jueves, 14 de diciembre de 2017

Conversando en una barbería



Pocos lugares reúnen tantas opiniones como una barbería en La Habana. Trump, el 'colorao furioso' de la Casa Blanca, se ha convertido por obra de la propaganda política comunista en el gran enemigo, culpable de nuestras desventuras.

¿Hasta dónde deberíamos preocuparnos por el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos? La realidad es una cosa, el influjo mediático aquí y allá es otra.

Rostro furibundo, amenazante, lejos de la imagen cordial de Obama, su predecesor, en Cuba la visión popular reitera su imagen, algo que no hemos erradicado en tantos años porque nos cuesta esfuerzo mental salirnos de la clasificación de colores de la piel heredada de España: negro, mulato, jabao, blanconazo, colorao y ¿blanco?, este último color vaya usted a saber quién realmente lo tiene.

Cierto, Donald Trump habló en Miami, despotricó, se mostró junto a viejos supervivientes de los años sesenta, cuando la opción de enfrentar la revolución de Fidel Castro era, al igual que su accionar, la lucha armada. Otra cosa es evaluar razonadamente que ha hecho hasta hoy este controvertido e imprevisible presidente norteamericano. Vamos a los hechos concretos:

Pasados siete meses de lo que en Estados Unidos llaman Administración, excelente palabra que debiéramos asimilar en la cultura política cubana, nada relevante ha cambiado en nuestro país. Nada que debamos atribuirle al rostro del multimillonario estadounidense.

Aunque su fortuna es enorme, desproporcionada para cualquier persona amante de la equidad, no clasifica entre los 20 humanos más ricos del mundo. Curioso, la prensa estatal cubana se regodea con Trump mientras nada dice sobre China, donde gobierna en solitario otro partido comunista y, datos de las revistas Forbes y The Economist aseveran la existencia de entre 108 y hasta 271 milmillonarios (billionaires) en términos de personas, es decir, obviando equivocaciones y o exageraciones, no caben dudas de la concentración de la riqueza, propiedad privada, en el gigante asiático, proclamado en Cuba bandera de una alternativa política a los ultra explotadores estadounidenses.

Volvamos a la barbería habanera. La gente anda desquiciada, lejos de cualquier conversación que no se refiera a la realidad cotidiana. Un señor de unos 50 años, esperando su turno para pelarse, resumió así el asunto:

“Aquí seguimos con la misma ración de pollo mensual (una libra y tres cuartos por persona) desde hace años mientras el turismo sigue creciendo, ya pasa de 4 millones anuales. ¿Dónde se mete el dinero? Nada ha cambiado y de esto el presidente estadounidense no tiene la culpa”.

Un breve análisis indica que Trump, más allá del espectáculo muy poco ha hecho que signifique un cambio respecto a Cuba:

-La persecución financiera a empresas, bancos, vinculados con la economía estatal militarizada de Cuba es práctica de la OFAC/USA desde varias administraciones anteriores.

-La decisión de eliminar la política “pies secos pies mojados”, fue determinación de Obama durante el traspaso de poderes hacia Trump, evidentemente de mutuo acuerdo y consecuente con la visión antinmigrante de la elite gobernante en Estados Unidos que terminó enrumbando al 'colorao' hasta la Casa Blanca.

En La Habana, la gente reitera que se trata del fin de la Ley de Ajuste Cubano de 1966, pero no es cierto. Sencillamente se elimina el peligroso estímulo a la inmigración por vías extremas.

La paradoja es que la inmensa mayoría de tales refugiados ni siquiera se atreven a declarar públicamente su evidente malestar contra el gobierno, prefieren el riesgo de la balsa en el mar o el largo camino selvático por toda Centro América.

En La Habana, la carne de cerdo se mantiene a 45 pesos la libra deshuesada, la malanga, vianda recomendado para hacerle estómago a los recién nacidos, llegó al tope de 10 pesos la libra. Medio kilogramo de leche en polvo significa 2,75 dólares al cambio, igual a dos días de salario según estadísticas oficiales. Comprar pollo en el mercado de divisas, equivalente en precios y valor monetario a dólares estadounidenses, es una odisea. Las colas inmensas, la escasez incrementa la ansiedad y el acaparamiento es práctica brutal.

¿Qué responsabilidad tiene míster Trump de esta realidad?

Tal y como lo refrenda la propaganda política oficial, Washington no manda en La Habana. De acuerdo, somos orgullosos de nuestra independencia.

Se trata de la duodécima administración norteamericana desde 1959, una canción popular dice que "A mí lo mismo me da Juana que su hermana". Está bueno ya de armar broncas mediáticas con el vecino del norte, por favor, vamos a concentrarnos en nuestros propios asuntos.

Vicente Morín Aguado
Havana Times, 4 de septiembre de 2017.
Foto: Tomada de Havana Times.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Bolero, amor y olvido



Estaba agotado porque había terminado de cortar y coser un traje de dril cien para un cliente, pero el sastre José 'Pepe' Sánchez, un mulato de 25 años, tenía la ilusión de estrenar, en la tertulia que se reunía en su casa, una canción diferente. Una pieza cadenciosa, más lenta que la trova tradicional, con un ritmo pausado que era casi como declamar sobre la música de la guitarra. La había titulado Tristezas y, cuando la cantó esa tarde del verano de 1883, en Santiago de Cuba, dejó en el aire la armonía y la emoción del primer bolero.

Así, entre unas guitarras y un grupo de amantes de la música animados por la frescura del atardecer y el buen ron, comenzó la historia de un género musical que se difundió después gracias a los viajeros y a la radio a lo largo de todo el país y, a través de Yucatán, llegó a México y se esparció por toda Hispanoamérica y otras zonas del mundo. En España, de donde de alguna forma había salido, lo asentó Antonio Machín (1903-1977) en los años 40 con Bésame mucho, de la mexicana Consuelo Velázquez y Dos gardenias, de su compatriota Isolina Carrillo

Pepe Sánchez (1857-1918) nació y murió en Santiago de Cuba. Su residencia santiaguera fue, durante muchos años, el centro de la vida musical de la ciudad.

Los boleros suelen ser himnos privados para el amor de las parejas en Latinoamérica, entre otras cosas, porque los de verdad son poemas que se cantan y se pueden bailar. Se cantan, se dicen en voz baja y a la hora del baile los cuerpos se pegan, los pies apenas se mueven sobre una sola loza y lo que se produce es una especie de abrazo musicalizado.


No hay arista del amor y el desamor que no se haya cantado en un bolero. Así como una pieza puede hacer que aparezca el recuerdo de un romance perdido, el fracaso o la celebración, en los bares y cantinas de aquella región los bolerones que se ponen en las tragaperras o que entonan tríos con guitarras desvencijadas, güiros opacos y claves agudas, son la banda sonora de una tropa invencible de borrachos que rabia de celos, sufre por abandonos y llora con disimulo por la mujer que se fue.

Con el bolero, México le hizo justicia a un verso sustancial de su famosa canción El rey. Dice aquella pieza que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar. Eso fue lo que hicieron los autores mexicanos porque renovaron, le dieron fuerzas y enriquecieron aquél género que les llegó del Caribe por Yucatán. Con el talento de Agustín Lara, por ejemplo, consiguieron una reinvención ampliada de aquel modo de cantar.

En Cuba, a mediados del siglo XX, un grupo de compositores le dio otra dimensión al bolero con la ayuda del jazz. Cesar Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Frank Domínguez y Aida Diestro, entre otros, crearon una nueva manera asumir el invento de Pepe Sánchez y dieron a conocer el filin.


Algunas de las piezas de Portillo de la Luz como Contigo en la distancia y Tú mi delirio la han interpretado, entre otros, Joan Manuel Serrat, Nat King Cole, Tito Rodríguez, Olga Guillot, Pablo Milanés, Pedro Infante, Lucho Gatica, Luis Miguel, Plácido Domingo, Christina Aguilera, Caetano Veloso, María Bethania y la Orquesta Sinfónica de Londres.

Para ver el origen de ese viaje universal, comparto con los lectores de algunos versos de Tristezas, el primer bolero: Tristezas me dan tus penas mujer, / profundo dolor; no dudes de mí. / No hay prueba de amor que deje entrever/ Cuanto sufro y padezco por ti. / La suerte es adversa conmigo, / no deja ensanchar mi pasión.

Raúl Rivero
El Mundo, 3 de octubre de 2017.

Primer video: La cantante Yaima Téllez acompañada del guitarrista Alejandro Almenares, una leyenda de la trova cubana, interpretan Tristezas en un parque de Santiago de Cuba, ciudad natal de Pepe Sánchez, el creador del bolero. Ver también a Yaima Téllez en Veinte años.

Segundo video: Versión flamenca del bolero Tristezas, realizada por el bailaor Antonio Canales (Sevilla 1961), el 15 de noviembre de 2012 en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, Colombia.

jueves, 7 de diciembre de 2017

De la herencia soviética en Cuba



Eladio, 74 años, ex funcionario del ineficaz Ministerio de Agricultura, en la década de 1970 estaba absolutamente convencido que Moscú era una ciudad superior a Nueva York.

La primera vez que aterrizó en el aeropuerto de Sheremétievo a bordo de un Ilushin-62, apenas llegó al hotel, junto con un grupo de estudiantes de agronomía, abordaron la línea del metro que los llevaría al mausoleo del Kremlin, y tras una larga cola, contemplaron conmovidos el cuerpo embalsamado de Vladimir Ilich Lenin.

“Era el ritual de muchos cubanos que viajábamos a la antigua Unión Soviética. Al igual que un musulmán debe peregrinar una vez en su vida a la Meca, yo, un pinchón de comunista, consideraba que debía visitar el lugar donde descansaba el fundador del Estado soviético. Ahora mis nietos se ríen de mí, pero en los años 70 y 80 del siglo pasado, en Cuba no éramos pocos los convencidos de que el imperialismo yanqui tenía sus días contados. Nadie podía predecir que la URSS se derrumbaría como un castillo de naipes”, subraya Eladio.

Fue precisamente en sus viajes a la URSS, cuando el ingeniero agronómo descubrió la inviabilidad del socialismo marxista, el proverbial burocratismo y la creciente corrupción en la meca del comunismo mundial. “Era increíble la mala factura de un par de zapatos o un cepillo de dientes. El diseño de cualquier cosa era horroroso. Miles de personas en las repúblicas asiáticas vivían en una pobreza atroz".

Pero Eladio no creía que fueran ciertas los relatos que amigos soviéticos le contaban, sobre los crímenes de Stalin, los gulags y fusilamientos colectivos. "Entonces mi adoctrinamiento era tan profundo, que mi primera reacción fue denunciarlos al compañero de la Seguridad que nos atendía”.

Todavía en los libros de historia universal de nivel secundario o preuniversitario en Cuba, lo relativo a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se maneja con pinzas. La educación en la Isla es una celosa albacea de la narrativa soviética. Se recuerda a Lenin como un prócer impoluto. Y la epopeya de la Segunda Guerra Mundial debiera actualizarse. Los textos cubanos afirman que fueron 20 millones los muertos, otras fuentes aseguran que fueron 27 millones y probablemente la mitad murió por un disparo en la nuca de sus propios camaradas o en un tenebroso gulag.

Cuando a Nadia, estudiante de tercer año de preuniversitario y aficionada a la historia, le pregunto sobre aquella nación, conformada por quince repúblicas europeas y asiáticas, me suelta una párrafo memorizado de los manuales escolares.

“La Revolución de Octubre fue fundada en 1917 por Lenin, y a pesar de las agresiones de países occidentales, se consolidó como una gran potencia mundial. Fue el país con más muertos durante la Segunda Guerra Mundial, 20 millones (persiste en el error), y tuvo que luchar sola frente a la hordas fascistas. Estados Unidos y sus aliados se vieron obligados a abrir el Segundo Frente en Normandía ante el avance vertiginoso del Ejército Rojo”, responde con el orgullo habitual de los alumnos aplicados.

Deseaba indagar otros aspectos históricos menos divulgados en la prensa oficial y le hice las siguientes preguntas:

¿Conoces de las brutales purgas de Stalin, que costaron millones de vidas al pueblo soviético? ¿Sabías que la aplicación de la colectivización agrícola provocó hambruna y entre 7 y 10 millones de muertos en Ucrania, llamada Holodomor? ¿Has leído acerca del Pacto de no agresión Molotov-Ribbentrop donde en una cláusula secreta Hitler y Stalin se repartieron las repúblicas bálticas y una zona de Europa del Este?

¿Has escuchado sobre la matanza en el bosque de Katyn por tropas élites soviéticas a militares polacos? ¿Conocías que el escritor Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970, al igual que otros muchos intelectuales, estuvo preso en un gulag solo por pensar diferente?

¿No crees que la URSS fue una nación imperialista, pues ocupó parte de Europa del Este como trofeo de guerra e instauró gobiernos vasallos? ¿Has estudiado sobre la agresión soviética a Checoslovaquia en 1968 o Afganistán en 1979?

¿Alguna vez te contaron que por decisión de Fidel Castro y Nikita Jruschov, en Cuba estuvieron emplazados 42 cohetes atómicos de alcance medio que pudieron provocar una conflagración nuclear? ¿Sabías que al igual que Estados Unidos tiene una base militar en contra de la voluntad de los cubanos, Castro sin consultar al pueblo autorizó un centro de instrucción militar con tropas soviéticas, una flota de la marina en Cienfuegos y una base de espionaje electrónico en las afueras de La Habana?

A cada pregunta, la joven respondió: “No, no lo sé. No lo he leído. O eso no lo hemos dado en la escuela”.

Mientras en la enseñanza secundaria, preuniversitaria, e incluso universitaria, la historia de la URSS se manipula al antojo de las autoridades, contradictoriamente en la sesión de clases de Historia soviética que trasmite un canal educativo de la televisión estatal sus profesores son más objetivos.

Se repasan los crímenes de Stalin, la colectivización forzosa y la ejecución de militares y altos miembros del partido comunista. Un productor televisivo señala que “la censura no funciona pareja en Cuba. El Ministerio de Educación y ciertos organismos del Estado, vetan los errores políticos de la URSS. Pero existen otras corrientes de pensamiento que apelan por contar los hechos como sucedieron. No es que tampoco se diga todo, porque la orden de Lenin para asesinar a la familia de los Romanov, por ejemplo, no se cuenta. Tengo la sensación que la estrategia del gobierno, si existe alguna sobre ese tema, es de tirarle toda la mierda del desastre soviético a Stalin y proteger a Lenin”.

En el sector militar, sobre todo dentro de los generales, aun se mantiene la metodología soviética y sus estrategias de combate, además de una colección de añejas armas rusas.

“El MINFAR es la institución más soviética que existe en Cuba. Cuando ya los rusos no celebraban la Revolución de Octubre, todos los años en la Sala Universal de las FAR la festejaban. Es raro el día que un alto oficial, que estudió en alguna academia en la URSS, no recuerde con nostalgia la etapa que con solo hacer una señal con los dedos, los rusos nos enviaban barcos cargados de armamento. En el peor momento de las relaciones con Rusia, siempre se mantuvo las buenas relaciones con sus militares”, comenta un oficial.

Esa añoranza por la URSS no cuela entre los cubanos de a pie, a pesar que de aquella etapa sobrevivieron los autos Lada, camiones ZIL y lavadoras Aurika. Pero la percepción popular que se tiene es de un país atrasado.

“Los bolos hacían cosas duraderas, peros feas y toscas. Hasta el propio Fidel, en un momento que se peleó con los rusos, dijo que por necesidad tuvimos que cargar con toneladas de chatarra fabricada por los soviéticos. Yo no tengo muy buenos recuerdos de los tovarichs. Se mandaban una peste a grajo que pa’qué. Y la carne rusa enlatada sabía a rayo. Los rusos que conocí eran tremendos negociantes y borrachos”, recuerda Roberto, residente en el Focsa, edificio del Vedado donde hace cuarenta años residieron decenas de asesores soviéticos.

Como herencia, la autocracia verde olivo mantiene la fracasada ideología y disfuncional planificación económica soviética. Además de autos, camiones, lavadoras y otros cacharros domésticos, a modo de testimonio, han quedado relatos nostálgicos, miles de matrimonios entre rusos y cubanos y unos cuantos nombres de origen eslavo.

Los libros de literatura rusa y los textos marxista-leninistas fueron desapareciendo de las librerías y de los hogares. Magaly, ama de casa, tenía un estante con las obras completas de Marx, Engels y Lenin, de cuando sus hijos estudiaron en la Universidad. Pero en los 90, con la llegada del período especial, a falta de papel sanitario, decidió ir arrancando las hojas e irlas poniendo encima de la tapa del inodoro.

Otro fracaso fue la enseñanza de idioma ruso por radio. Tampoco entre los cubanos calaron las costumbres y comidas rusas. Excepto el vodka con jugo de naranja, poco más ha quedado de los 'entrañables camaradas soviéticos'.

Iván García
Foto: Lada en Cuba. Tomada de Malay Mail Online.

lunes, 4 de diciembre de 2017

"¿Tú crees que tengo tiempo para esa bobería?"


Como una 'bobería': así algunos cubanos ven las elecciones del Poder Popular.

Si lo dudan, pregúntele a Lidia, empleada bancaria y madre de dos hijos. Ella considera que “esas elecciones se celebran porque el gobierno quiere guardar la forma. La gente ya ni asiste. Al menos en la de mi circunscripción solo vi un papel pegado en el cristal de una librería. Pero no fui. ¿Tú crees que tengo tiempo para esa bobería? Mi lucha es atender a mis hijos y zapatear por toda La Habana, porque después del ciclón hay tremendo desabastecimiento en las shoppings, parece que la comida se la llevó el viento. Nadie está pa’ esa matraca de elegir a candidatos”.

A Enrique, 66 años, jubilado, le pregunto si piensa proponer a un vecino del barrio como candidato a las elecciones a celebrarse en los próximos días, y luego de hacer un gesto de desaprobación, suelta un rosario de quejas contra lo que considera una pésima gestión gubernamental. Escuchémoslo. “Desde hace más de diez años, el Estado no le aumenta las pensiones a los jubilados. Los viejos son los que peor la pasan con las supuestas reformas económicas. Trabajamos de custodio, recogiendo latas en la calle o vendiendo jabas de nailon para poder sobrevivir”.

Enrique, vendedor de libros de uso en la Calzada de Diez de Octubre, al sur de La Habana, asegura que los delegados del Poder Popular no resuelven nada. "Son figuras decorativas. Yo antes participaba en las reuniones, pero la gente planteaba problemas y jamás se solucionaban. Ya estoy muy viejo pa’que me cojan pa'ese trajín. Esas elecciones son solo cháchara. Pura demagogia”.

Cuarenta y un año después de iniciado en la Isla un proceso electoral participativo y con algunos guiños supuestamente democráticos, que comienzan con la nominación y elección de los delegados de circunscripciones y culminan con la conformación de un calco de parlamento, donde en cuatro décadas todas las decisiones se votan unánimemente, los cubanos que desayunan café sin leche apenas le prestan atención al 'poder del pueblo', como desde su funcionamiento a nivel nacional, en 1976, le dicen al Poder Popular.

Daniel, dueño de un negocio de reparación de sombrillas y mochilas, cuenta que el pasado 17 de septiembre en su circunscripción se efectuó “la asamblea para elegir a los candidatos a delegados, y de más de doscientos vecinos, solo asistieron veintidós. El tipo de la presidencia espero cinco minutos a ver si llegaba más gente. Luego de una muela corta (breves palabras), se pasó a elegir a los candidatos. Los dos que eligieron como primera opción se negaron, utilizando como pretexto que tenían mucho trabajo. Un señor mayor, medio tarado él, que siempre anda vestido de miliciano, aceptó. La asamblea duró veinte minutos, menos que la novela. Fue matando y salando”.

¿Por qué esa apatía generalizada de la población con el único mecanismo electoral donde la gente puede elegir a su representante?, le pregunté a Carlos, sociólogo.

“Porque nunca el Poder Popular ha funcionado. No se puede ver como eficaz un proyecto que ha demostrado su inutilidad en cuatro décadas. Ese experimento estilo soviet, donde un delegado gestionaba las preocupaciones de la comunidad y después los mejores, elegidos por el voto popular, conformaban un congreso, fue algo inédito en los países que apostaron por el socialismo marxista. Pero la democracia solo existe en teoría. La realidad es que los delegados de las circunscripciones no cumplen ninguna función, y luego de pasar por un filtro selectivo de una comisión estatal, los seleccionados al aburrido parlamento están completamente domesticados”, subraya el sociólogo habanero.

Según José Fernando, profesor universitario, "la vida política en Cuba es muy limitada, no deja opciones para que a los ciudadanos se les tome en cuenta. Los gobernados apenas tienen canales participativos y no existen mecanismos auténticos donde las personas puedan influir en la estrategia económica, social o política del país".

Con ese punto de vista concuerda, Ana María, ama de casa de 78 años que antes de 1959 militó en el Partido Socialista Popular. Ella es más incisiva: "Es que desde hace más de medio siglo, todas las decisiones y proyectos llegan a golpe de ucases dictados desde el Palacio de la Revolución. Por simple automatismo se celebran reuniones relámpagos en centros laborales donde los sindicatos no cumplen ninguna función, se retocan mínimamente unos pocos detalles y al final todos levantan las manos y se aprueba por unanimidad. Con la Asamblea Nacional del Poder Popular pasa lo mismo".

Los cubanos de a pie, como buenos actores de reparto, cumplen al pie de la letra el guión trazado por la gerontocracia del Consejo de Estado. Por frustración, indiferencia o miedo, o las tres cosas juntas, no aprovechan esos espacios para criticar abiertamente el estado de cosas y transformar la sociedad.

"El Poder Popular es una opción real, probablemente la única, que tenemos los cubanos. No hemos sabido sacarle partido a la opción de poder decidir. El cubano se ha vuelto indiferente a la política. Pero luego, en sala de la casa, en la esquina del barrio o en los taxis colectivos se la pasan criticando al gobierno y a los gobernantes", me dice un señor en la cola del carnicería donde varias personas esperan la llegada del camión con los huevos, la principal proteína consumida por las familias cubanas.

"La realidad es que cuando llega la hora cero, la gente opta por no asistir a las asambleas de elección de candidatos, y los pocos que asisten, hacen silencio o votan masivamente por cualquiera, para salir del paso. Se debiera aprovechar esa tribuna para exigir un gobierno responsable, democracia real y un futuro diferente al de los discursos trillados y las consignas seudo patrióticas", argumenta el sociólogo Carlos.

Pero no se aprovecha. La mayoría de los cubanos seguimos apostando por la simulación al mejor estilo norcoreano. Las voces del cambio en la Isla somos nosotros mismos. Debiéramos empezar a creérnoslo.

Iván García
Foto: Tomada de internet.