el alza de dos grados de temperatura a escala mundial está poniendo en situación de riesgo al planeta. A eso súmale los fenómenos del Niño y la Niña en la región del Caribe”, explica un meteorólogo de Las Tunas.

La sequía afecta a un 70 por ciento del territorio nacional. Y la mayor parte de los embalses están a un tercio de su capacidad o en números rojos. El déficit de agua perjudica a la agricultura, la ganadería y la población.

La provincia de peor situación es Santiago de Cuba, a 957 kilómetros al este de La Habana. Existen repartos de la ciudad donde el ciclo de agua es cada 45 días. A un costado de la terminal de trenes, en una edificación de hormigón, tejas acanaladas y tubos de aluminio que recuerda la arquitectura del realismo soviético, Sergio, un mestizo pasado de peso que maneja un taxi particular, cuenta cómo se puede sobrevivir sin apenas agua.

“Nagüe, la cosa está en candela. Vivo en Chicharrones, un reparto marginal donde lo habitual es beber chispa de tren y la gente suele fajarse a machetazos. Algunos, como es mi caso, hemos convertido la casa en un acuario y me busco un poco de dinero”, acota Sergio y añade:

“En la azotea y en el portal construí dos cisternas gigantes. Además tengo tres tanques de 200 galones en el interior de la vivienda. Así y todo, a veces tengo que comprar agua a los aguateros, quienes te llenan los tanques por 40 pesos. Esos tipos parecen cazadores de oro: abren huecos en cualquier parte en busca de pozos o manantiales de agua subterráneas sin explotar. Si la sequía se extiende otro año hay que pedir auxilio, al Papa, a Trump o al diablo. De lo contrario, tendremos que empezar a beber agua del mar”.

Muy cerca de la calle Enramada, justo en el centro de Santiago, reside Laura, una peluquera que almacena agua hasta en las tazas de café. “Ya no se puede caminar por la casa. Tengo tinajas, cubos, bañeras y cacharros llenos de agua. Es un fastidio la escasez de agua. Ya olvidé la última vez que me di una ducha. La gente anda con la ropa empercudida, porque no podemos lavarla con frecuencia. Si la sequía se extiende, los santiagueros emigraremos en masa pa' La Habana”.

Los dueños de negocios gastronómicos y de hospedaje privados han transformado sus domicilios en auténticas piscinas provisionales. Muy cerca de la Avenida Garzón, una familia con botellas de cerveza en la mano, de un equipo de audio escucha el reguetón Hasta que se seque el malecón, de Jacob Forever.

Por si fuera poca la escasez en Cuba, donde suele faltar desde el dinero hasta la comida, ahora el agua se suma a la lista de los artículos suntuarios. Si este año no llegan las lluvias, el malecón de Santiago habrá que desecarlo.

Iván García


lunes, 8 de mayo de 2017

Cuba, de sequía en sequía



En Cuba, más que llover sobre lo mojado, se vive de sequía en sequía.

Durante 2016 se lograron disminuir las pérdidas de agua hasta más de cien mil metros cúbicos e incrementar el nivel de obras hidráulicas certificadas. En tal sentido se debe seguir trabajando frente a la compleja coyuntura de la actual sequía que vive el país, dijo el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, durante el balance anual del Instituto de Recursos Hidráulicos (INRH) reportado por Juventud Rebelde.

El informe, presentado por Abel Salas, vicepresidente de la referida institución, señaló varias problemáticas que afectan la labor del INRH, como la falta de exigencia y objetividad en la gestión de los planes de trabajo, la mala planificación de las actividades en consonancia con los objetivos y la falta de una adecuada supervisión durante el proceso de inversión y mantenimiento, de acuerdo al órgano de prensa oficial.

En el encuentro se puso énfasis en temas de alta sensibilidad social, como el mejoramiento del tiempo de servicio del agua, la ampliación del tratamiento a los sistemas de abasto, la mejora del ciclo de limpieza de fosas y la certificación de la contabilidad y estados financieros.

Según se conoció, en 2016 los sistemas de acueductos suministraron agua a más de 2.800 asentamientos poblacionales, lo cual se traduce en un aproximado de 8.035. 000 personas, y a la vez evidencia un aumento total del 2,6 % con respecto a igual período de 2015.

También crecieron la colocación de tuberías y la producción de 3.720 kilómetros de tuberías de polietileno de alta densidad, los cuales ahorraron al país alrededor de 2,6 millones de pesos en moneda libremente convertible.

Yanet Triana Cobas, delegada del INRH en Santiago de Cuba, una de las provincias más afectadas con la actual sequía, explicó que la llegada del agua a los hogares puede oscilar entre 16 y 25 días, y llega hasta 60 en las zonas más críticas. Apuntó que se trabaja en la ejecución de conductoras e interconexiones emergentes, en un intento por solucionar esa necesidad de la población, de acuerdo al diario.

El problema con todos estos datos y cifras, es que año tras año se leen en la prensa y la situación continúa sin grandes mejoras. En enero de 2011, el periódico Granma señalaba la existencia de un “notable descenso” de los volúmenes acumulados en fuentes de abastecimiento subterráneas y superficiales, debido a la sequía de los últimos dos años y al mal funcionamiento de un acueducto “deteriorado por el paso del tiempo”.

“Por la gravedad de la contingencia, se valora la posibilidad de cortar el servicio a los que sobrepasen el consumo planificado, con una insistencia a reducir el consumo en el sector estatal y “sensibilizar” a la población para “extremar las medidas de ahorro”, advertía Granma.

Seis años más tarde se vuelve al mismo señalamiento de la necesidad de aumentar la “eficiencia” y de nuevo se menciona la “falta de exigencia” y la “compleja coyuntura”.

Para paliar la situación en 2011, el Gobierno cubano destaca la intención de construir varias conductoras para mejorar la entrega de agua, instalar válvulas, perforar pozos, rehabilitar las redes en mal estado, suprimir fugas en campos de pozos y grandes conductoras. Al igual que ahora, frente a la sequía de 2011 la prensa oficial enfatizaba un esfuerzo por parte del Gobierno para mejorar las redes de abastecimiento.

Pero tanto hoy como ayer ese afán resulta dudoso, por decir lo menos. Dudoso no por un afán ideológico de ver solo lo malo en Cuba, sino por un inevitable enfrentamiento con la realidad del país.

Es algo que viene ocurriendo año tras año.

Un cable de la agencia Associated Press, del 15 de mayo de 2007, informaba que las redes de acueductos, en particular las de la capital, serían rehabilitadas tras años de servicio ineficiente que incluso provocaba la pérdida de hasta el 55 % del líquido bombeado, de acuerdo lo publicado en los medios de prensa del país.

El programa, inaugurado por el entonces vicepresidente Carlos Lage la víspera, permitirá desde 2007 a 2011 la reparación en La Habana de unos 2.032 kilómetros de estas cañerías. El despacho cablegráfico señalaba que, para llevar adelante el plan, se contaba con un financiamiento de 60 millones de moneda libremente convertible y la participación de cuatro empresas ejecutoras: la Constructora de Recursos Hidráulicos, los contingentes Blas Roca Calderío y Raúl Roa y Aguas de La Habana.

La información también añadía que los escapes de agua y las viejas cañerías son uno de los principales problemas que enfrenta la Isla, pues el líquido no llega a los hogares y se desperdicia, mientras los periodos de sequía afectan este recurso limitado. En igual sentido, agregaba que la rehabilitación se extendería hasta las provincias de Las Tunas, Camagüey y Holguín.

Ahora aparece en Juventud Rebelde que “la llegada del agua a los hogares puede oscilar entre 16 y 25 días, y llega hasta 60” en algunas zonas de Santiago de Cuba.

Pues bien, ¿dónde están las reparaciones, los millones invertidos y las empresas ejecutoras? Porque hasta ahora lo único cierto en ambas informaciones de prensa es que hay sequía, salideros y que no hay agua.

Si en 2007 alguien pudo tener esperanza de que para 2011 el problema podría estar aliviado al menos en parte, ahora, en 2017, se enfrenta a la realidad de que la situación persiste.

Hay una forma efectiva con la que se desenmascara a la prensa oficial cubana, respecto a las mentiras, medias verdades y manipulaciones que, sobre la situación nacional, se publican a diario, y es simplemente comparando las informaciones de hoy con las de un tiempo atrás.

En un reportaje del 21 de enero de 2011, al tiempo que se señala que en el plan de inversiones aprobado para ese año se habían destinados catorce millones de pesos para la ejecución de diversas obras dirigidas a mitigar el efecto de la sequía sobre el estado de las fuentes y la distribución de agua, no aparecía el menor intento de analizar los posibles resultados y lo que significa ese plan de inversiones. Tampoco de señalar que las cifras de inversiones resultaban insuficientes en extremo frente al problema existente. Tales deficiencias pueden señalarse respecto a lo publicado en Juventud Rebelde.

De forma sistemática, la prensa oficial sigue ocultando información o dándola a conocer a medias. Que aparezcan con cierta frecuencia reportajes e informaciones que señalan algunos de los problemas que sufre la población cubana resulta un avance, pero se trata de una simple gota en un océano de despilfarro, mala organización y desidia.

Cubaencuentro, 17 de marzo de 2017.
Foto: Haciendo cola para llenar vasijas de agua potable en Bayamo, capital de la provincia Granma, a unos 740 kilómetros al este de La Habana. Tomada de Cubaencuentro.